HISTORIA DE UN NIÑO GENIAL LLAMADO ENRIQUE IGLESIAS QUE EN SU CASA NADIE SABÍA QUE CANTABA.

Un título realmente largo, para una historia tan corta, que estos días se actualiza y mucho porque el niño aquel, ha vuelto a casa, donde además, ha sido recibido, allí donde cantó, como el artista que es. Me van a contar a mí y perdonen la indolencia, pero es que lo que estos días se hace público, sobre las ‘verdaderas relaciones de Enrique y su padre Julio Iglesias’, y aquí, un servidor fue coprotagonista, si, coprotagonista, de aquella primera historia, que hoy he vuelto a actualizar pero que se puede comprobar, como no, en las páginas de ¡HOLA!

Os lo resumo rápidamente:

Verán. Un día de hace muchos años, ya saben que en esto soy un desastre para concretar fechas, incluso, hasta nombres, me llamo por teléfono, Fernán Martínez, un fenómeno intelectual, que de no haberse dedicado a esto del mundo de la música, como representante, y hubiera seguido escribiendo sería, sin duda, y esa es la verdad, el verdadero sucesor de Gabriel García Márquez, periodista formidable. Fernán ha dicho desde Miami, donde vive,  respondiendo a una pregunta sobre Julio Iglesias, del que lo sabe todo, pero todo, o quizá casi todo, y respondió al otro lado del charco, donde se lee mucho este blog, según me consta por muchas razones, aunque ya que poco para cerrarlo.

– Si quiere saber de Julio, pregúntele a Tico Medina, que sabe más que nadie de Iglesias.

Gracias amigo Fernán, si de verdad tu escribieras tus memorias ¿recuerdas aquel viaje que hicimos juntos a Tokio  con la leyenda?

Vale, bueno, pues Fernán desde San Francisco, me aseguro.

  • Si quieres una muy buena historia, vente hasta California, que aquí está grabando su primer disco, Enrique Iglesias. Habla con tu jefe de ¡HOLA!, y si te decides, me dices cuando llegas, que te estamos esperando.

En efecto mi jefe Eduardo, al que recuerdo  tanto, me dijo que si, que adelante. Que ya estaba volando. Me fui con Jesús, fotógrafo de ¡HOLA!, formidable, el que mejor retrató en su vida a Julio Iglesias, que no solo conocía el perfil que le gustaba, sino que manejaba las luces como un sabio, sabiendo, que al final de ver todos los contactos, pero todos, entonces con una lente de aumento elegía las que creía que debían darse, eso sí, siempre acertaba.

Bueno, pus que hago el largo viaje, que no hay más que mirar un mapa del mundo, y al llegar a San Francisco, ya estaba esperando allí, Fernán y con Fernán aquel niño largo, desgarbado entonces que tenía la misma mirada que su madre y ese aire misterioso de su padre, que no en vano era hijo, es hijo, de dos leyendas, Isabel Preysler y Julio Iglesias.

 Estuvimos en el largo puente de oro, en las cuestas legendarias de los tranvías míticos, en la ola donde volaban bandadas de gaviotas, enormes como alcatraces, en las plazas entonces como ahora llenas de hippies, que ahora vuelven en su modesto apartamento del hotel en el que  vivía, y desde luego y sobre todo en aquel formidable estudio creo que de Okland donde grababa su primer disco. Una enorme sorpresa, primero para servidor de ustedes también  para Jesús Carrero, y la alegría de saber, que aquel muchacho de su época, que no había cumplido, creo, los veinte años, cantaba de “aquella forma”. Un artista sin duda, me dije aunque yo sepa, poco de esto aunque se conozcan a los mejores de esta época y los tuviera tan de cerca.

Una tarde de aquellas del fin de semana inolvidable, sonó el teléfono.

-Tico soy Julio, ¿Cuándo vienes a verme, que desde que escribimos el libro no sé nada de ti? Dime cuando nos vemos. Sé dónde estás, porque yo me entero de todo, aunque tú no  quieras decírmelo, dime cuando puedo estar contigo cuanto antes.

– Si lo sabes todo, te quiero decir, que me voy mañana a Madrid, en un vuelo directo. Tengo que estar allí antes del fin de semana.

– Vale, yo me encargo de cambiarte el vuelo no te preocupes. Sé que hay un vuelo que hace escala en Miami, y que puedes tomar esta misma mañana. Desde aquí, te preparo unas buenas lentejas y una tortilla de patata que aquí las hacen para mí en mi casa de Indian Creek, mejor que nadie, ya lo sabes, que tengo interés para hablar contigo. Te estoy esperando, es un vuelo de cinco horas costa a costa, y por la tarde yo me encargo de todo, puedes volver a Madrid en vuelo directo.

No le puse ningún obstáculo. No tenía más remedio que hacerlo. A pie de avión, aquel muchacho de la sonrisa triste, no como la de ahora, tiene muchas, muchísimas cosas del padre, aunque tiene más de la madre, las cosas como son, y se lo dice quien lo conoce bien “las dos mitades”, me dio un abrazo y me regalo , la primera cinta, de magnetófono chico, de su próximo disco, todas las canciones, dentro un  tesoro, y un chaleco blanco, que aún conservo, de bolsillos y cremalleras creo que de Tapioca, que a veces me coloco encima de esta percha de huesos, al fin y al cabo carne vieja de un gancho colgada, y me subí al avión, con Jesús siempre, que nos llevaría a Miami. Creo que ese vuelo ya lo había hecho, aunque al revés, con aquella que  fue la esposa de Frank Sinatra, y que se llamaba Mia Farrov, también para ¡HOLA!, claro que ya les habré contado.

Bueno, pues, sorpresa, porque al pie del avión, aunque en su sitio, ya fuera de la sala de arriba, estaba esperándome en su Rolls Royce, Julio Iglesias al volante. Aquel coche único, en el que un día cuando me contaba su vida, lloro, si lloro Julio Iglesias, que solo  había visto llorar  una vez, cuando murió su perro Hey, aquel perro de lunares, al que Julio quiso tanto, parce que lo estoy viendo ahora mismo, bajándose de su lancha en Indian Creek, cuando aquel dálmata se moría.

  • Esta muy malito, Medina, la verdad es que no sé lo que puedo hacer cuando se me vaya…lo quiero como a mi padre.

Lo dicho, que llegamos a su casa después de un  largo silencio, en aquel coche que olía a reina de Inglaterra y cuando a la mesa estábamos en aquel pequeño comedor que daba a la piscina que usaba a veces su niña cuando venía de viaje, y donde yo viví un  par de meses, escribiendo Entre el cielo y el infierno, y cuando la cocinera dominicana, trajo – estaba también el padre de Julio, el doctor Iglesias, a que yo llame en su día “pastor de cigüeñas” por qué fue un gran medico madrileño que trajo cientos de niños al mundo, – aquel humeante plato de lentejas, excepcional, Julio dijo estas palabras.

-Y ahora mira que vino tengo de mi bodega, este chateu lafite

No recuerdo, el segundo nombre, entonces yo sabía de vino, me gustaba, podía tomarlo, no puedo olvidar que a Julio le regalé, en su día, una caja de Vega Sicilia, que estuve pagando luego un año en incómodos plazos. Julio no podrá negarlo, una de sus aficiones era coleccionar vinos de todo el mundo llegando a tener una bodega con más de doce mil botellas.

 Pregúntale a nuestro amigo el del País, que te diga, lo que valen las dos botellas, quizá más de un  millón de pesetas, espero que sepas apreciarlo, solo lo hago en las muy grandes ocasiones como esta. Medina, siempre me decía Medina, dime, porque lo es todo, como canta mi hijo Enrique, ¿canta como yo? Dime la verdad, Medina. Insisto y eso que nunca Julio pierde los nervios, nunca.

  • Canta muy bien.
  • Pero, ¿canta mejor o peor que yo?
  • Canta distinto, Julio….
  • Pero ¿merece la pena?
  • Desde luego. No lo dudes, merece la pena.

¡HOLA! dio, merecidamente, diez o doce páginas, no hay más que consultar la hemeroteca, que es donde está mi vida casi entera. Incluso creo la portada. Y yo, ahora lo reconozco, como ya lo he contado más de una vez, me sentí orgulloso de aquella historia, eso sí, reconozco mi ‘traición’ como he contado también si bien muy pocas veces y no le puse a Julio, la modesta cinta que llevaba en su cajita dentro de mi bolsa de combate, con la nuevas canciones de su hijo que, después, se convirtió en leyenda. ¿Quizá se lo debí contar a Julio? Quien sabe, pero hoy que  todo el mundo cuenta después de leer las declaraciones, de Enrique hablando de las relaciones, con su padre, servidor, al que ya queda poco tiempo, ha querido, contarles de aquel fin de semana inolvidable, donde yo hice el primer gran reportaje, junto a Jesús Carrero, de aquel niño, feucho, alguien le llamo el patito feo de la casa, que luego se convirtió en leyenda. Las dos sangres juntas,  hicieron como  es natural, ese genio de la música de hoy, que hoy alegra  y mueve a toda la juventud de este planeta llamado Tierra.

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