Marisol, más vale tarde que nunca

Buenos días a todos aquellos lectores que quieran leerme desde cualquier parte del mundo en este martes de otoño donde casi siempre escribo, algunos días más otros menos para el blog.

Veréis, hoy, este viejo podría contaros mil historias, por ejemplo de Beyoncé que ahora está anunciando una nueva moda más o menos titulada “cuidado que vienen curvas” o hablar sobre el discutido próximo viaje de los Reyes de España a Cuba, aprovechando que conozco muy bien La Habana. E incluso, podría hablar sobre Jane Fonda, a la que entrevisté, en su día y para ¡HOLA!, en el hotel Ritz de Madrid y que ahora puedo volver a ver como voluntaria sobre el cambio climático. Y, a pesar de sus setenta años, tendríamos rato para charlar y tratar una infinidad de temas. Temas desde la cercanía y el interés de los nuevos lectores.

Pero el blog de hoy va dedicado a una persona muy especial de España, Marisol, es la elegida de esta semana. Es, sin duda, aquella niña con una rosa de papel en el pelo y la cual presenté hace ya tantos años en la tele. Era única en aquellos años y yo tuve la suerte de poder entrevistarla con aquel vestido de gitana con el que se presentó.

  • Me llamo Pepa Flores y quiero cantar como Lola Flores

Esas fueron sus palabras, y lo hizo y como lo hizo. Rompió aquel oscuro cristal oscuro de lo desconocido para convertirse, de la noche a la mañana, en el descubrimiento artístico del año. Por aquel entonces, el productor Goyanes, llamó al programa para mostrar un grado enorme de interés por la nueva promesa. “Oye Tico, la niña que acaba de cantar en vuestro programa, aunque sea en blanco y negro, ya tiene resplandor, es única”, esas fueron sus palabras.

Pasaron los años y aquella criatura se convirtió, de la noche a la mañana, en algo más que una artista conocida, se hizo muy popular en el mundo del cine, teatro y música. Sus apariciones eran brillantes, pero todo por una razón fundamental, tenía el duende de las grandes. Era excepcional, extraordinaria.

Pasaron los años y pude seguir entrevistándola en la radio, en la televisión, en los periódicos y, por supuesto, en el ¡HOLA! Fijaos si hablaba con ella que, antes de casarse con Carlos Goyanes, pude hablar con ella.

Marisol es aquella niña con unos ojos impactantes, que, además, demostró ya desde jovencita que tenía y tiene un corazón rebelde. Aún recuerdo con exactitud la serie de Mariana Pineda que hizo y la hizo de manera tan grande. No había mejor actriz para interpretar ese papel.

Es esa niña que batió todos los récords de taquilla y popularidad. Cuando su matrimonio con Goyanes fracasó, pude ir a verla cuando encontró, de nuevo, el amor con Antonio Gades, ese enorme bailarín español que enamoró a nuestra protagonista y que hoy, está enterrado en La Habana, cerca de los resto del Che y por deseo suyo.

Alicante también acogió alguna que otra entrevista donde se podía ver el barquito tan precioso que tenían, en el que se hacían a la mar y que ellos, cariñosamente, denominaban ‘La alpargata’.

Con el paso de los años y, por deseo propio, Marisol, decidió desaparecer de la vida pública, y se refugió en su apartamento de Málaga con vistas al mar. Ciudad natal de la protagonista de nuestro blog.

Hoy, me ha llamado por teléfono César Lucas, un extraordinario fotógrafo con el que empecé mis andaduras, y el conmigo el cual, la llevó a la portada de la revista Interviu, para salir como su madre la había parido, desnuda frente al mundo en un tiempo que no era fácil hacerlo.

Y, en cambio, ella lo hizo con una elegancia y una naturalidad que no todo el mundo tiene, pero esa era su forma de ser y estar. Por ello, hoy en día, puede vivir en su Málaga natal, ayudando a su hija en el difícil mundo del cine o empujando el carrito de alguno de sus nietos y recibiendo en las calles de la ciudad andaluza, el cariño y el amor de toda su gente.

Hace algún tiempo, realicé una conferencia sobre ella en un lugar público de Málaga y ella, ni siquiera asistió ni creo que quisiera. La verdad, es que no me hizo falta porque llené hasta la bandera simplemente por el hecho de relatar todo el retrato humano que tiene, resaltando la negación de aceptar las reglas de la fama y admirando que siempre quisiera romper con los esquemas.

La gloria de lo popular no hace cine, no hace televisión, no hace más que cuidar de su gente, que no es poco, de compartir la felicidad de lo más sencillo, la vida, que ella se ha ganado a pulso.

No hay quien pueda conseguir, y le han puesto a mano muchos cheques en blanco y, me consta que es verdad, para que ofrezca una sola entrevista. No hay quien lo haya conseguido, y eso la hace ya más que única, enorme.

No hay canto de sirena que la engañe. Marisol a veces sonríe, fugitiva de su propia gloria y es por eso que ahora que se actualiza la noticia. Se hace eso que se llama viral en los medios, en las redes sociales, a veces también suciales, de que le ha sido concedido merecidamente.

Por eso, lo de ya era hora del título, el goya de honor del dos mil veinte, y que se le hará entrega personalmente, en Málaga donde “los cabezones” solo se les llama cariñosamente a los Oscar españoles, si es que acude a recogerlo. Quizá debería hacerlo, ya que es su tierra, su hermosa tierra, y a todos nos gustaría verla, personalmente  en esa escena, sería memorable, inolvidable y única.

Las malas o las buenas lenguas, que todo lo saben con anticipación, ya están diciendo que Marisol no acudirá a recibirlo, al menos de propia mano, aunque podría enviar a su hija, que no es poca cosa de dicha para ella.

Yo con la autoridad que me da y de la que presumo de haber sido el que si no la puso en órbita, la descubrió en el firmamento astronómico de las grandes estrellas, me permito no aconsejarle, dios me valga, sino recomendarle que debería hacerlo. Al fin y al cabo será una noticia mundial y también la oportunidad de ver los hermosos ojos verdes que tuve una vez tan cerca.

Pepa Flores, niña mía, ya sabes que siempre dije de ti y lo escribí para que no se llevara el viento mi palabra. Para mí es más grande la segunda parte de tu vida, la del silencio deseado, que la primera, cuando  apareciste con aquella luz  cegadora, cantando, por Lola flores. Imposible de olvidarlo, algo que me enorgullece cuando esta misma mañana me llaman de una radio del sur para preguntarme por ella, por ti, como el descubridor de esta leyenda. Tú formas parte de mi vida, aunque a ti te importe  poco.

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