Verdú que te quiero Verdú

Con acento en la u, por supuesto, tratando de remedar de alguna forma clara que si conseguir lo que ya es popular y que escribió Federico García Lorca:

“Verde que te quiero verde

Verde viento verdes ramas

El barco sobre la mar, y el caballo en la montaña”

Perdonen, pero una brizna de cultura poética siempre viene bien en el oscuro y vertiginoso mundo que vivimos.

Y así, aprovecho este ya viejo blog que hacemos desde hace ya no sé cuantos años para declararme como si fuera un muchacho español que está enamorado, sí enamorado, de esta mujer original, fuerte, rabiosamente hermosa, con permiso de su marido Pedro Larrañaga, hijo de dos grandes leyendas del cine, Carlos Larrañaga y María Luisa Merlo, que a los dos entrevisté muchas veces. Es más, a su madre le hice unas mini memorias en su mesa de camilla hace muchos años.¡Cómo pasa el tiempo mis lectores y lectoras de medio mundo, a través de nuestra ¡HOLA!

Cuantas veces, todos, todas, raza de actores por parte de padre y de madre también, aunque Maribel Verdú no haya tenido hijos. Pero de ella, está media España enamorada, por su rostro, por su gesto, por sus ojos, que son marrones, y así lo dicen todos los retratos que de ella se hacen, ya que como ustedes saben es una de las grandes de nuestro cine con tres Goyas ya a su haber y los que le quedan, para que tengan en cuenta que ha sido la más nominada el “cabezón” como le llaman al premio, que es nuestro Oscar del cine español.

Aparte de que Maribel, que en realidad se llama Maria Isabel Verdú Rollán, ya tiene casi todos los premios y siempre merecidos. En el cine es más que un rostro, quizás el más español, sin duda, también es valiente, atrevida, inteligente, siempre en la raya de lo más difícil. Acaba de cumplir los cuarenta y nueve hace unos días en octubre y cuando le han preguntado por lo que se gana con los años, ha respondido:

-Que no le importa nada.

Ha hecho más de sesenta películas y, de haber ido a Hollywood, donde tantas veces estuvo a la puerta del Oscar, ha trabajado con los mejores directores y, entre ellos, Copola, que no es nada pero que para ella es mucho, ya que se siguen escribiendo todavía porque trabajaron juntos.

Es curioso que, a pesar de que ha hecho cine fantástico, y mucho y bien, sería una muy buena Maléfica en el cine español si lo hiciera, no se siente fantasiosa y es verdad, porque hace películas siempre con los pies en el suelo que no hay más que mirar su  historia.

A mí me gusta mucho y sé que se me nota en lo que escribo, aunque aún no he tenido la suerte de conocerla personalmente. Miren que es difícil lo que les descubro, sobre todo, teniendo en cuenta que ya me llamó la atención en sus primeras apariciones haciendo publicidad, primero a los trece años, creo, y, a veces, en esas películas que uno se encuentra en lo que significa la pasión por la nostalgia. Cosa que a ella no le gusta nada, ni falta que le hace, disciplinada y rebelde, las dos virtudes a la vez, que es cosa más bien difícil pero que dice mucho en su favor.

Cuando le preguntaban hace unos días, que se llevó otro premio en Sitges, que si va escribir sus memorias, ella responde:

-Ni pensarlo. Lo mío no le interesa a nadie y, si acaso, a los míos. A pesar de que anoto todos los días en mi diario más o menos lo que me pasa, pero eso es solo para mí.

Ya mismo, porque el almanaque es así, llegarán en el otoño que viene los cincuenta que es una fecha redonda. Para comentarlo, una vez dijo, sobre  todo, en las redes.

Por si fuera poco, Maribel Verdú dicen que es muy amiga de la Reina Letizia y es cosa que se demuestra, que hay fotos por ahí ya publicadas y que vienen a demostrar que la esposa del Rey Don Felipe también sabe estar donde debe estar y que siempre está cerca de la modernidad, de esa libertad, total, artística, de la palabra y del gusto que hace de Maribel una de nuestras estrellas y actrices más envidiadas y deseadas.

Una vez dijo valientemente:

-No tengo hijos, no cocino y no tengo la tele en casa.

Lo dicho, una especie de nuestra Yane Fonda, a la que acabamos de ver estos días detenida y con las manos atrás esposadas a sus años porque está a favor de la lucha contra el cambio climático.

Nació en un sanatorio de la calle Cartagena de Madrid, y tiene merecidamente el premio Nacional de Cine.  O sea, que es natural, que cuanto más años  pasan por ella –ha reconocido muchas veces que para estar donde está “ha tenido que tragarse muchos sapos”-, está más hermosa, más bella. No está todos los días en los medios, aunque lleva por necesidad en el bolso, esa máquina del tiempo, que es el telefonillo de mano.

Le gustan los animales, claro, el campo, un buen libro y una serie con fuerza, incluso aunque en ella no trabaje. Sabia, fuerte, morenaza de boca grande, actual, comprometida, capaz de decir verdades en un tiempo y en un oficio de mentiras.

Espero que sepa comprender, puesto que es más que lista e inteligente, que este retrato que le hago en este otoño de  truenos y relámpagos, en el cine y en la vida, es una forma de hacerle saber, que hay un viejo enamorado que de esta forma le demuestra, delante de todo el mundo y, además por escrito, que así las palabras no se las lleva el viento.

Su respeto, su admiración y porque no su cariño, que desde que la vio en el cine cayó rendido soñando que algún día, las cosas como son, podré darle, no dos besos, “mua mua” que son mentira, es lo que manda el protocolo, sino uno solo en la mejilla, siquiera para compensar tantas veces como tuvo ella que hacerlo con la pasión con que nadie lo ha hecho en  nuestro cine cuando no dejaban hacerlo.

Lo dicho preciosa. Que mejoras con el tiempo como los vinos en bodega de roble, a ser posible tintos, como el color de la sangre, que tú interpretas, magistralmente, siempre, por mala que sea la película.

Lo dicho.  Tuyo tico medina

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