El día que le di la mano al divino Balenciaga

El maestro de la alta costura que se nos fue en el setenta y dos frente al Mediterráneo en la ciudad blanca de Jávea ha vuelto, aunque nunca se fue, a estar más vivo que nunca en la impresionante colección de algunos de sus trajes, que parecen arrancados de los grandes pintores de todas las épocas. Una exposición, única, difícil, magistral, que da escalofrió que pone el pelo de punta, porque parecen arrancados, de los grandes pintores, de todos los tiempos, Velázquez, Goya, Greco, por dar solo algunos nombres de los que estos días, están extasiando a España. La España que aún recuerda aquellas ropas únicas, de un genio español vasco, de Guetaria, donde además está hoy el museo que lleva su nombre. Lugar no de paso, sino de visita como la exposición que lo recuerda, Cristóbal Balenciaga, que yo por fin, conocí en Barcelona gracias a un amigo grande, el magnifico fotógrafo Juan Gyenes, que me retrató en aquel despacho de ¡HOLA!, que tena un paisaje de Ronda, la tierra del fundador de nuestra revista al que quise mucho, y al que recuerdo tanto. Se llamaba, se sigue llamando Cristóbal Balenciaga Eizaguirre, más vasco no es posible, más español que ninguno, inventor de tantas cosas. Para los que, por su juventud, no saben quien era, quien es, yo les diría, preguntad por quién ha sido el más grade, en tierra como la nuestra de diseñadores y modistos, los mejores del mundo, sin duda, y le responderá, por encima, de Dior, de Coco, que los dos le admiraban: “El maestro de Guetaria”

Cuando allá por los sesenta pude permitirme la alegría de conocer de cerca, de hablar con él, si era posible hacerlo, al más grande de los grandes en el  mundo de la costura, en el Riz de Brcelona, donde yo entrevisté en su día, a CuGAT, a Dalí, y a tantos otros, me respondió aquella mujer flaca, elegante de enorme personalidad: “Don Cristóbal no concede entrevistas, pero a ver si puedo –ya estaba yo en ¡HOLA! y ¡HOLA!, era más que un saludo habitual- presentarlo, a ver si tiene tiempo, porque estamos preparando el pase y el está con los maniquíes en este momento dándole los últimos toques.

Un milagro. Me dio la mano el maestro, exquisito y humilde al mismo tiempo. Todavía con una brizna de aquella belleza que de muchacho tuvo. Llevaba, es curioso, es inolvidable, un batín blanco como de dentista de investigador y una corbata de lazo. Formaba parte de su modesto uniforme, cirujano de analista de la moda. Implacable e impecable. Me había leído casi todo de él, lo que se había publicado, aún no había libros, y no me atrevo a decir que la memoria me flaquea, a veces, cada día más, si estaba haciendo el traje , ¿se dice traje o vestido o se puede decir, de las dos maneras? De Mari Carmen Martínez Bordiú, la nieta del Jefe de Estado, Franco, y que se iba a casar con un nieto de Rey, el príncipe don Alfonso de Borbón. Fue aquella una mano, aprieto el recuerdo, suave, pero cierta, en un segundo plano aquel hombre, de apellido difícil Wadrow,que tanto le ayudó en la sombra, y con el que vivió tantos años.

Balenciaga, que había sido capaz de confesar cuál era su filosofía de lo que debía ser el trabajo de un modisto. “Debe tener el modisto, la elegancia del músico, el equilibrio del arquitecto, el manejo de color de un pintor… la filosofía de un  filósofo… Todo se ve en la exposición que lo recuerda. Ese blanco en los vestidos de novia, que tanto se acerca al blanco de los Zurbarán…

Voy a repasar mis notas de urgencia, que las tomé entonces que a ver si las encuentro:

“Solo soy el hijo de un pescador modesto y de una costurera, mi madre, de quien aprendí todo lo que sé…”

Definición, formidable. su madre trabajaba en casa de una marquesa donde cosía ropa en casa. Entre bastidores y tijeras, creció aquel niño, guapo, que se movió en ese mundo, aprendiendo, sintiendo todo lo que veía. La leyenda, dice que la propia marquesa, al ver las cosas que ya hacía aquel pequeño bonito, le encargó su primer traje de noche.

-“Ese que lleva usted puesto ahora señora marquesa, no me gusta nada”

-“Pues dime entonces, niño, a ver cómo tú me vestirías”,

Y le hizo el vestido para una noche mágica. Causó sensación el traje de la señora.

-“¿y eso, señora marquesa?

-“me lo ha hecho el hijo de mi costurera…”

Y se hizo famoso primero en el País Vasco, saltando después a Barcelona, París, y hasta el día de hoy que cincuenta años, sesenta más bien, escribo su retrato en la actualidad plena. El mismo Dior. Un día vi paseando una chica por la playa. Que llevaba una camiseta mojada que decía graciosamente. “Creo en Dior”

Bueno pues ese Dior, grande entre los grandes, decía de Balenciaga:

“Nosotros hacemos lo nuestro para salir del paso, pero él, hace con lo que hace, a las mujeres más”. Inventó la minifalda, antes que Mari Cuant, muchos años después, y yo la entrevisté para la tele, cuando vino a Madrid, para mostrar su invento, que cambió al mundo de sitio, era fascinante y sencillo, a veces decía. “El prestigio queda, la fama es efímera”.

Llevaba Balenciaga mas razón que un santo. Las caídas de sus ropas, sus colores, sus secretos, sus bordados, su madre también bordaba, por cierto, que me ha recordado mucho al de Pilar Rubio, estos días con motivo de su boda, vestido blanco flores de cala negras, la reina al día siguiente en lo de la Jarretera, en Londres, en ese encuentro entre Reinas. Llegaban también un sombrero  en la tarde coronado de pequeñas flores negras…

Y a lo que voy, el maestro Balenciaga…

Hizo el traje de la boda de doña Fabiola, que se nos caso con el rey Balduino, como todo el mundo sabe y las crónicas de la época, asegura que la “hizo aún no solo más reina sino también más hermosa”.

Había nacido el genio, en Guetaria en el 1895 y murió en el invierno del setenta y dos. Es un maestro en lo suyo. Revolucionario y al mismo tiempo tradicional. Yo no quiero por una vez tan solo, que “descanse en paz”. Ni mucho menos, divino. Qué pena que cuando le dí la mano, no se había inventado la pequeña cámara de fotos mágica que ahora lleva con el teléfono todo el mundo. Quiero que siga dando guerra, porque en la moda, fue, es como lo que fue en su vida. Un español del Renacimiento. Nuestro Leonardo de Vinci, de la alta costura.

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