Carta a Isabel Pantoja en ‘traje de barro’

Foto: Telecinco

Mi querida Maribel.  No sabes lo orgulloso que estoy de ti, luego de haberte visto sonriente, formidable, magnífica, incluso estupenda, sonriente, en tu “traje de barro” se estaba ofreciendo la gran exclusiva a través de todos los mundos de la comunicación de tus ocho bañadores, que te habías llevado a la isla, cuando de pronto, vas y te apareces té, soberbia mi niña, en traje de barro cuando os echaron a todas al barro, por que así lo exigía el cada día más difícil guión, de Supervivientes, donde has tenido la valentía de acudir, si, de acudir, demostrando una vez más, tu fuerza, tu talento, eso que solo da la naturaleza, a quien es más fuerte y más poderosa que nadie en el mundo, cosa que no se hereda, sino que se adquiere a lo largo de una vida, de toda una vida de arte, de tesón, de esfuerzo, de conocer el combate desde dentro, querida Maribel, que haces grande aquello dijo el un día el poeta del pueblo:

Oficio noble y bizarro

De entre todos  el primero

Pues en el arte del barro

Dios fue el primer alfarero

Y el hombre el primer cacharro.

Cierto, Isabel. Del barro venimos y si dios no lo remedia, que no lo remedia habitualmente, al barro vamos, incluso aunque nos hagan ceniza como siempre digo que habrá de ser mi próximo caso.

Pantoja, ¡qué guapa estás incluso de barro! ¡qué grande eres Isabel, que después de haber pasado no se cuanto tiempo en la cárcel, vuelves  a meterte en honduras como el refrán, y te guardas en una cárcel terrible, por que ademas de verte todo el mundo, en esa isla transparente, estas rodeada de tiburones, que quieres que te diga, y no solo de los que enseñan su aleta alrededor, en el agua oceánica, sino porque los tienes dentro, porque así es la vida y la condición humana, que quieres que te diga que tu no sepas ya en tus propias carnes, barro vivo, barro puro, puro y duro, barro rodeado de barro, hermosa escultura de ti misma, guapísima, te lo juro, con su sonrisa enseñada que parece que entre los blancos dientes, aprietas una navaja, la de la supervivencia como quien dice por dentro.

-¡qué sabe nadie!

Y es verdad. Te van a contar a ti, reina mia, y te lo dice quien ha estado contigo cerca, muy cerca, en varias ocasiones,   formidables de tu vida. Y las tres por cierto para hola, que hasta en una ocasión me diste las señas de un curandero de la mancha, concretamente de membrilla, que me podria ayudar a aliviarme el dolor de mi inmenso dolor neurótico, que aun mantengo por cierto.

Niña Isabel Pantoja, ahora, cantando por dentro, contando por fuera, eres mas grande que nunca, ahí en el barro, pero como proyecto de estatua, trabajada en el Guadalquivir de la orilla donde tantas veces rompiste a cantar de niña. Esta copla tuya, esta película verdadera, que no es un reality, sino que es de verdad del todo, este ultimo fango, en el que te veo , en la selva fatal de la lucha, me llena de orgullo, de haberte conocido y de saber que esta pelea, esta nueva lucha, en tu vida habrás de salir, cuando sea, mañana o pasado, ya lo mismo me da, triunfante y distinta a todas. Por que has toreado valientemente por poco o mucho que te quede con dignidad con distancia,  si con distancia, habiéndolo tenido todo, por amor, entre otras cosas, a tu hijo, lo que no hara una madre por un hijo, por su madre, que estará sufriendo lo suyo, y a los tuyos, entre los que me encuentro. Pantoja, eres ahora más grande que nunca. Aguanta lo que quieras, que todo en el mundo se hace, por dos cosas fundamentales por cariño que es el oro y por la plata que tanta falta nos hace. Si antes te admiraba, ahora te quiero Pantoja. No sé cuando recibirás esta carta, casi de amor que te escribo. Estás hecha de alhelí y platino. Y yo me siento orgulloso de haberte conocido.  Cuando estés libre, del todo,  Maribel, me llamas si es que algún día estás libre del todo aunque tu sabes mejor que nadie, que nadie está libre nunca del todo. Y gracias por tu lección admirable, de aguante, de poderío. Y ademas el milagro, niña. ¡es que estás más guapa que nunca!  ya sabes lo que dice el libro sagrado. Que barro somos, y en barro nos convertiremos. Y tú, en vida, ya has pasado la prueba. Enhorabuena, tan humana, tan divina.

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