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“VENEZUELA NO ES EL FUTURO QUE QUIERO PARA MI HIJA”

Me llamo Laura tengo 24 años, soy de Venezuela y tengo  36 semanas de embarazo. Mi niña se va a llamar Valentina por todo lo que hemos pasado juntas, es una valiente.

¿Cómo era tu vida antes de entrar en Fundación Madrina y qué te sucedió para solicitar ayuda cuando llegaste a España?

En Venezuela era muy buena estudiante, terminé mi bachillerato y luego terminé mis estudios de arquitectura técnica, quise continuar estudiando pero los profesores no asistían a todas las clases, habían revueltas, guarimbas (manifestaciones) y poca estabilidad en general… se hizo muy muy complicado continuar formándome tal y como yo quería. Luego busqué trabajo por mi cuenta pero era muy difícil ya que allí funciona todo por “palanca”(enchufe) y como yo no era demasiado chavista, me costó muchísimo encontrar un puesto para mi.

Al poco tiempo me enamoré de un hombre quince años mayor que yo, nos conocimos por una red social y así empezó todo… Nunca me maltrató pero si teníamos muchos problemas y continuas peleas. Al año y medio de relación me enteré de que estaba embarazada, entonces se estropearon las cosas.

En el inicio del embarazo cogí una depresión horrible, lo veía todo negativo, estaba llorando constantemente, llegue hasta el punto de querer quitarme la vida. Todo mi mundo cambió de una manera drástica. Mi forma de pensar ahora embarazada era distinta a la de antes, perdí muchísimo peso, tenía vómitos, debilidad… fue muy difícil.

En aquel momento yo no tenía información de la depresión inicial típica de algunos embarazos primerizos, pero con el tiempo y el apoyo de mi madre, asumí que tenía que quitarme esas tonterías de la mente y luchar por mi bebé.

¿Cómo te planteas España como destino?

Mi bisabuela paterna era española, tuve familia española , primos que se vinieron para acá y España se convirtió en una opción para escapar de las terribles condiciones de vida de mi país. Las malas noticias llegaban a diario, los niños morían por la mala sanidad en un hospital cercano a mi casa, los niñitos se desmayaban de hambre por las calles, robaban, tenía miedo…no quería un futuro así para mi hija. Todo esto sumado a los problemas con mi ex pareja, la depresión del embarazo, la diabetes que le acababan de diagnosticar a mi madre (con la dificultad que conllevaba conseguir medicamentos para ella) más mi débil estado de ánimo… fueron demasiado como para desear continuar viviendo así.

El 29 de marzo cumplía años, y un muy buen amigo mío, ingeniero en mi país, me regaló un pasaje para Madrid. Me emocionó muchísimo, me aferré con todo mi corazón a Dios, le pedía fortaleza y le daba gracias por esta oportunidad asimismo que me encomendé a su voluntad. Mi pareja no quería que yo me marchase del país, de hecho pensó que yo había intimidado con mi amigo para conseguir ese pasaje, cuando la verdad, es que solo tuve una amistad muy bonita con el, pero nada raro fuera de eso. Fue una bendición recibir una vía de escape para mi y para mi bebé.

Los días antes a venirme a España estaba nerviosísima, un día comencé a charlar con un chico que no conocía y que agregué por redes sociales, el vivía en Toledo y me dijo que podía ayudarme con una habitación allí. Charlamos mucho y nos hicimos amigos.

Una vez llegó el día de irme a España el miedo me inundó. No me podía desahogar llorando por si la policía del aeropuerto pensaba que iba a escapar del país. …. Y es que cuando ven a alguien llorar, pueden cancelar su viaje pensando que abandona el país para emigrar y no volver nunca más. Yo me decía a mi misma en el aeropuerto de Valencia (Venezuela), ¡yo voy a llegar a España!¡Lo voy a conseguir!. No se que va a pasar pero lo que venga tengo que afrontarlo y más si es por el bien de mi bebé.

También pasé auténtico terror por si pensaban que yo iba tragada ( llena de droga en el estómago), así que no paré de comer cosas que me preparó mi madre, para que se viera que era imposible que llevase nada dentro de mi cuerpo.

En el avión no podía parar de llorar… todo lo que me había contenido en el aeropuerto lo saqué en el viaje hacia España, fue muy duro. Finalmente aterricé en Madrid, me entrevistaron en inmigración y allí tuve que mentir para que no pensaran que iba con el fin de quedarme en España. Pasé miedo pero me tocó una señora muy amable y todo salió bien.

Mi amigo de Toledo, el que conocí chateando desde Venezuela, vino a buscarme al aeropuerto con su madre y me dio alojamiento. Yo agradecí mucho esa ayuda de mis paisanos, ayudaba en la casa con tareas del hogar y a cambio me dejaban alojarme allí. Pero llegó un momento en el que sentí que estaba estancada, necesitaba marcharme, así que le pedí ayuda a un párroco para que me diera alguna alternativa. Ese párroco conocía a Conrado Agrela, presidente de Fundación Madrina, y me recomendó ir a uno de sus pisos de acogida, donde otras mamás como yo estaban alojadas.

Viajé a Madrid con 20 euros en el bolso, estuve en casa de una señora en Vallecas, luego me alojé en el Samur Social, donde me dieron cama y comida durante dos semanas. Allí había gente de un montón de países, me trataron muy bien. Estando allí llamé a Fundación Madrina, lo que me había recomendado el párroco de Toledo, y me dijeron que no había plazas en ese momento. Me puse fatal, muy nerviosa y triste. Pero poco después llamé de nuevo y gracias a Dios surgió una plaza y me alojaron.

Estaba en situación de calle ,me vi muy apoyada por Samur Social y después en Fundación Madrina. Lo único malo de Samur Social es que querían devolverme a Toledo pero Conrado, presidente de Fundación Madrina, me dio alojamiento, cogí mis maletas y me presenté en la fundación.

Estoy muy agradecida por toda la ayuda que me han dado pero todavía tengo mucho camino por delante aunque gracias a Fundación Madrina ya no estoy tan asustada, he hecho nuevas compañeras que están en una situación muy similar a la mía y hoy por hoy me siento muy apoyada y querida. Dios dirá lo que me espera en el futuro, pero tengo la Fe y la confianza de que todo saldrá bien.

¿Qué planes de futuro tienes?

Seguir estudiando idiomas, psicología…conseguir estabilidad emocional, un trabajo y las mejores condiciones para poder viajar con mi hija y darle lo mejor.

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