hola.com

 

Marcin, mi sonrisa

Me llamo Carolayn, tengo 30 años y hace seis meses estaba totalmente desesperada. Sin embargo, ahora que tengo a mi hijo, he recuperado la alegría y la esperanza.

En 2007 vine a España desde Honduras para buscar trabajo. Allí dejé a mi hija Keren, que ahora tiene 10 años. Cuando llegué, empecé a trabajar como interna y externa, limpiando casas y cuidando a niños y ancianos.

En esas fechas conocí al papá de mi hijo; era polaco, tenía trabajo y nos fuimos a vivir juntos. Todo parecía perfecto hasta que los dos nos quedamos en paro. Con lo poco que teníamos ahorrado, no tuvimos para pagar el piso y nos echaron de la casa. Pasamos meses durmiendo en la calle, en el metro y en cajeros. Para mí aquello era todo un caos, además, era invierno y hacía mucho frío. Ya no podía más y le insistía a mi novio para que nos fuésemos a un albergue.

Por suerte, en un albergue nos dejaron dormir una noche y nos dieron una tarjeta de día, que nos permitía ir allí diariamente a comer y asearnos. Seguíamos durmiendo en la calle, pero al menos teníamos higiene y algo que llevarnos a la boca.

No podíamos movernos para buscar trabajo, no teníamos dinero y la única opción de transporte era colarnos en el metro. Habíamos conocido a gente de la calle y dormíamos con ellos en chabolas. En este ambiente era frecuente la bebida, y mi pareja también empezó a beber. En esos momentos de desesperación, supe que estaba embarazada.

Cuando ya estaba de cinco meses y vi que la cosa no cambiaba -seguíamos en la calle y mi pareja con el problema del alcohol- empecé a sentirme totalmente desesperada.

Decidí entonces acudir a una Trabajadora Social, ya que no encontraba salida a mi situación. ¿Cómo podía dar a luz a un bebé en esas condiciones y que sufriese tanto como yo? En los servicios sociales me ofrecieron recursos y uno de ellos era Fundación Madrina.

Conocí la Fundación, pero no estaba convencida, pues dudaba de que me pudieran  ayudar personas que no me conocían.

Decidí no acudir más, pero los Servicios Sociales y Fundación Madrina me buscaron por cielo y tierra. Me encontraron comiendo en el albergue, hablaron conmigo y, finalmente,  me dejé ayudar.

Fui a la Fundación con una sola maleta y ellos me proporcionaron una habitación en su piso de acogida. Se convirtieron en mi familia y allí decidí alejarme de mi novio. Él no hacía nada por salir adelante y yo había decidido luchar con todas mis fuerzas.

Las cosas empezaban a cambiar y cuando nació mi hijo, Marcin, volví a sonreír. Ahora ya tiene seis meses, va a la guardería y creo que es un niño muy feliz.

Dejé el piso de Fundación Madrina para que pudieran acoger a otras chicas que se encontrasen en una situación similar y me derivaron a una residencia de otra asociación, donde vivo actualmente. Entre las chicas nos ayudamos para cuidar a los niños y yo busco trabajo, de interna o externa. Mi esperanza es encontrar algo de interna donde me dejasen tener a mi niño: yo podría hacer compañía y cuidar a personas mayores mientras Marcin y yo tenemos un lugar acogedor donde quedarnos. Igualmente considero que la formación es muy importante, por eso estoy realizando un curso de manipulación de alimentos que me permitirá ofrecerme como camarera. Espero encontrar pronto un trabajo que me permita estabilizarme y traer a mi hija a España.

2 comentarios

  1. Me parece muy bien todo lo que decis pero deberias hacer una reflexión sobre como tratais a la gente internamente.

    • Fundación Madrina

      Os agradecemos vuestra participación y todo tipo de sugerencias. Nos gustaría poner a vuestra diposición nuestro correo electrónico fundacion@madrina.org para cualquier cuestión que queráis comentarnos.Muchas gracias

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *