CARTA A GLORIA CAMILA QUE SIGUE SIENDO ‘MI NIÑA’

Mi querida, queridísima niña Gloria Camila, te escribo hoy esta carta para desearte unas felices Pascuas. Pero, unas pascuas de verdad, que son distintas de aquella gente que desea “hacerte la Pascua”. Pero, ya sabes, es el precio que hay que pagar por estar hoy donde estás, aguantando, disfrutando y sufriendo a la vez de esa gloria efímera llamada fama.

Como bien sabes, estoy siempre cerca de ti, a través de la vida, de la historia y de tu padre que es casi como mi hermano, el gran torero Ortega Cano y de tu madre, a la que tanto quise, esa dama de leyenda que fue y sigue siendo Rocío Jurado.

¿Te acuerdas de aquel día que fuimos juntos en Yerbabuena, la iglesia de arriba donde tocamos la campana entre olivos? Bien, ese día tu madre canto aquella Salve Marinera que aún me pone los pelos de punta. Estábamos nosotros solos y vi tus ojos aun de niña, aquel brillo fascinante que siempre he visto en tu mirada. Desde aquellas primeras crónicas en ¡HOLA! donde contaba al periodista aquel cesto de limones que llenaste para mí, de aquel limonero que había en la parte trasera de vuestra casa y que se veía desde la alcoba de tus padres. Un árbol precioso que os regaló Paloma San Basilio, única, que ahora toma el sol desnuda como una diosa en su casa oceánica de la casa de Cádiz. Una mujer que de vez en cuando saca su hermosa voz, siempre solidaria, valiente y única.

Desde entonces no he dejado de escribir sobre ti, que has crecido en medio del vendaval de tantas cosas buenas y malas. Que has crecido linda y fiera, dispuesta a no tragarte nada de nada, a gritar cuando hay que gritar y a callar cuando lo hay que hacer. Yo, que he crecido viéndote a ti crecer y cantar, bailar ballet clásico y montar a caballo además de verte romper un olivo.

Eres como un rayo de luz pequeña niña, bellísima criatura, eres más que un nombre en la doble esquina de dos leyendas, tan difícil y con tanto aguante. Eres el perfil de cómo le gustaba cantar a tu madre y torear a tu padre. Es como si tuvieras una cámara de televisión encima, todo lo que te echen, por muy difícil que sea, lo vas a sacar. Eres tan querida y a veces, sin quererlo, tan odiada, ¿elegiste el filo de la navaja barbera?

Desde bien pequeña te he seguido en tus triunfos y en tus fracasos. Fíjate que me acuerdo que el último día que hablé contigo fue cuando tu padre recién salió de la cárcel de Zaragoza.

Te sigo siguiendo y cómo puedo, te sigo ayudando, callando lo que no me gusta, que lo hay, claro que lo hay o aplaudiendo todo lo bueno que haces. Porque tienes muy buena ‘madre’ como dice la copla gitana.

Tus amores, tus desamores, los peligros que te acechan que, por ejemplo ahora, te has vuelto rubia y te diré que estás mucho más guapa que antes. Te veo hecha y derecha muchacha y quiero ofrecerte la poca vida que me queda. Voy por los 86 y, si puedo servirte de algo como el viejo abuelo que ha vuelto de sus mil naufragios, me comprometo a vivir echándote en una vieja botella vacía, algo para ahogar las penas como cuando un día me dijo la nieta de Hemingway en Sevilla, una tarde “Siempre bebo para ahogar mis penas, sin saber que las penas no saben nadar”

Mucha suerte y dale un abrazo a tu hermano que se, que desde la distancia, también le cuidas. Llámame si puedo ayudarte en algo ya que para mí, sería un gran regalo de Navidad. Siempre estaré en deuda con tu historia ya que tantas buenas historias, sonrisas y también lágrimas me disteis.

Te quiero, Gloria Camila y aprovecho esta ya larga carta para pedirte que vayas con cuidado, que cosas te pide el viejo eh y que sepas, que has sido elegido por el dedo del mito, para ser digna sucesora de la cintura de tu padre frente al toro y la vida y de aquella enorme, única y artista que fue tu madre Rocío Jurado.

Para ti, de tu ‘como abuelo, Tico Medina’

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