EL milagro de Aute

Incluso hace poco, creyeron, y hasta en alta voz lo dijeron algunos medios con tristeza. Aute ha muerto. Mentira porque Aute está más vivo que nuca, aunque solo sea ya una sombra dorada de aquel que fue tantas cosas. Porque Luis Eduardo Aute es muchas cosas a la vez, por lo pronto.

Un cantautor.  Al alba o Rosas en el mar y más de un ciento de otras.

Pero es que además de escribir canciones y cantarlas con una manera única, suya, entre lo triste y lo sabio, a veces un vagabundo bajo el puente de la vida, entre el llanto y la sonrisa, juglar del amor por siempre, Aute es poeta y bueno

Escultor. Pintor y de gran renombre. Servidor tiene dos obras de él, una grande, las dos me las regalo, de una sirena en la playa, de la que está enamorado un chico de buen ver,  y otro lienzo más pequeño, con una boca de mujer, tipo Brigite Bardot, y una rosa de tallo largo. Hasta ahora están conmigo aunque la  grande la tengo prestada a uno de mis hijos.

Además, Aute, es actor y director de cine. Y en su curriculum dice que habla varias lenguas, incluso tagalo, que es un idioma de la calle, que guardan los filipinos de su paso por aquellas islas, durante tiempos pasados. Porque Luis Eduardo, que acaba de cumplir como quien dice, los primeros setenta y cinco años, nació en Manila, tierra que yo conozco muy bien y de la que tengo gratos recuerdos. Escritor, formidable, y en consecuencia, genio.

Bueno, pues ayer mismo, anoche, le rindieron un homenaje los veinte mejores cantantes de esta España que canta todavía, la de los que más o menos tienen su edad y su sitio. Fue una noche memorable, ciertamente merecida, a la que, con gran pena, ni el protagonista, o sea él, no pudo acudir, por prescripción facultativa.

Pero le aplaudieron en la voz de sus leales. Y el, en su sitio, en su pequeño jardín, en su casa, quizá también me dicen que en el hospital con un hilo de vida, sonreía, mientras por la radio sonaba el inmenso homenaje. Yo también que no se cantar, nada de nada, si acaso algún villancico, también le canto hoy en nuestro blog semanal, para todo el mundo, recordando que la primera página entera que se le dedico, fue aquella de las mía ultimas, de Pueblo, cuando Loygorri que era el rey de la noche escrita, me lo presento un día hace ya como poco cincuenta años. Está a en las hemerotecas. Estaba por entonces cerca, de aquella Maassiel, mítica, legendaria, que ahora desde su resplandeciente ceguera, pobre niña mía, guarda una memoria  fantástica de aquellos días del Lalala cuando triunfo cantando, en Europa.

Como pasa el tiempo, queridas y queridos míos, que aun aguantáis a este viejo contador de historias. Recuerdo que fui a su casa con una espléndida terraza en el Paseo Rosales de Madrid , junto a su madre que era una de las más bellas damas de su tiempo. Guapísima. Con mucha clase, elegante, y aquel muchacho, alto, flaco, con aire de poeta romántico, que me canto aquella tarde en el  hermoso Madrid, creo, que era un día de primavera. Primero descubrí que era un poeta, sin duda, y luego que le esperaba el éxito, sin duda, trabajador, inventor, gran viajero, que llego a ser no solo un grande en la música en el tiempo de Sabina, de Serrat, de Víctor Manuel, por dar solo tres nombres, y  que ayer también le rindieron, su homenaje. Lleno hasta a arriba, y la respuesta de todos.

-¿Y por qué no ha venido él?

– Es que sigue estando malito.

Su corazón le ha dado muchos sustos. Tantos que para curarse, casi siempre en la ribera del coma, se fue incluso a Mexico y en Cuba estuvo no se cuanto tiempo, intentando mejorar su salud, siempre, en lo ultimo siempre quebrada. Fíjense que hubo un día que nos dio un disgusto a todos. Que te digo que se ha ido, aseguraban. Pero se sobrevivió a sí mismo, y regreso del túnel del mas allá. Tiene el pelo largo, más que blanco, rubio, desmadejado y esa mirada de estar siempre al otro lado, viendo pasar la vida, en su estudio junto a los suyos. Es un quijote con el alma de Neruda. Digo yo, por decir algo, después le entreviste muchas veces, atendí a su triunfo, se hizo más que famoso, popular, y l quería todo el mundo. Tiene hijos, una esposa que le sufre cerca, y el cariño de los innumerables de España y América entre los que naturalmente me encuentro.  A veces me envía un libro gordo,  con poesías suyas, muy buenas, dibujos casi recién hechos, y hasta una guedeja me parece encontrar de su pelo de violinista. Y alguna línea por él escrita. No es fácil verlo, ahora, en carne y hueso, más hueso que carne, me dicen, pero su obra está más viva que nunca, más grande, gigante, su último disco en juego.

Le recuerdo, desgarbado, sonriente, elegante en su figura, siempre, casi siempre, masticando un verso. Ayer hizo suyo su por ahora último milagro.

Por que anoche había en Madrid, en su homenaje, lo que a veces escribo. Más estrellas en el suelo que en el cielo.

 

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