A la Duquesa de Montoro el día de su cumpleaños

Niña, sabes que para mí siempre serás niña, no me atrevo a decir “mi niña”, pero eres una de mis debilidades, y la verdad es que a estas alturas de mi vida, ya me quedan muy pocas.

Pero tu eres, y lo sabes, una de ellas. Porque además de todo Eugenia- hija de la Duquesa de Alba a la que yo quise tanto, y de la que escribí sus memorias estando tú- entonces sí que eras una niña de verdad, que hay fotos en las que estoy llevándote en brazos en Liria, junto a tu madre a caballo, que hace ya de eso, casi cuarenta años. Te veo ahora mismo aquí entre mis libros, entre mis fotos, junto a una imagen excepcional de tu madre bailando con esas manos que ella movía como nadie, que hasta Enrique el Cojo- su  maestro- me decía cuando ella acudía a dar su clase de baile un día sí y otro también en el barrio de Triana en Sevilla.

–        Es que esa mujer, cuando baila flamenco demuestra que no ha tenido que aprenderlo porque el duende no se aprende, se viene al mundo con él, en la masa de la sangre.

¡Ay la masa de la sangre, Duquesa! Tu llevas eso también, en tu actitud constante, en tu manera de ser y tu forma de estar, querida niña, en tu valentía, en tu risa, que te devoras la vida a bocados, cada día en cada cosa, en cada sitio, en cada momento de tu vida. Ahora, por ejemplo, digas lo que digas, y en la que tanta razón llevas en tantas cosas, digan lo que digan los que dicen lo contrario, con tu alegría, tu valor, tu manera de amor, que es bien cierta, y brillante por ue si hay algo que no sabes hacer es mentir, divagar, y mirar para otro lado.

Niña, me gusta verte feliz como ahora te veo, sobreviviéndote a ti misma, que eres tu mejor  amiga y tu peor enemiga, como corresponde a la gente, como tú que siempre echa el corazón por delante, aunque en ello te juegues el hecho y el derecho.

Adelante, que te veo estos días, como dispuesta a decir lo que sientes, lo que incluso hasta presentes. Cuanta envidia tengo a ese hombre, que está a tu lado hombro por hombro, aunque tengas que colgarte de su cuello para poder darle un beso. Nunca Eugenia, Duquesa de Montoro y no sé cuántos títulos más, te he visto más feliz que ahora y eso llena de alegría a estos viejos huesos, que soportan mi salud hecha pedazos. Me gusta no sabes cuánto verte dormida en el AVE, por ejemplo, o cuando te vistes de bruja coruja, o cuando te vas tan lejos a casarte por lo forestal, o cuando hablas que subes la audiencia de la tele y haces crujir la radio, y das siempre a los periodistas de papel titulares a mansalva. Llena de vida, a veces de rabia, pero sin perder esa sonrisa de niña que acaba de romper una muñeca de su colección privada, pero está dispuesta a seguir teniéndola por encima de todo y de todos.

Niña, me gusta mucho tu niña, ya sabes. Le veo gracia y peligro, igual que cuando tú te casaste por primera vez, que yo recuerdo. Formas parte de mi memoria inolvidable en cualquiera de los hechos de tu vida tan intensa, tan espléndidamente verdadera, que no hay más que ver las joyas que a veces inventas, o cuando dices que entre los recuerdos más tristes de tu vida, esta la muerte de tu padre Luis; aquel señor formidable al que siempre recuerdo en su despacho de la planta baja de Liria . Con su mano derecha en el bolsillo derecho de su traje diplomático de rayas, impecable y con el que tuve el gusto, y el honor, de hablar más de una vida a lo largo de su vida.  Los demás, por decirte la verdad, aunque me interesen, me importan menos. Además ya estas tu ahí para definir, en un deseado momento de sinceridad, lo que piensas, lo que dices, lo que sientes.

Yo sé bien, lo que quieres ser de mayor, aunque estés cumpliendo cincuenta años. Porque lo que haces, niña, es cada año cumplir un año menos, porque eres capaz de todo, de tener un cerdo color rosa en casa,  como si fuera una mascota entre porcelanas, o vestir  como te da la gana o ser, sin querer ser, eso que ahora se llama, una “influencer”. Te admiran niña , ya sabes, que eres capaz que este viejo que soy sea capaz de decir en público que “es el tuyo el ombligo más fascinante del verano español, sin duda alguna” y que en lugar de mandarme los abogados, que podrías hacerlo sin duda, me mandaste un beso con un amigo común, de los que tu quieres tener, que son siempre,  aunque a veces te equivocas, los peores. Pero en fin, que quiero decirte, que si algún día te decides, si es que te da la gana, aquí me tienes, para hacer si, tus memorias, Duquesa de Montoro. Ya sabes que he escrito las memorias, de Julio Iglesias, del Cordobés padre, el califa, de Lola Flores y que a mi forma voy desgranando las mías, poco a poco, como el que se desangra, con las venas abiertas de todo lo que de los demás, aprendí como en aquellos días inolvidables, únicos, cerca de tu madre, tanto en tu casa en vuestra casa de Liria, o de  Dueñas, o de  aquella casa de Marbella , donde los tres,  Cayetana, y tu de su mano, y servidor de traje de gala, paseábamos descalzos por la arena de la mar mediterránea que a tu madre le gustaba tanto. También tengo a Cayetana llevándote a la gitana, esto es despatarrada en su costado, como solo saben hacerlo las gitanas que pintaba Julio Romero de Torres, por dar un ejemplo.

Niña Eugenia, que ya sabes dónde me tienes para ayudarte, si es que me necesitas, aunque si acaso seria al  contrario.  Siempre estas  donde debes o puedes estar, pero nunca donde es imposible  tenerte. Me gustaría, eso si, un día encontrarme contigo en Montoro, esa ciudad de piedra roja, junto al Guadalquivir, con el corazón de aceite de oliva, cerca del carpio, donde tanto le gustaba a tu madre pintar sus cuadros. Ahí nació, ese caballo  veneciano que un día me regalo Cayetana de Alba.  También en su casa preciosa de San Sebastián o en esa Ibiza, de entonces , junto a esa hamaca americana, entre los dos viejos arboles, con el mar más antiguo del mundo, tan cerca y a la vez tan lejos y que ahora añoro tanto.

Eugenia, gracias por  tu mensaje constante de vida y de rebeldía. Gracias por lo que dices y también, por lo que callas. Acepta este ramo de, por ejemplo, margaritas de cuneta, o jazmines de papel, que te envio con motivo de tu cumpleaños. Gracias por tu inyección constante de amor. Sé que eres, feliz, de lo que me alegro tanto, no todo el mundo lo es, y además, lo dice en alta  voz en este tiempo de tanta basura junta. Tuyo, más que nunca. Tico medina.

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