¿Adolescencia o adolescente?

Todos conocemos la palabra adolescencia y en muchos casos, al escucharla se nos ponen los pelos de punta, bien sea por el miedo a enfrentarnos a ella con nuestros hijos o por alguna experiencia negativa que recordamos de esta etapa. Ciertamente, la adolescencia es una etapa crucial y de transición en la vida de cualquier ser humano, muchas veces complicada porque está llena de emociones diversas y cambios hormonales que pueden afectar de una u otra forma la conducta, pero no todos los adolescentes pasan por esta etapa de la misma manera. Está la adolescencia y el adolescente.

La adolescencia dura 10 años y a lo largo de este período, nuestra mente cambia en la forma de pensar, recordar, razonar, centrar la atención, tomar decisiones y relacionarse con otros. Comprender todos estos cambios que nos llevan a la maduración es mucho más fácil y productivo que temerles.

Como madre de adolescente, me gusta mucho leer sobre el tema, hablarlo con especialistas e incluso compartir experiencias con mis amigas con hijos de la misma edad. Todo ello me resulta enriquecedor y alivia mis inquietudes.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que se trata de un período puntual y de cambios y éstos no solo suceden en el aspecto físico, sino también en la conducta y debemos estar preparados para llevarlos de la forma más sana posible. Cuando nuestros hijos llegan a la adolescencia tenemos que asumir y prepararnos para que comiencen a pensar y actuar por ellos mismos, están buscando su identidad y reforzándose como personas y, aunque parezca que se alejan de la familia, no es así:  es cuando más nos necesitan. Tienen que sentirse protegidos pero no debemos estar en un segundo plano. Es muy importante ser comprensivos y pacientes.

Después de la incertidumbre y la rebelión, el rasgo más característico de la adolescencia es el desarrollo físico, entre otros. Las amistades son de vital importancia para ellos ya que se considera que las amistades estrechas contribuyen a la madurez social y personal del individuo que luchan por comprenderse a sí mismos. Por ello, es importante asegurarnos que nuestros hijos crezcan en un entorno social adecuado y bueno para ellos.

El entorno familiar es de gran importancia a lo largo de este proceso. La comunicación y el diálogo muchas veces no resulta todo lo fluido que esperamos, pero aunque no lo parezca, sí nos escuchan. Es por ello que las conversaciones con nuestros hijos adolescentes deben ser cortas y claras para no aburrirles pero que sepan siempre los límites y las normas que ponemos los padres.

Los adolescentes son grandes negociadores, van a intentar por todos los medios y con todos los argumentos que le dejes ir a esa fiesta que quiere, que le dejes dormir en casa de tal amigo, que le dejes quedar hasta más tarde en alguna salida en pandilla, etc. En algunos casos, la pareja debe establecer cuáles son las normas ”negociables” y cuáles no lo son y dejárselo saber. Así mismo, es importante la consistencia familiar y respetar esas normas a rajatabla.

Por lo general, casi todo puede negociarse siempre y cuando no se ponga en peligro la integridad física del niño, pero sí que debemos establecer por lo menos tres o cuatro aspectos fundamentales que no se negocian bajo ningún concepto. Por ejemplo, podemos negociar con nuestro hijo la hora de llegada de una fiesta (yo le digo a las 12 y él me dice a la 1, podemos jugar con media hora o dejarle la hora completa) pero lo que sí es innegociable es el consumo de alcohol. Cada familia establecerá sus normas según su escala de valores y estilo de vida, pero de esta forma nos aseguramos de que tenga algunas libertades que son propias de su edad sin poner en riesgo su crecimiento dentro de un entorno sano que es nuestra responsabilidad.

Personalmente, creo que ante cualquier duda sobre las conductas de nuestros hijos lo adecuado es consultar con un especialista. Ante cualquier señal de alerta en la conducta de los niños hay que actuar para evitar problemas mayores y, sobre todo, hacerles saber siempre lo queridos y amados que son y no asumir este período como un problema sino como un gran aprendizaje para ellos y para el resto de la familia.

Os dejo algunas bibliografías interesantes sobre el tema por si queréis leer un poquito sobre este maravilloso mundo.

El pequeño dictador, de Javier Urra

Es que soy adolescente y nadie me comprende, de Pilar Guembe y Carlos Goñi

Tormenta cerebral, de Daniel J. Siegel

Besos,

Virginia.

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