Corín Tellado: el amante de la reina de la novela rosa

La conocí personalmente muchas veces, muchos días, y hubo entre nosotros dos, yo diría que más que una amistad, un sentido familiar, confidencial, cercanísimo. Me atrevo a decir, y además se lo dije a ella muchas veces, muchísimas. “la quise mucho”.

Fue la reina sin duda de la novela rosa, en su tiempo hace unos treinta, cuarenta años y llegó a escribir más de cinco mil novelas de amor, que  luego se hicieron cine, televisión, series, teatro, radio, mucha, y la convirtieron en una de las mujeres más populares de su época, tanto es así, que hasta bien que recuerdo aquel estudio que sobre ella hizo el hoy premio Nobel, Vargas Llosa, que tengo por ahí por algún sitio. A ver si un día me decido a buscar que se que me llevaría mas de una sorpresa.

Hace diez años que se nos fue tal día como estos, y lo cierto es que bien merece la pena que la recordemos. Era asturiana, asturianísma, nunca salió de su hermosa tierra y tanto es así, que yo la llamé “Señora de las Manzanas”, entre otras razones porque tenía una casa en el campo cerca de Gijón, donde de verdad vivía viendo la mar desde su ventana con un pequeño manzanal, sidral, donde a ella le gustaba escribir a su sombra. Se llamaba, se llama todavía por que aún se siguen vendiendo sus novelas, que a veces terminaban bien y a veces terminaban mal, como es la vida misma,  María  del Socorro López, pero su nombre de gloria fue el de Corín Tellado que la hizo famosa en todo el mundo, tanto es así, que se llegó a traducir, a  diecisiete idiomas. Era una dama triste, inteligentísima, que escribía a mano, creo recordar, sus historias de amor. Amor, del que fue siempre su mejor narradora, pero sin embargo, amor del que siempre fue correspondida.  Se casó una vez, yo hice la crónica de aquel día,  de la que no volví a saber. Tuvo dos hijos, una de ellas, periodista y buena en su tiempo a la que llegue a conocer personalmente. Sin embargo, lo que nadie supo o muy pocas personas, entre las que yo me encontraba, por que la visitaba muy frecuentemente en Asturias, es que ella que fue una de las más grandes cronistas del amor, de todos los tiempos y en todas las lenguas, fue una mujer fracasada, según sus mismas palabras,  en el amor. No fue correspondida, ni siquiera según sus mismas declaraciones, en las primeras noches de la luna de miel, que para ella se convirtieron en una luna de hiel, de por vida. Vivió amargamente, si bien rodeada de amigos que la querían, como es mi caso, prensa, radio, televisión, y sobre todo, aquella verdad suya, que yo compartí, hasta aquel día que ya he contado muy pocas veces cuando en su casa del campo, me tomó de la mano, y me confesó sonriente: “Ven, que te quiero presentar a mi amante, con el que duermo todas las noches, y al que nadie conoce… Él me da el amor que yo necesito desde hace tanto tiempo”. Y me llevó hasta su alcoba:

“Aquí lo tienes. Es el aparato que necesito para cuidar de una manera diaria, constante, mi problema de riñón que es grave y desde hace mucho tiempo. Para mi hemodialis, constante, para seguir viva y escribiendo mis novelas…”

Como les cuento. Había nacido en abril del veintisiete y murió también en abril pero del dos mil nueve rodeada del silencio. ¡que buena serie de televisión sería su vida, siempre sembrando el amor, y ocultando su tristeza personal, inmensa. No sé si habrá dejado novelas de las suyas sin publicar. No se quien será depositario, de su legado. Si se que un día,  cuando paseábamos del brazo, por el hermoso paseo junto al mar de Gijón, ya muy dolorida, me dijo: “Te diré algo que muy pocas veces he contado, jamás, yo que lo escribí tantas veces, le he dicho a nadie “te amo”.

Y es que “no hay novela más grande que la vida misma”. Déjame que te  diga ahora lo que nunca te dije.  Te quiero, CORIN TELLADO”

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