José Luis Perales, el alfarero de la música

Acaba de cumplir setenta y cuatro años. Es un poeta que escribe como canta, y un cantor que canta como escribe. No es un juego de palabras, ni mucho menos. Un día creo que íbamos en el ‘rolls’ de Julio Iglesias, camino del campo de golf de Indian Creek, donde aun permanece en pie la casa, una de las casas  del cantante, según me confesó. Me gustaría escribir como escribe Perales, y cantar como canta un negro de jazz. Esa seria la fórmula mágica de mi sitio en la música. Hace ya muchos años, tantos que muchos de ustedes no habían nacido, el maestro Pedro me dijo un día en su taller de Cuenca: ‘Debes conocer, si tienes tiempo, a un muchacho que empieza a cantar, y que es de un pueblo de campesinos que se llama Castejón. Es hijo de un albañil, y escribe poemas a los que luego le pone música. Va a llegar muy lejos’.

Claro que sí, no faltaba más. Le conocí inmediatamente cuando yo iba a Cuenca con cierta frecuencia, entonces no había ‘AVE’ que te acercara y estaba mas bien lejos, pero merecía la pena, fue cuando yo la llame ‘única’ que ha servido para su lanzamiento turístico. Allí está bajo el puente de hierro, que une las dos orillas del río, uno de los más hermosos monumentos que yo he visto en mi vida. Él, dedicado al pastor con su capa y con su perro, entre chopos, sobre un suelo de hojas amarillas.

Así que conocí al muchacho que cantaba y que había convertido el barro de donde venimos en canciones de amor, de nostalgia, de melancolía. Era un genio sencillo, humilde, con un aire normal, que había estudiado en Sevilla en la laboral con una beca para hacerse perito electrónico, o algo así, y que en los ratos libres, en una humilde habitación de becario hacía canciones para los demás. Luego le entrevisté no sé cuántas veces más, hasta que fue uno de los más grandes, y que acaba de cumplir, el día dieciocho, creo, setenta y cuatro años. Cada día está mejor, y eso que ya es abuelo.  Pedro Mercedes, el alfarero, fue el que le enseñó aquel verso que decía, y sigue diciendo:

Oficio noble y bizarro

De entre todos el primero.

Pues en las artes del barro

Dios fue el primer alfarero

Y el hombre el primer cacharro.

El barro de la vida, de la palabra. De la música que es en realidad la vida, su vida, según su propia confesión. Aznavur, que ya se fue, me dijo un día apoyado en su piano, en París: ‘Ese cantautor de Castilla, que se llama Perales, me gusta mucho. Tanto que me gustaría cantar cosas suyas’.

Sus canciones no pasan, están ahí con la fuerza feroz de su melancolía. A mi me gustaba mucho  ir al Mesón de las casas colgadas de Cuenca, entre otras cosas,  aparte de por su extraordinaria cocina, porque desde allí,  podía ver sentado en su terraza sobre el Júcar al maestro Perales, con su humildad de siempre, tocando una de sus guitarras o escribiendo sobre el velador del tiempo, por ejemplo, aquella aquella canción suya ‘Por qué te vas’ de la que se han vendido millones, sí, millones de discos 0 ‘Un velero llamado libertad’. Las coplas para la Pantoja, su forma de cantar, de decir, de comunicar, como quien habla dulcemente, amargamente. Las historias que de su corazón salieron paso a paso, como ahora en su casa sobre el lago, siempre en la geografía, a veces, abrupta, a veces genial, como es la ciudad encantada que yo he visitado tantas veces.  Ha escrito, para él solo y para otros grandes cantantes que harían una lista interminable más de quinientas canciones, sí, quinientas, y es uno de los grandes en la gloria de los eternos. Con lo que son sus crónicas, en alta voz, José Luis Perales ha hecho soñar, sentir, llorar y sonreír. He hablado con él en la radio, en la tele, en los papeles de las revistas, de los periódico y, desde luego, como no, en ¡Hola! Se casó con Manuela, a la que además le hizo su canción, y de ella ha tenido sus dos hijos. Uno de ellos, el varón le acompaña ahora escribiendo canciones bajo el aire de ‘lapislázuli’, de su geografía de piedra y espiga, de barro y luna, de Cuenca. Le gusta el mar, la mar, claro que sí, y la ha cantado no sé cuántas veces, y de qué forma….

Recuerdo cuando subía hasta el piso de Radio Madrid, en la Gran Via, para visitar a Trabuchelli, el maestro que tanto le ayudó en la producción de sus discos cuando vio en su resplandor humano, la fuerza de su universo. Buena gente, José Luis Perales, que un día sorprendió en Sevilla con aquella historia suya, cantada a media voz, casi como en familia, que llamó ‘Niebla’ y que es la primera de la serie inagotable de sus historias para cantar junto a un fuego de leña de olivo, en una casa de campo mientras fuera aúlla el lobo de la vida. Y de pronto, un día escribe su primera novela y, poco después, la segunda. ‘La hija del alfarero, que es como siempre, parte de su vida. Reportero de la nostalgia, eterno, de corazón solidario, que ayuda a los niños que, por no tener, no tienen suelo ni cielo, ‘Aldeas infantiles’, por ejemplo, es un juglar del amor, que cientos de amores ha hecho nacer y crecer  y, a veces, cuando hace como un romancero  ciego de aquellos que iban por los pueblos  manejando un  puntero.

 El caso de cuenca

Que entraron por la ventana

Por que la puerta no estaba abierta.

Y un san Antonio volvió la cabeza

Para no ver el caso de  cuenca.

Desaparece de pronto, emerge cuando quiere ¡Ay si quisiera publicar un libro de poemas! Claro que no lo necesita, bastará con leer la letra de sus canciones. Héroe en América, callado hasta cuando no quiere serlo. Humilde y grande, de aquel del grupo ‘Los chicos de la luna’, en inglés que era lo que se llevaba a  lo último. ‘Te quiero’, decía una de sus canciones, letra y música suya, pastor de cigüeñas…. ‘De la rondalla, a la gloria’, dicen que a veces , se sienta en la silla  redonda manchada de barro  y  acaricia el suspiro del gran milagro del talento.  Lo acabo de escuchar en la larga noche de insomnio en el programa de los que ponen la calle, los del ‘Pulpo’ en la Cope, antes de que llegue Herrera. Me deja eso un sabor de alfar, de artesano, y artista. ¡Cuánto amor le debe el mundo entero¡ A ver si nos vemos cualquier día de estos, maestro, y nos echamos al cuerpo, un  plato de morteruelo, trabajado con tantas cosas del campo, el aceite del viejo olivo, la perdiz, la liebre y,  sobre todo, el paisaje y mucho más, si está tu guitarra cerca, junto al cuaderno de notas, poeta campesino, viejo laúd de los pueblos, cateto genial, mi maestro, mi amigo.

  • Buenos días,

    Estoy tratando de encontrar un correo de contacto pero, no he sido capaz. Disculpas por hacerlo por medio de comentario. ¿Hay algún correo electrónico para preguntar por colaboraciones de marketing con Tico Medina?

    Muchas gracias y un saludo.

  • Mi maestro y eterno amigo TICO:
    Sabes que me emociona muchísimo leerte SIEMPRE. Hoy, todo lo que dices de nuestro común amigo José Luis Perales, me ha llegado al corazón. Crecí profesionalmente con él, poniendo en la radio sus primeros éxitos, como ‘Cosas de doña Asunción’ y tantas que vinieron después… Felicidades, Tico, y un abrazo fuerte. (Tenemos pendiente darnos un atracón de huevos fritos con chorizo y patatas. ¿Para cuando?)

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