Irene Villa, sabe que se puede

La primera vez, no recuerdo bien la fecha-aunque podrí ahora mismo llamar a Esperanza y que me la diga en ¡HOLA!-  que entreviste, más bien diría conversé, que es distinto aunque parezca lo mismo, hacía poco tiempo, tal vez demasiado poco, que había perdido las dos piernas, y tres dedos de una mano, en aquel terrible y criminal acto terrorista de Eta cuando su madre la llevaba en el coche al colegio.

Aquellas fotos primeras, tremendas, dieron la vuelta al mundo. La madre de Irene, también había sufrido la amputación de una pierna, y otras heridas muy graves de las que sobrevivió, digamos que casi milagrosamente.

Hablamos en aquella terraza de la casa en la que vivía, y estaba con ella su madre que tanto significó y representa en la vida excepcional de su hija. Fue aquel  15 de octubre del noventa y uno, que aún recuerda uno, con solo apretar la memoria. España entera estuvo pendiente día a dia, hora a hora, de cómo iba sobreviviendo, resucitando del durísimo trance aquella niña madrileña, que acaba de ser arrancada casi de la vida con tan pocos años. En cuanto me fue posible, de los primeros, la entrevisté. Y después de aquellos primero doce años, ahora que acaba de cumplir cuarenta, hace unas semanas tan solo, algunas veces más he coincidido con ella. La he visto crecer como quien dice, en todos los aspectos, convertirse además de en una mujer líder de la esperanza, en una verdadera capitana de la fuerza personal, del periodismo activo, siempre estando donde debe estar sobre sus dos piernas postizas cada día más guapa y no es un piropo, sino una verdad, siempre echando por delante su sonrisa ejemplar. Yo la leo todas las semanas en una buena revista femenina  titulada su columna Saber que se puede y en la que cada día  escribe lo que siente y lo mejor, siempre, siempre , empapado de esperanza, de valor personal,  más que una editorial comprometida, algo que en ella es cierto porque a pesar de todo, a pesar de tanto, Irene Villa González ha llegado bien alto- no solo a convertirse en un personaje popular, que es más que famoso,- sino también en una periodista de raza, muy buena, certera, actual, en la delantera de la opinión siempre comprometida, no escribir por escribir, sino siempre más allá, sintiendo, contando, y sobre todo no desde la lastima merecida, ni de la autocompasión sino desde el optimismo, la ayuda, el compromiso, sin ñoñerías, a corazón abierto, tanto en sus libros de los que ya lleva escritos- creo que cuatro- siempre con nombres fulgurantes. Nunca es demasiado tarde y así hasta cuatro, y el que siempre está escribiendo, pase lo que pase en su vida, como ahora que desde hace unos días y en ¡HOLA! abrió su sentimiento para contar que se estaba separando de su marido con el que había tenido hasta ahora tres hijos, de los que también había ido dando cuenta desde la noticia siempre, en cada uno de sus nacimientos.

Irene hace radio, televisión, en secciones, de opinión y de análisis, escribe en los periódicos, da conferencias, y siempre está al otro lado del teléfono cuando se le llama a su fundación para todo aquello que de ella se necesite, es además una mujer elegante de fortísima personalidad y acaba de vivir estos días sus primera navidades sin esposo. Vale. lo ha hecho respondiendo a las preguntas que sobre el tema se han hecho lógicas en estas fechas, indicando, que “ sin embargo no todas las puertas están cerradas y que siempre hay un camino abierto con el hombre de su vida,  el italiano guapo, que además consiguió  el titulo de piloto, y que durante muchos años hombro con hombro con esta mujer única, ha ido viviendo los  duros temporales a veces de su vida cotidiana, ella nunca dio tregua al desencanto, ni demostró  jamás, el mínimo temblor en su actitud, o al menor nunca lo supimos ni se lo notamos que es también una manera de ser, excepcional en todos los campos. Es por si fuera poco, conferenciante muy aplaudida, y en lo deportivo incluso ha llegado a conseguir en los juegos olímpicos de la nieve para discapacitados, títulos nacionales. Vale lo que pesa en oro, y en esta navidad que vivimos, y en la que también convivimos y sobrevivimos, me gusta enviarle este racimo de palabras camino de la noche de las uvas, y en la puerta del día de inocentes en la que trataran como siempre, según es costumbre, colgarnos en la espalda el muñeco de papel de nuestra incomprensión cotidiana.

A mi particularmente, me ha enseñado siempre mucho y me ha ayudado en mis goteras de viejo y en algunas otras dolorosas y añadidas, que igual también es verdad, que me las merezco, me basta y me sobra con leer sus columnas, asomarme a sus libros oírla como a veces en la Linterna de la Cope, en las noches por la radio, en mi emisora que es esa, y es por eso que le deseo de corazón, que encuentre lo que sigue buscando que se le arreglen las cosas, si es que merece la pena, y que ya sabe, siempre, donde me tiene, porque lo que hace, en su vida o en su obra, es un ejemplo, y porque demuestra siempre de una manera directa,  como en aquello que peleamos, que deseamos, que merecemos, podemos conseguirlo. Saber que se puede es más que el título de un  libro, es una realidad , una espada y  un escudo al mismo tiempo. Cuenta siempre conmigo,  Irene Villa.

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