Isabel Allende vuelve a Madrid

A mi por condición, no me gusta recordar cosas tristes pero en esta ocasión es que, palabra de honor, palabra de amor, no tengo más remedio.

Ha vuelto la cara de la moneda de la actualidad, la enorme escritora chilena, pero nacida en Lima, hija de padre diplomático, Isabel Allende, pero ha vuelto no porque en el fondo no quiera volver, creo, o no necesite volver para recordar España, sino porque Madrid le hace llorar a solas, aunque sea en un hotel de cinco estrellas, seis con ella, y un ejército de periodistas, esperándola. A veces estos días, como siempre que viene por aquí, ha tenido que habar con un periodista, es noticia en todos los medios, pero en esta ocasión con lágrimas en los ojos, con llanto contenido, porque perder una hija, como Paula, bellísima, inteligente, casi una muchacha, por una rara enfermedad en la flor de la vida y que fuera precisamente cuando se la llevó al hospital de urgencias, y que fuera aquí donde tanto se la quiere, y la prueba es lo mucho que se la lee aquí, es algo que una madre no puede olvidar nunca. Mas todavía si aquel año, hace poco, ya saben ustedes que no me gustan las fechas, tuvo que vivir en el desasosiego, el dolor infinito de tener a su hija interna en coma profundo, durante cerca de media año, día a día, hora a hora con tan solo cinco minutos permitidos para estar a su lado dadas las normas de la clínica donde fue internada.

Eso no se puede olvidar de forma alguna, y más con el puñado de sentimientos de una mujer como ella, una dama elegante, linda , de ojos hermosos, yo diría que muy chilenos, que conozco mucho ese país, aunque haya sido más de una vez en situaciones difíciles de todo tipo, en juego incluso la propia vida.

Pero no estoy aquí para hablar de mi, aunque lo haga con más frecuencia de la que debiera pero es que yo quiero contar de primera mano, que yo estaba allí y que vi de cerca los ojos de mis protagonistas ya instalados en la alegría o en la tristeza.

Isabel Allende, chilena, peruana, norteamericana, mundial en las dos caras de la moneda, tiene sin embargo un matiz de triunfadora. Ha escrito no sé cuántos libros, por  ejemplo, por dar solo uno que es suficiente La casa de los espíritus, o este libro que ahora nos trae y que tiene de entrada como los suyos, un nombre precioso, preciso.

LARGO PÉTALO DE MAR

Que no es una letra de bolero, aunque haya mucho bolero triste dentro. una historia además, profundamente española porque es la historia de un barco en nuestra guerra ‘incivil’, yo siempre escribo ‘incivil’, que salió de Barcelona cargado de españoles que deseaban escapar, huir de la contienda hasta llegar a su tierra, donde el planeta se afila y donde se encuentran los dos océanos. ¡cómo recuerdo siempre, aquel hotel de Valparaíso, inolvidabe, sobre el mar, el faro de san juan, donde da la vuelta el aire y aquella cruz sobre la  bahía de las ballenas con aquel rotulo, roto, ajado por huracanes, el tiempo, las galernas….

HASTA AQUÍ LLEGÓ ESPAÑA

“Chile inolvidable”, decía (y era verdad) ella cuando se le pregunta, como yo mismo aquella primera vez recuerdo.

‘¿y es usted como su nombre indica hija de presidente Salvador Allende, al que yo entrevisté poco antes de su muerte en Santiago de Chile?”

Ella, sonriente decía: “No era mi padre, pero pertenezco a su familia, soy su sobrina, mi  padre era embajador y hermano de Salvador… por eso soy su sobrina.

Le recordé a Isabel aquel primer día, aquella ya legendaria novela, de las primeras que vino a presentar a Madrid, que el presidente Allende, me hizo un encargo que cumplí en su momento. Indagar sobre su apellido en un pueblo que llevaba también su nombre, porque le gustaría saber de su sangre de emigrante español. Hice el encargo y le traslade al alcalde de la villa que cumpliera con ello. Se le dijo que claro que sí que había casa de piedra y musgo ya, con el escudo de su apellido y que ya se le esperaba con los brazos abiertos, cosa que no pudo hacer porque murió de un  disparo en la cabeza y de su propia mano, en el Palacio de la Moneda…

Historias tristes, que para qué recordar, pero que olvidar no se pueden olvidar tampoco. Pero Isabel, viene hecha un brazo de océano desde su casa tan linda, frente a la bahía de San Francisco donde vive hace unos años con su actual marido, del que se siente enamorada y feliz, y donde escribe mirando al océano con la foto eso sí, de su hija Paula. Nuestra Isabel va a cumplir pronto setenta y cinco años, que no se podrá decir que no son primaveras porque está escribiendo después de cien millones, sí de libros vendidos,  mejor que nunca.

“La verdad es que a veces ya no sé ni de dónde soy, de dónde vengo y a dónde voy, pero lo que sí se  sé es que soy una ciudadana del mundo a la que le gustaría vivir definitivamente en Chile…”

Tal vez, ella conoce seguro el sitio mejor que yo, frente al océano siempre, en la Costa de las ballenas, donde vive la marquesa de Varela, con la que compartí tantas historias de ¡HOLA!, ella si que tiene unas muy buenas memorias, a ver si este año cuando vuelva a Sotogrande a pasar sus días de todos los años me llama al teléfono y yo también, si mi cuerpo lo permite respondo como siempre, a su llamada…

Puedo decir que una vez que vino a Madrid a presentar una de sus novelas nos vimos en aquel apartamento de un hotel de cuatro estrellas, con ella cinco, hablando, y mucho de cocina, que es una ciencia, un arte que a ella le encanta, servidor le dio, y ella tomó nota en su agendita la receta de ese plato cordobés, ahora tan de moda en el mundo, que es el salmorejo, uno de los descubrimientos de la cocina del pueblo elevado ya a la altura de los de cinco cucharas, como poco, puesto que reúne todos los sentidos de Andalucía en un solo cuenco. Bienvenida niña Isabel, que se se te contenta. Aunque Madrid sea para ti un  largo trago amargo esta es tu casa, joven Isabel, que además y por si fuera poco,  fuiste periodista y buena. Lo bonito que sería ver contigo cerca el largo puente de San Francisco, que en su día me enseñó por primera vez un muchacho que empezaba en la música, y que se llamaba, se llama, Enrique Iglesias… ¡Cómo pasa el tiempo,  Isabel Allende, ya sabes quién soy, de ¡HOLA! y dónde me tienes. Amo a Neruda, al que también entrevisté varias veces incluso en su casa de Isla Negra, allá al fondo del largo mapa de Chile, “esa loca geografía”… mientras tanto, este beso, uno solo, en la mejilla, que dos son mentira, que sabe a pisco chileno y ese punto de limón lunero que debe tener también, si es que lo tiene, el divino salmorejo del churrasco en el barrio de  la judería cordobesa…

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