Carta a Pitita Ridruejo, que debe estar en el cielo

Mi muy querida Pitita, Esperanza de nombre de pila, que ya como digo más arriba, debes estar en el cielo. Te lo mereces, querida gran dama de España, de la que no te puedes ni imaginar, las cosas que están diciendo de ti esta mañana, cosas buenas, todas, ni una tan siquiera ligeramente oscura, todas de las más hermosas, cosa que como bien sabes, sabías, no es frecuente en este pueblo español nuestro en el que tú viniste al mundo hace, sé que puedo decirlo, que nunca escapaste de lo que está escrito en los libros, hace más o menos ochenta y ocho años y un día.
Naciste en Soria, como todo el mundo sabía, porque siempre le tuviste mucha honra, y llevabas toda la razón del mundo, que esa ciudad castellana bien que se lo merece donde yo en su día busqué la huella de aquel gran andaluz, que fue, que es, Antonio Machado, el poeta sevillano que se enamoró de Leonor, la niña que murió tísica, mucho más joven que él, y cuya presencia está en pie al pie de ese viejo olmo herido por el rayo, donde yo estuve tantas veces.

“Mi infancia son los recuerdos
De un patio de Sevilla
Y u huerto claro donde madura el limonero
Mi juventud
Veinteaños en tierras de castilla”

Digo todo esto, por que en Soria don Antonio escribió los más grandes poemas de su vida, y de allí eras tú, eres, porque mira por donde hay hasta un periódico de gran tirada que dice esta mañana a dos columnas: “Murió la inmortal pitita”.
Porque es verdad, te lo mereces. Entre otras razones porque como dice otro diario. “que no tuvo ni un enemigo en toda su vida”. No veas la de cosas que de ti están contando en esta misma mañana en todos los medios, por que de verdad te lo has merecido, y no solo por tu realidad solidaria, que hacías cosas buenas, muy buenas, por los demás, fiel a tu estilo “que lo que hace la mano derecha no tiene por que saberlo la izquierda”, sino porque estabas ahí, como valedora, como mediadora, incluso en ocasiones acudiendo a más altas instancias, hasta celestiales para remediar algún problema difícil.
Yo que te entrevisté cien veces, como poco, en todos los medios, que hasta incluso un día me presentaste en tu casa de casi Serrano, en el bario de Salamanca, casa formidable, elegante, aquel representante directo del Lama del tibet, el de la barba blanca, perfumado de ajonjolí, con la sandalia de plata, querida, mi querida, Pitita, que pocos pueden decir como yo, que me llevaste, a mi esposa y a mi, como tu marido ese que era un señor, siempre lo fue, y al que quisiste tanto, Stilianopoulos, embajador de España en Filipinis, y también del Reino unido, que nos llevaste a Manila para entrevistar, a la Mariposa de Hierro, su esposa, que aún vive, y que no pudimos hacerlo entonces.
Porque la noche antes, de la cita, a la mañana siguiente sería, en el teatro en el que estábamos asistiendo a un acto social, elegantísimo, un hombre salto al escenario con un machete de cortar zapote, intentando matar a la esposa del presidente, y que la hirió gravemente en las manos con las que intento taparse la cara y que su sangre, la de ella, nos salto hasta la primera fila en la que estábamos sentados con vosotros los diplomáticos como invitados especiales….
Total, que la entrevista que la hicimos y que fue para el ABC, donde yo era entonces jefe de reporteros, se ralizó meses después, cuando a ella la terminaron de curar en la cirujía estética con los mejores especialistas del mundo, y sus manos se quedaron más menos como hoy son las de Rosalía, y nos recibió en la embajada de la capital inglesa, donde también era embajador su marido..
Querida Pitita, ¿recuerdas cuando fui a que me dedicaras tu libro, en tu casita aquella de el Escorial, que era casi como una capilla azul y blanca, y te pregunté: ” Si no te lo pregunto, niña., me echan del trabajo… ¿es verdad que como dice todo el mundo has visto a la Virgen María?
Y tu sabiamente, inteligentemente, como siempre, me respondiste: “¿y tú qué crees mi ya viejo amigo?”
Suspiré fuerte, como Dios manda, y bajando la cabeza pero aguantando tu espectacular mirada cabeza de nefertitis hispana, solo pude asegurar: “Si tu lo dices pitita, si tu lo dices…”
Se habló, se escribió mucho de tus “apariciones” divinas, y muchas personas creyeron en ti, porque eras, eres, persona, seria, reflexiva, culta, incapaz de decir una sola mentira…
Intelectual, buena, humilde en tu propia grandeza, tan grande, que hasta se publican estos días estas cosas, casi milagrosas. Que le dijiste que no a Andy Arwold, que quería hacerte un retrato para su galería de inmortales como Marilin o Mao, y que Paco Umbral, mi maestro, que fue uno de tus grandes amigos, aseguraba, el que no creía casi en nada o en casi todo, que “tú le curabas de las faringitis con solo verte con sus gatos y sus mimbres. De visita….”

En fin, que te nos has ido, pero quedándote, a ver si me explico Pitita. A estas horas en que escribo esta que no quiere ser una necrológica, y eso que yo quería hoy escribir mi blog comentando que Lolita la hija de Antonio y de Lola Flores, cumplía los sesenta y un años primeros de su vida en plena creación genial, ya estarás llegando si es que ya no lo has hecho a tu casona de Soria, donde tu querías descansar “el día de mañana” que a mi me lo dijiste más de una vez, a lo largo de los años. No se si seras ceniza, pero para mi nunca lo serás, porque, incluso fuego encendido. Siempre luz -y como sé, que si lo hay que debe haberlo, obre todo para premiar vidas como la tuya, tenme al tanto, de cómo es el cielo, la gloria bendita, donde te encuentras, estoy seguro. Por cierto, échame una mano, Esperanza, por si pronto me hace falta. Una recomendación sobre todo de parte tuya, vale un mundo. Mejor dicho vale un cielo

-tuyo, siempre te encuentres donde te encuentres-.

Medina

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