Carta a doña Mercedes, un día antes del Día de la Mujer

Doña Mercedes. Con el nombre y el “doña” basta y sobra para escribirte esta carta después de que te nos hayas ido, a mí mucho desde luego, y cuando ya sé que estas ahí donde siempre quisiste estar cuando te fueras de todo esto, junto a su esposo don Antonio Sánchez y junto a tu hijo Eduardo, que sabe mejor que nadie que a su lado estuve durante casi la mitad de mi vida, y la otra mitad también, en la memoria, en la constancia, y en el recuerdo.

Doña Mercedes Junco, presidenta de nuestra revista ¡Hola!, fundadora de ese sueño que se convirtió en un  imperio. Jamás, pero jamás, hubo ni habrá una publicación como la tuya, la que tu pusiste a caminar sobre el mundo redondo de una mesa de camilla, como se ha contado tantas veces en Barcelona hasta convertirla en lo que es hoy un mundo, una obra bien hecha, preciosa, pero sobre todo precisa, que cumplió con las expectactivas. Quien iba a decirlo, que ha llegado a ser un referente en el mundo editorial, de este planeta de la comunicación en el que estamos viviendo. Doña Mercedes, se ha escrito mucho estos días, por si no lo sabes, aunque donde estás se sabe todo. Sobre lo tuyo, tu historia de amor constate, tu enorme cariño hacia los tuyos, maestra, total, periodista de cuerpo entero, que parece que te estoy viendo el último día que fui a verte a tu casa de Ruben Darío, en el barrio de Chamberí, cerca tan cerca de donde yo llevo más de la mitad de la vida viviendo. Doña Mercedes, escribí una página para ABC, de donde salí cuando era jefe de reporteros de ese gran periódico de España, para estar junto a ti, junto a tu hijo Eduardo, junto a tu nieto, tu nieta Mamen, a la que he querido y quiero tanto y, que a veces me llama, eso sí con cariño, maestro.

La maestra has sido tú, presidenta con tu forma de ser y de estar, con tu talante, con tu talento. Castellana formdidable, de esa  Palencia donde según cuenta la historia, las mujeres escribieron su vida, su pasado, su presente y su futuro que no hay más que verlo. Te diré que estos días, se ha escrito, se ha hablado mucho de ti, y hasta Carlos Herrera dedico una hora de su programa de la mañana tan escuchado, tan seguido, en la Cope, en la que la protagonista fue ¡Hola!, bueno, fuiste tú, todavía son ese raro resplandor que tú tenías, y que a mi me acercaba tanto a tu elegancia natural, a tú manera de ser. Querida doña Mercedes, que tanto hiciste por mí y los míos, matriarca de esa gran familia repartida por todo el mundo, que tanto hiciste desde tu sitio, en tu consejo, en tu silencio siempre, porque el mundo se conociera mejor, y se quisiera mas, que eso es lo mas importante, siempre, atenta a todo, desde tu propia humildad de reina en el exilio, doña Mercedes no te enfades conmigo si es que hoy te digo esto.¡ ay aqueldia inolvidable en Ronda, cuando juntos celebramos y lloramos la memoria de don Antonio, tu marido, en su lugar de nacimiento, andaluz total siempre, la gracia y el magisterio siempre en su sitio, fundador de una dinastía, fascinante, gran dama de la geometría de la maqueta, de la editorial, trazada con hasta casi pocos días antes de irte, conocedora del secreto de la elegancia, la verdad del estilo, que todos los grandes maestros de la moda te adoraban, pero también, y eso hay que decirlo, hasta allí donde llegaba el mensaje de nuestra publicación, donde se alquilaba allá al final del mundo cada número, de una familia a otra, o esa fuente de color, de amor que se trabajaba cada día, cada lunes, cada hora, con la actualidad entre las manos, lo mejor de lo que llegaba cada día que parece que recuerdo ahora mismo, déjame que te lo diga, aquel día que por primera vez  fui redactor jefe, y que se nos había muerto un torero en la plaza, y elegiste, parece que te estoy viendo: “si, es la portada, pero con los trofeos de su trabajo en la mano. Triunfante. El subtítulo decía, nada más y nada menos: Esta es la foto de un ganador. Poco después encontraría el final de su vida, en ese mismo sitio.

La filosofía de ¡Hola!,  que era además, por supuesto, la tuya. Han dicho, han titulado, “DOÑA MERCEDES”, estos días, “ALMA DE HOLA”. Si, es verdad, cuando todo el mundo dice adiós. Ellos empezaron hace setenta y cinco años, diciendo Hola, que impecable lección de vida, doña Mercedes, y así hasta mañana, hasta hoy, que estás en la portada, como es lógico como es natural, de tu revista madre, pero con la elegante discreción de siempre, con otras noticias más, que mandan en el reparto de la actualidad. Ayer conté tu partida, en el Canal Sur, donde trabajo con Juan y Medio desde hace casi siete años todas las semanas, en un programa de extraordinaria audiencia en el sur. El sur de don Antonio, el mío. Y puedo decirte que fuimos líderes de audiencia. De lo que me alegro tanto. Te veo con tu perrita chica, blanca, tras tu luto casi siempre, subiendo hasta la alta planta donde aún esté tu despacho, elegante, moderno, eficaz, como tú. O como el último día, con tu perro fiel al lado, el grande, aquel que regaló el rey don Juan Carlos para que tu lo tuvieras siempe al lado, en tu casa o en el campo, doña Mercedes, ¡te recuerdo tanto¡ por eso quiero que en el día de la mujer que es mañana, por encima de todo, tu nombre sea el que yo  pregono como ejemplo en tantas cosas. Como madre, como abuela, como esposa, como creadora día a día, minuto a minuto, atenta siempre a la disciplina y el trabajo feroz de la actualidad, la noticia tiene nombre de mujer doña Mercedes, que si algún día escribo mis memorias, o lo que sea, estarás tú por derecho propio, como alguien a la que quise mucho, y de la que aprendí tanto. Tanto en tu trabajo, como en tu silencio. Por eso en mi ‘post’ de hoy, que viaja por todo el mundo, está tu nombre, como tu te has merecido, a veces llorando y sufriendo tanto a lo largo de tus largos años de vida. De vida y de magisterio. Dios te lo pague doña Mercedes.

Tico medina.

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