Blanca, que convirtió la nieve en bronce

A las horas que esto escribo como casi siempre, diez más o menos de la mañana, del día 3 de septiembre del dos mil diecinueve, Blanca aún no ha aparecido. Se van conociendo datos que nos traen de cuando en cuando algo de esperanza, pero lo cierto es que a esta hora- según las últimas noticias- Blanca Fernández Ochoa sigue siendo una incógnita en el momento que estamos. Puede pasar de todo, y más conociendo a Blanca, pero la esperanza es lo último que se pierde. Toda España, gran parte del mundo de la nieve, del alpinismo, del senderismo de toda Europa y me atrevo a decir que de todo el planeta deportivo, contiene el aliento. Blanca, que en su día fue ni más ni menos que atleta olímpica y de las buenas, y que llego a conseguir un pódium en el mundo de los cinco anillos con una medalla de bronce en un Slalom, en el que parece que la estoy viendo volar a ras del suelo, elegante, valiente, decidida, nuestra, a la española en aquella bajada vertiginosa, sobre el universo de sus dos esquíes, ha desaparecido de la noche a la mañana. Misteriosa a veces, formidable en sus decisiones, también en su propia vida, dejó su coche en  las cercanías de su casa, un Mercedes familiar con un dato importante, para mí al menos, O, de Oviedo en la matricula y es que a Blanca, le gusta mucho, muchísimo Asturias. De hecho no hace mucho dijo  que le gustaría encontrar una casa rural en ese paisaje de la montaña asturiana, que yo conozco un poco dado que no hay que olvidar y de lo que presumo, que soy vaqueiro de honor, además, de cronista oficial en su día del pueblo de Belen en los altos picos donde solo habita el oso, y desde luego la xana que ese hada misteriosa y bellísima, que muy pocos merecen ver, pero que existe sin duda. Tienen los ojos claros y quizá una trenza rubia, pero eso son otras historias.

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Lo cierto, y lo doloroso, es que Blanca, que hacía más blanca la nieve, se crió en la montaña. Es una Heydi verdadera. Deportiva, atleta pura y dura, cerca de su hermano Paco, aquel Paquito legendario que hizo posible ser oro en lo más alto, y también en la olimpiada. Antes que ella, los padres tuvieron cinco hijos varones, y cuando llego Blanca, suspiraron felices. Ya era hora dijeron, que yo la vengo haciendo noticia desde que su hermano  alcanzo las más altas cimas de la popularidad  en la nieve haciendo además el milagro de que los españoles se convirtieran en seguidores y devotos del blanco elemento. Como decía aquel cursi que presumía de saber de los deportes más que nadie en el mundo.

Vivía, vive, en la montaña en uno los pueblos más míticamente unidos al esquí, al caminar por las barranqueras, que es Cercedilla, y ese fue el sitio en el que vivió e incluso sobrevivió a un par de divorcios o tres, no tengo datos a mano, pero si sé que de uno de ellos tuvo dos hijos, niño y niña, que siguen también los pasos legendarios de la casa, tanto es así, que se sabe que hoy mismo, la hija de Blanca- que acabo de ver por primera vez en mi vida lo que demuestra su deseo de pasar inadvertida- ha acudido hoy a una cita que tenia con la selección de rugby femenino. Junto a sus dos hijos Blanca rehizo su vida después de cada catástrofe sentimental, si es que fue catástrofe, que nunca se sabe y siempre, siempre mirando arriba, esquiando como la mejor, siendo maestra en lo suyo. Y la prueba es que en los oficios que tuvo, y que tiene, siempre estuvo la montaña. Es más se sabe que antes de perderse, por ahora, en el valle y la montaña, la última o la primera nieve de los altos barandales de la luna, que diría Federico. Guió la ceremonia de siempre, queso en el supermercado, las chanclas, las botas de nieve, las zapatillas de altura, todo lo necesario, nunca echaba se ha dicho tienda ligera de campaña, le gustaba darle el rostro al sol, pensar en la altura, y donde aun la buscan esta mañana incluso con drones, cerca de mil personas, especialistas y voluntarios, lo cierto es que ella conocía el mapa de las cumbres, como nadie. Y donde ahora se ha perdido y cada día crece más la angustia, lo cierto es que Blanca, cincuenta y seis años, salud a toda prueba, es donde ella, más se encontraba.

Los Fernández Ochoa: una familia de medallistas en vilo tras la desaparición de Blanca

La cámara del cine, de la tele, no es que la quisiera, cosa que no pasa con todo el mundo, es que además la adoraba, fue un ídolo de  los programas, siempre sonriente, positiva, bella, a veces con su cara de niño, el pelo muy corto, abierta la sonrisa,  ganando siempre en las distancias cortas, como ya lo había conseguido en las largas, Blaca ¿dónde  estás niña mía? Su perro, su gente, su historia, su imagen siempre, juvenil, siempre hacia arriba, Blanca, a la que he entrevistado tantas veces y a la que me gustaría volver a charlas con ella, en cuanto aparezca. Ella ya es una leyenda, claro que sí, ya lo era, antes de que se fuera monte arriba,  con  su brújula especial, su conocimiento, su sentimiento, su pasión por las alturas, allí donde solo crecen las águilas  y las estrellas.

En fin, que quiera Dios, que en pocas horas, ya, sepamos de ella, siempre desde la esperanza, que igual esta, meditando a solas, como ha hecho tantas otras veces. Igual ha vuelto a  encontrarse, mientras tantos la buscan, la buscamos, al pie de los siete picos, querida Blanca Fernández Ochoa, reina de la nieve, y a esta hora también reina de la esperanza.

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