Arturo Fernández, que va camino del siglo

Y lo que es más grande, a pie de obra. Ayer mismo, en Sevilla llenando el teatro todos los días, como siempre. Así que si es digno de tener en cuenta que cumpla estos días los noventa, que tampoco hay que pasarse que para el centenario quedan como poco diez primaveras, lo hermoso es poder contar que el más grande de nuestros artistas del teatro, y del cine, y de la tele, y de lo que le echen a esta enorme gloria nacional, que sigue a pie, como si nada, como si nadie, formidable, seductor en esa edad ya imposible de alcanzar solo para unos pocos, como es la de las leyendas, gloria bendita de nuestra escena, capaz de hacerte reír, y sonreír, que es mucho mas difícil, hacerte llorar a un tiempo, lo que se le venga en gana, implacable e impecable, moviéndose en la escena como no es capaz de hacerlo nadie, ojo al milagro, muy capaz de enamorar, de creer sobre todo tan valiente en las tablas como en la vida misma. Siempre dice lo que siente aunque a veces sienta el zarpazo del que no perdona, querido Arturo Fernández, mi viejo amigo, que tanto llegamos a conocernos, mano a mano, cuerpo a cuerpo, boca a boca, que siempre cuento lo mismo cuando yo tenia la responsabilidad de copiar tus recuerdos, aquellos días cálidos e inolvidables en su casa del sur, junto a tu esposa, que no sé que seria de ti sin ella, paseando, chalando bajo los cuadros de flores gigantescas, cuando poníamos sobre la mesa, el nombre de Gijón, tu tierra de origen de la que tanto presumes,  capitán de los sueños, todavía de no se cuantas generaciones de mujeres, divertido, siempre comprometido, con lo que haces, con lo que fuiste, que tus pañuelos de cuello -es un decir- debían estar en su día en el museo del gran teatro del mundo que es España, que yo he tenido el gusto de entrevistar dada mi edad a los más grandes de este siglo y del otro desde Don Jacinto Benavente, que fue premio Nobel, hasta por dar un par de nombre o tres, don Ricardo Calvo, don Rafael Rivelles…

Grande entre los grandes, asturianisimo entre los asturianos, como don Favila por dar solo un nombre, capitán de las manzanas con el que he visitado mas de un chigre de tu mapa, recibiendo siempre, eso sí, el saludo, nunca negando el abrazo, culto  del a vida, que sabe nadie lo que ese cuerpo ha pasado, don Arturo, chiquitín de mi recuerdo, que ir contigo por cualquier calle de España es como ir del brazo con el arcángel San Rafael de paisano. ¿Recuerda aquel día que le pregunté en la tele, usted ha tenido la enorme suerte de ser el primero que besaba en la boca a una mujer en el cine, como Isabel Pantoja, ¡me puede decir a que sabe!

Era una pregunta de aquellas, y usted me respondió dulcemente , bajando las persianas de los ojos: “Sabe… sabe a hierbabuena”.

Ole maestro, nunca en los romances falsos, siempre en la verdad bien dicha, caballeroso Arturo, el rey de la mesa redonda, siempre atento, siempre para todo el mundo, que vas y cumples estos días los noventa y sigues recordando en las noches de éxito a aquella mujer única de la mirada bellísima, que tenia sabañones en las manos,  de lavar los vasos de sidra de aquella taberna de Gijón, tu padre por razones de la vida, lejos, al otro lado de la raya de Francia, te va a contar a ti de historias que no hayas vivido en tu propia sangre, en tu propia carne, en su propio hueso. Cuidándote, si, pero sobre todo, sintiéndote, sabiéndote, dando todo los que tienes, que es mucho mas de lo que te queda , de lo que diste, haciendo a la gente toda, un punto más feliz, en la escasa serie de felicidades que ya pueden compartirse, aguantando ese dolor, que yo que a veces te da, porque lo sé, en el costado, y que soportas el dejar de sonreír, haciendo el milagro de que se debe creer en el milagro del amor hasta que ya ni amor quede.

A veces estas cerca de ti, me falta el valor, ya sabes, para llamar a la puerta del camerino de tu teatro Amaya, uno de los mas guapos de España en el barrio de Chamberí, y me falta valor para hacerlo, pero  aunque tengo cinco años menos que tú, la verdad aquí entre nosotros, es que soy mucho más viejo, mas antiguo que tú y cada día, cada año que pasa estas más moderno.

Así que aguantaré hasta el que viene, que harás los noventa y uno, y te juro que te llamaré que tengo tu teléfono directo. Sé que como siempre, tú tendrás un año menos y yo como poco un año más, pero me gustaría darte un abrazo y que me digas “chatín” como tú solo sabes decirlo, con el mismo cariño y con el mismo acento. Nos vemos, Arturo Fernández, que sigues pregonando el amor y el trabajo, la solidaridad y la verdad, desde donde estés, desde donde ejerzas tu magisterio. Ya sabes que te quiere, no sabes cuánto, tu casi biógrafo, que aún no he perdido del todo la esperanza.

Tico medina

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