Aquella noche con Alain Delon en Madrid

Aquí entre nosotros, que ya no me quedan más “nosotros” que ustedes mis desconocidos y sufridos lectores, yo soy poco hombre de la noche. No soy un reportero vampiro. Ni mucho menos. Alguna vez he trabajado porque no tuve mas remedio, en lo mío, la radio, el periódico de la mañana, etc, al pie de la luna. Es cierto, pero la verdad es que soy un tipo alondra, y no un tipo lechuza, como se dice curiosamente para identificar a los que viven al sol o a la luna. Aunque hay mucha gente que vive en la luna, ya saben, que aunque la ame, no es mi caso concreto.

Dicho lo cual, les cuento. Hace unos días, le han entregado, merecidamente, porque siete veces lo habían presentado al premio La Palma de Oro, digamos que de Honor, en Cannes, el festival, que lleva su nombre. Y la verdad es que había hecho, ha hecho, películas excepcionales, no solo por sus directores y sus argumentos, que de todo hay, sino también por su actuación, porque es un actor formidable, las cosas como son, aunque ahora atraviese un momento difícil, dicen algunas mujeres, no todas claro, por su machismo, a lo que él responde siempre de la misma forma, con su sonrisa realmente “traidora”, si fuera yo mujer, yo diría, que fascinante, difícil de aguantar, incluso ahora con una copa de champán francés, en la mano y una música al fondo, media luz, que ya se ven las arrugas implacables, la verdad sea dicha, pero a veces ya saben que según decía el modisto español, la arruga es bella.

Bien. Lo trajeron a Madrid hace ya mucho tiempo, muchísimo, a un programa que servidor hacía creo que con Chicho de director. El periodista lo que hacía eran las entrevistas con aquellos grandes, de verdad grandes, de entonces, a saber… Gloria  Swason, Jhon Houston… Por dar dos nombres, tan solo, que la lista sería interminable porque duró todo un año y un año son cincuenta y tantas semanas, y a uno por sábado, ajusten las cuentas.

Total, una entrevista cuerpo a cuerpo, en un francés, bueno, el suyo con una traducción discutible. Tampoco era para echar cohetes, y lo importante era, había unos cámaras formidables, ver aunque fuera en blanco y negro los ojos, de Alain que, por cierto, eran azules. Una mala cosa, que no fuera nuestra televisión entonces la única, en color, como ahora. Estuvo con su media sonrisa, de siempre, el flequillo ligeramente caído sobre la frente, Alain en directo, mágico. Cuerpo a cuerpo, cara a cara, al otro lado de una larga mesa, con solo cuatro cámaras abajo a pie de obra. Y luego…

Pues los servicios también muy buenos, casi heroicos entonces, de producción, tenían preparado como es natural, una noche para que por lo menos el invitado no la olvidara, y eso que venia de París, guapo y triunfando, pero el que no la olvidara después fuera yo, que desde entonces hace cincuenta años, casi, no había hablado de la cita. Bueno, pues cena, con flamenco, a la moda de entonces, en el Corral de la Moreira, bailando y cantando  creo que la polaca, bellísima, a la que admiré mucho y, por cierto, que con su marido a veces en la taberna de Antonio de la plaza de la maestranza de Sevilla, me encuentro, y comemos unas aceitunas gordas rellenas de las que ya no quedan, hay ensalada de la que se hacía en lebrillo para la Duquesa de Alba, y bebemos es es la verdad un vino de La Cuesta, que no se salta como dice el refrán “ un gitano con las alpargatas nuevas”.

Bueno, pues hasta que amaneció, que incluso, como casi siempre, Alain Delon ya en camisa, no tuvo corbata aquel día, o mejor dicho aquella noche, y luego paseó por el Madrid nocturno con una copa, entre dos luces, de champán casi siempre obligado, en aquel restaurante del viejo Madrid de los Austrias, que se llamaba de La Tortilla, y donde yo fui alguna vez, siempre  por razones profesionales. Por ejemplo, con aquella bellísima criatura que se llamó Iran Eory, inolvidable del cine y la televisión de entonces, y que era persa, de mirada verde prado irlandés, que terminó sus días, a la vera de Mario Moreno Cantinflas, En México. ¡Cómo pasael tiempo mis lectoras y lectores!

Bueno, pues al final de la noche, ya amaneciendo, hora en la que Madrid está hermoso, pero hermoso de caerse, en el hotel Palace, porque el Ritz, que era lo habitual no quiso, creo, que allí acudiera nuestro “divino” entre otras razones por que era su norma. “nada de actores ni actrices”, solo sangre azul si acaso, así que se dio el caso de que  la actriz Grace Kelly, no pudo alojarse allí, cosa que sí pudo hacer cuando ya era princesa de Monaco, igual que ocurrió, yo estaba allí, con el actor James Stwart, que esperó a que le llevaran un traje de coronel americano de aviación, que era de la guerra mundial y héroe condecorado. Con razón, momento en el que  pudo atravesar la exigente puerta de aquel hotel inolvidable, ahora en obras, en el que uno hizo tantas y tantas entrevistas más tarde, Jane Fonda, Isabella Rosellini, etc.

Que mi memoria a estas alturas no da para más. Total, ese Alain Delon, frívolo, culto, que hace unos días a los ochenta y cuatro años casi de vida, ha recibido, llorando, el premio más alto del cine, quizá mundial, que igual se lo lleva este año por su película Dolor y Gloria, Pedro Almodovar, que a estas horas lo está esperando. Veremos.

Alain Delon, padre, el amor grande y trágico de la que hizo en el cine La Emperatriz Sissi, que uno entrevistó en Madrid, en su tiempo, aquella Romy Schenider, a la que se le murió un hijo de forma dramática… icono de su tiempo, sin duda, Alain Fabien Maurice Marcel Delon, que aprovechando que le dieron la Palma de Oro ha confesado lo que ya ha dicho más de una vez: “He recibido en la vida mas bofetadas de las que yo di en el cine…”

Porque hacía siempre, o casi siempre, de duro, y además, en el cine, dio la vida muchas veces. Y también recuerdo de aquella noche cerca de la Plaza de la Cebada que aún perdura.

“quiero que sepas”,-aquella noche nos hablábamos como hay que hablarse en la noche mágica de Madrid- “que siempre amé a las mujeres en el cine y en la vida y que además es bueno el recordar que gracias a las mujeres sé  quien soy aunque sea Delon, en lo que hago, como ser humano y como profesional…”

Como ya saben ustedes y muy bien, que cosas hizo a lo largo de los años, Alain Delon, vendía gafas de sol, promocionar perfumes muy masculinos, siempre, teatro incluso hace poco, tres bodas, que se sepa, varios hijos, con problemas, que incluso ahora le piden sitio en su herencia, por poco que le quede, aquella película junto a la piscina al sol, la otra de Visconti, etc, etc. El Gatopardo, historia del cine sin duda, teatro en París, últimamente, representante en la esquina del ring de boxeo de grandes figuras, etc.

También le entrevistÉ un par de veces para ¡HOLA! Cené alguna noche con él en París, aunque invitó la casa. Y también me mandó el director de ¡HOLA!, entonces, mi inolvidable don Eduardo, a que entrevistara a su hijo Antony Delon, que ha heredado de su padre, la mirada azul, pero esa es otra historia distinta. Alain Delon, solo hubo, hay y habrá.

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