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“ESTO NO ES UNA ENFERMEDAD, ES UNA VIDA”

Me llamo Patricia, tengo 24 años, un niño pequeño de dos que se llama Pablo, y me gustaría contaros mi historia…

Estuve saliendo con un chico de mi pandilla que se llamaba Alejandro, el para mi era mi novio formal, aunque yo para él no era nada, solo una chica más, por eso terminamos esa ficticia relación.  Ahora Alejandro es mi ex.

Al  tiempo de estar juntos me quedé embarazada; no podía creerlo, nunca había ido a la ginecóloga y en mi primera revisión, debido a un retraso en la regla, me lo comunicaron, estaba de dos meses y medio. ¡Fue un shock! ¡Estaba muerta de miedo!

Le dije a la doctora que eso era mentira, que era imposible, ella me enseñó la ecografía, donde vi un punto blanco y me hizo escuchar el latido de su corazón, aun así no me salían las cuentas y seguí negándolo y negándolo; Pero después de hacer cálculos con la enfermera y recordar una relación sexual que tuve con mi ex en diciembre,  ya me encajó todo y asumí que tenía un bebé en mi vientre.

Mi madre, una mujer de profundas creencias religiosas, ahora estaba totalmente decepcionada. Me decía que como yo, que siempre había sido una chica con ideales cristianas, de iglesia, responsable, que ¡cómo podía haberme pasado algo así!, que no podía entenderlo…a lo que yo le contesté que suponía que era la inocencia, el desconocimiento, la juventud…pero en realidad ni yo misma me podía creer lo que me estaba pasando y menos explicárselo a mi madre.

Mi mejor amiga me dijo: tranquila, no estás sola,  yo te voy a apoyar en todo lo que pueda, y que te quede claro que esto no es una enfermedad, es una vida.

Mi hermano, al pedirle perdón por todo esto me dijo la misma frase que mi amiga,  esto no es una enfermedad, es una vida. En ese momento me sentí arropada y comprendida por él.

Mi madre me había dejado de hablar y mi padre, que es militar, estaba de misiones en África durante seis meses. No podía desahogarme con nadie solo con mi mejor amiga. Ella me apoyó todo el embarazo y sufrió conmigo, no se separaba de mí y me ayudó en todo lo que necesitaba.

A mi padre, finalmente, se lo dijo mi madre por teléfono. Yo no fui capaz de decirle que estaba embarazada, pensé… ¡mi padre me mata! con lo estricto que ha sido conmigo siempre y sabiendo que yo era su niña… no tuve el valor de decírselo.

Hice mis exámenes intentando no pensar que estaba embarazada y aprobé todo pero, a pesar de no querer verlo, se acercaba una época muy difícil en mi vida.

Le conté a una profesora todo esto y me dijo que mis padres deberían quererme como soy y apoyarme. Que no estaba bien el rechazo que me estaban mostrando.

Poco después le mandé un burofax a mi ex, siguiendo las instrucciones de mi madre. En él le notificaba formalmente que estaba embarazada.

Mi madre quiso ver su reacción y saber si se iba a responsabilizar de su nieto o no. Al recibir el burofax me llamó su hermana muy enfadada pidiéndome explicaciones y negándolo todo protegiendo a su hermano.

Decidimos reunirnos en mi parroquia mi madre, su hermana, mi ex  Alejandro y yo.

La hermana me dijo que era imposible que me hubiese dejado embarazada, que su hermano le había contado que la relación fue incompleta y que de esa forma era imposible que hubiera pasado nada. Mi madre dijo que Alejandro no estaba preparado para ser padre, él no quería hacerse cargo y menos afrontar la situación.

La hermana de Alejandro me pidió una prueba de paternidad antes de que naciese mi hijo, a lo que yo me negué en rotundo, y es que con esa petición me estaba obligando a hacerme una amniocentesis, lo que no haría de ninguna manera. No iba a poner en riesgo a mi bebé. Me negué a ninguna prueba de ese tipo.

Ellos llamaban y llamaban, presionaban constantemente diciéndome que me iban a  llevar a juicio. Era insoportable. Pero en el verano de 2015 decidí bloquearlos a todos y seguí con mi embarazo sin hacer caso de ninguno de ellos.

Al poco tiempo me enteré de que Alejandro, mi ex, se había liado con una conocida mía a la que dejo también embarazada, y al poco tiempo le hizo abortar. Ella me lo contó todo y con el tiempo nos hicimos muy amigas. Compartimos el mismo error de hombre.

A mis 6 meses de embarazo llego mi padre de misiones y me dijo que me apoyaría con cualquier decisión que tomase. Él en el fondo lo que quería era que lo diese en adopción, y cuando ya me lo dijeron directamente, se me partió el corazón.

(Llorando) Me emociono mucho con esta parte de mi testimonio porque ellos me adoptaron y no podía entender como mis propios padres me sugerían que rechazase a mi propio hijo porque según ellos no iba a ser capaz de salir adelante con él. ¡Que mi hijo pasase por lo que pasé yo hasta mis tres años en un orfanato! ¡Jamás!

Yo sé lo que se ocurre en esos lugares. No sé si es lo mismo en España que en Rusia, pero allí con tres años sufrí abusos sexuales, violencia, maltrato y aún recuerdo esa época como algo traumático y horrible.

Mis padres me intentaban convencer de que los orfanatos aquí eran diferentes, pero me daba igual, nunca lo iba a dar en adopción. ¡Era mi bebé!

Mi mejor amiga me decía: -“me parece tan triste como están actuando tus padres contigo…”- “La solución no es que des a tu hijo en adopción”. Yo le decía que no tenía alternativa y que dependía de ellos completamente.

Rompí aguas a las cinco de la mañana, y mi madre me dijo que fuésemos a misa, a lo que yo le decía que no podía moverme, que tenía contracciones y que ¡no iba a ir de parto a misa! ¡Lo último que quería en ese momento era moverme!

Me ingresaron a las nueve de la noche sufriendo muchísimos dolores, era horroroso, la epidural no me hacía efecto, ¡era un dolor intensísimo!, ¡no paraba!..

Sin embargo, cuando llegue al paritorio ya tenía al bebe encajado, lo único que hacía era empujar y empujar pero ya no me dolía nada, no sentía dolores ni sufrimiento, solo empujaba.

Cuando me lo pusieron encima  dije ¡wowww! ¡Este es mi hijo!, fue una sensación increíble, lo único que quería era que no llorase. Estaba emocionaba, tranquila pero todo el tiempo preocupada porque no llorase. Era lo único que quería, consolar a mi bebé.

Mi hermano se emocionó, estaba encantado. Mi madre que  no pudo tener hijos biológicamente,  también estaba muy contenta de vivir esos momentos conmigo, por unos momentos  olvidamos todo lo que habíamos peleado.

Al principio me dio un poco de depresión post parto porque el niño no se me enganchaba al pecho, así  que no me bajo la leche hasta la semana de haber dado a luz. Fue muy frustrante.

Con mi madre me sentía inútil, ella me decía constantemente que no hacía nada bien, que no le sabía dar el pecho bien al bebé, eso a diario, hasta que llegué a un punto en el que un día le contesté  diciéndole que ella no había sido madre, que no podía saber ni juzgarme.

El niño seguía sin engancharse al pecho, me pasaba las horas encerrada en mi cuarto intentándolo. Mi padre ni siquiera se atrevía a acercarse al niño.

Yo vivía con el miedo latente de que mi madre se encariñase con mi hijo más de la cuenta y quisiese quitármelo. Un día hasta me dijo:-“lo mejor es que nos des la tutela del niño porque no estas nada centrada, sales demasiado de casa, no te responsabilizas….lo mejor es que nos la cedas porque no estas preparada para criarle”-.

Junto a todos estos problemas, estuve escondiendo a mi hijo un año entero por miedo a que me lo reclamase su padre o la familia de su padre.

Al año de tener a mi hijo empecé a salir con los chicos, mi padre me llamaba de todo, me decía entre otras cosas que me prostituía gratuitamente… todo eso solo porque tenía relaciones sexuales y es que lo del sexo en mi casa es como pecado mortal, vas al infierno manteniendo relaciones fuera del matrimonio sí o sí.

A los meses me mandaron a un psicólogo porque según ellos me veían muy mal.

Gracias al psicólogo hice un curso de primera alianza y allí me ofrecieron la opción de ir a una casa maternal, que es un chalet con madres donde te dan todo el apoyo necesario para poder vivir la maternidad en el caso de no tener recursos o apoyo familiar.

El psicólogo me ayudo a comunicar a mis padres que me quería ir de casa, cosa que mi madre se tomó fatal. Cuando llegamos a casa después de la cita con el psicólogo  me dijo que le había deshonrado, que le había ridiculizado, que era una ingrata… yo le dije que necesitaba irme para poder mejorar las cosas, ella tenía que aceptar que yo ya había decidido marcharme de casa con mi hijo.

En ese momento la relación con mi hermano se empezó a estropear, decía que me veía muy egoísta, que no entendía como me quería marchar, que cómo podía hacerle eso a nuestros padres… fue entonces cuando empezó a faltar la confianza y el vínculo entre nosotros dos, “hermanos, unidos e inseparables que tenían en común la infancia y el abandono de nuestros padres biológicos”…se rompió todo por completo. Algo que también me rompe el alma y que espero solucionar algún día.

Al poco tiempo me eché un novio de 43 años. Era muy bueno conmigo, pasaba el día con mi hijo y conmigo, teníamos una relación muy bonita.  Un día mi padre me dijo que sabían perfectamente que estaba saliendo con un nuevo chico, que habían visto una foto en Facebook, ¡esto ya era de locos! ¡Me espiaban por todas partes! Eran controladores  y autoritarios. Trataba lo mínimo posible con ellos. Era una relación de asco.

Luis, mi pareja, y yo hablamos muchas veces la idea de  formar una familia juntos, a lo que él me decía siempre que sí. Siempre me animaba a llevarme bien con mis padres, y a ser conciliadora con ellos.

Hasta que llegó el verano pasado y mi padre me dijo que me despidiese de Luis porque nos íbamos tres semanas en verano a mi pueblo. A mi padre no le hacía gracia mi nueva pareja, por su edad y porque mantenía relaciones sexuales con él.

Luis empezaba a estar cansado de la presión que ejercían mis padres sobre mí y el mal concepto que tenían sobre él. Todo estaba a punto de estropearse, yo creía que me iba a dejar. Él se esforzaba en ganarse a mis padres continuamente, pero mis padres no tenían ningún interés en él.

Al final mis padres empezaron a decirme que la situación ya estaba llegando al límite y me sugirieron que me fuese de casa. Hablé con Luis para ver si me podía quedar con él, pero me dijo que cambiase mi actitud  y que arreglase las cosas con mis padres.

Intenté cambiar de actitud pero mi madre me ponía a limpiar la casa a las seis de la mañana, me decía que todo lo limpiaba mal…hasta que llegó un día que me mis padres me cogieron y me dijeron te invitamos a que te vayas de casa.

Se lo dije a Luis y me dijo que él no podía encargarse de nosotros, que no podía mantenernos a los dos, y que no podía hacer nada por mí. A los pocos días quedé con él y le dejé. No quería perderle pero tampoco quería estar con alguien que no quería ocuparse de nosotros dos.

Me decía que llevaba mucho tiempo solo, que no quería convivir con nadie… típicas escusas para no responsabilizarse de nada. Me dolió en el alma que no me ayudase en nada. Yo ya no confío en ningún chico.

Al final mi hermano me trajo a Fundación Madrina en junio, donde me ayudaron con todas las necesidades del niño y mías.  Me dieron un hogar, alimentos, formación, me buscaron guardería y me prepararon para buscar trabajo. Es así como empieza mi nueva vida…

Un comentario

  1. Hola

    La verdad es que no has tenido suerte en temas de pareja, pero aún así deberías de pensar que pronto puede aparecer esa persona que te mereces

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