San Valentín era soltero

Todos los años en esta misma fecha me he comprometido conmigo mismo, que ya es otra obligación más de las que uno tiene, a escribir. Es una manera de conmemorar el día en que estamos, San Valentín. Ese santo español de origen almeriense que, según la tradición está enterrado, creo, en la catedral de la hermosa ciudad del sur, donde el sol luce casi todos los días del año y donde servidor ha deseado nacer, o haber nacido tantas veces, de no haberlo hecho en Granada, corrijo, en los montes orientales en ese pueblo blanco y verde, olivarero, y que está en la carretera de Granada hasta Almeria. Bello pueblo, insisto y no es por que yo lo diga, que servidor entre otras cosas, ha ayudado todo lo que me ha sido posible a colocarlo en el mapa.

Dicho lo cual y de entrada, me apresuro a lo que obliga la fecha. San Valentin, santo por lo demás, enamorado del amor por los demás, y valiente como indica su propio nombre. Se celebra después de su martirio asado, por los incrédulos en este 14 de febrero en el que estamos, unos días mas tarde del diez, que el santuario del almanaque asegura que es la celebración de santa escolástica, que no hay, hasta ahora, un santo varón que se sepa. Un día haciendo la ruta del peregrino de Santiago, acompañando en alguna jornada a José Ortega Cano, descubrí que allí estaba una imagen de mi santa personal,  hermana de San Benito, el monje. Con lo que se viene a demostrar que, por ahora, no hay santo varón, cosa que me ofrece la posibilidad de que en su día, después de mi marcha y por mis virtudes, se consiga en que suba a los altares alguien que como yo se llame. Cosa que dudo, ya que son más mis pecados que mis virtudes a lo largo de toda una vida en la que he  sido más diablo que santo, lo que me exime de la responsabilidad de ser lo que sigo siendo, un viejo contador de historias, eso si, que a lo largo de toda una vida, dilatada y fecunda, solo hizo de contador de historias, fiel a mi principio de siempre que he multiplicado ya tantas veces.  “siempre me gusto por condición humana, buscar el oro que a veces se encuentra en el barro y no como hacen otros muchos, el barro que hay en el oro, que indudablemente existe”-

Es por eso, mis leales seguidores a los que tantas veces he contado miles y miles de historias de amor, que hasta el desamor me sirve porque el desamor como he dicho tantas veces es una menra de amor, y espero que he de contar alguna otra que a veces trato de encontrar para hacer resplandecer eso que convierte un “si quiero”, o un “si que te quiero” más que una declaración habitual no solo pronunciada y no por ser bien sentido. Y la verdad es que ahora mismo no tengo una que elegir entre tantas, quizá porque el zurrón de mi alma impida guardar tantas, y tan buenas crónicas, a lo largo de toda una vida haciéndolo Porque creo en la condición humana, insisto,  que estamos hechos para amar, y mantenerlo de una cierta forma vital, discreta, eterna, aunque ya saben lo que dice el dicho, de la declaración: “niña, que te quiero, pero no solo hoy sino para de por vida”.

Porque hay muchas formas de amor. Por ejemplo, los amores, los cariños, los quereres, que a mi me gusta cualquier cantidad, dado que es una manera de amar, hacia el sur. Eso sí, sin olvidar el beso, si bien en esto tengo también mi propia filosofía. En la actualidad que vivimos tanto del “mua mua” eso es a la francesa, en cada una de las mejillas. Yo prefiero la vieja forma de hace ya tantos años, que es con “un solo beso basta” y a ser posible en la boca, que hay mucha forma distinta de demostrar el cariño porque ya saben aquello de… Pocos dicen y pocas también, perdonen que te dicen aquello de “te amo” aunque haya tanto grafiti, a veces demasiado poco bueno, mucho mancha quien una sola palabra en la que, además cabe un corazón, en la o, exactamente, que es la que se escribe ‘Love’.

El amor, que dicen que nace de una manera especial de entender. El amor, cosa bien discutible, dado que hay un cierto decir, que el amor en sí, es algo que sale del corazón, y el corazón no hay más que verlo. Un músculo, más bien no muy agradable, patata solo para hacer de reloj del cuerpo. O sea, y perdonen esta disidencia, pero el amor nace donde nace todo, vive y hasta muere allí donde esta todo, en el cerebro, que por cierto, quizá sea por eso mi definición. Un día me parti en dos en el cuarto de baño, con lo que sufrí dos o tres penaciones, como los faraones de Egipto como los señores Mayas de América, cosa por lo tanto que me hace pensar quizá dislocadamente de dos maneras bien distintas.

Sin embargo, a lo largo de toda mi vida he contado muchas, muchísima historias a corazón abierto. De todo tipo y manera, de gente muy diferente. Famosa, desconocida, del norte el sur el este o el oeste del planeta, aunque al final, la verdad sea esa. “Duras menos que un proclamado amor eterno”. Yo prefiero incluso, y ya para terminar, lo que dice aquel grafiti, que un día hicimos juntos en un titular para Hola, cuando Julio Iglesias, que tanto ha cantado al amor y que acaba de recibir una especia de premio Nobel del amor en los grammy. Una mañana de Indian Creek, en su casa de Florida, en el ‘rolls’ lágrimas de oro casi, “yo, Medina, solo quiero que me quieran”…  a lo que yo le respondí, y perdonen por la tristeza de esta crónica: “¡pues no es poco lo que quieres Julio!”.

Traté de demostrarle que en una historia de amor no hay como medir los amores, que es lo que pasa con el sentimiento del dolor. “Que uno siempre, más o menos el otro”, porque no hay aparato que lo mida. Y además, porque a veces el amor es cosa de uno solo, o a veces manera de tres, que es donde ya hay película, y más aún, hasta serie de televisión, que no les voy a dar mas datos por no alargar mas la crónica rosa o azul. También podría ser blanca y negra, que ahora está tan de moda y para terminar y punto final, en el día de San Valentín cuando hicimos hace mas de cincuenta años la película El día de los enamorados, con Ana Mariscal de directora, donde aquellas niñas del cine de entonces, cantaban aquello, que hoy vuelve a recordarse… “Hoy es el día de los enamorados”.

Se hizo copla de moda con George Rigaud, de elegante anciano San Valentín que había bajado a la tierra para arreglar algunas vidas amorosamente. Y es cuando leyendo todo lo que se había escrito hasta la fecha del santo, que arregló tantos amores, tantos que le llegó a costar su propio martirio y que murió ni solteron siquiera dada su edad, sino soltero pero en el cielo está, o estará, de tanto haber ayudado a tantos y tantas por “encontrar el amor en vida”. O ese grafiti que acabo de leer en un viejo vagón de tren olvidado y cubierto de moho, en la estación de atocha sur: “Decirle a la niña Rocío que le sigo queriendo mucho, aunque ella yo sé que ya no me quiere…”

Como la vida misma, pero he cumplido con mi compromiso. Todos los años al misma historia… San Valentín, virgen y mártir.

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