¡Aquel Miguel Bosé de hace 35 años!

Quedamos en vernos en la Navidad del ochenta y cuatro (que muchos y muchas como ahora se dice ni habían nacido siquiera), en Milán, una ciudad que le gustaba mucho a Miguel, aparte de que era ya capital mundial, o europea -por lo menos de la moda- entre otras razones, porque era la tierra de su madre, Lucia Bosé, uno de los mas interesante personajes: bellísima, inteligente, romántica, luchadora de causas imposibles, coleccionista de arcángeles, cabello azul al viento siempre y con la que he tenido el inmenso gusto de charlar muchísimas veces.

Y allí nos vimos, aquellos días de invierno, primero en el hotel en el que los dos teníamos la cita, y del que me traje por cierto (ahora ya puedo decirlo esperando que mi delito haya sido  olvidado) un calzador de madera brillante que conservo todavía entre otras razones por que me sirve para ponerme los zapatos , cosa que a los ochenta y cuatro y con los huesos rotos, me hace posible el milagro. Así que miren por dónde, casi cada semana, una vez por los menos, recuerdo de aquellos días en los que Miguel Bosé me abrió su corazón (creo) siempre de actualidad en sus gritos y sus silencios, -mas de los segundos que de los primeros-, y de máximo interés en estos días que vivimos y en los que dicen que Miguel está en un momento difícil, como todo el mundo sabe. O por lo menos sobreentiende.

 

No es sin embargo de este Miguel de hoy del que quiere hablar este cronista, tantas veces reportero el corazón,¡y a mucha honra!, sino de aquel siempre brillante y creador. No en vano, además de ser hijo de una madre bellísima  y de un padre valiente y mítico torero como fue Luis Miguel Dominguín, al que después, llegué a querer tanto cuando ya vivía su final en Sierra Morena, en aquella finca inmensa llamada de la Virgen, en la que tanta veces estuve con él  cuando el genio madrileño había cambiado de estilo de vivir, y más que de vivir, de saber cómo esperar a la muerte que llegó pronto. Y lo digo hoy cuando escribo este retrato del pasado, a las puertas de los días que se celebran las fiestas del adiós, primeros de noviembre, cuando ya en el calendario se recuerda que vienen las fechas de los santos y los difuntos, que al fin y al cabo es lo mismo.

A lo que voy después de este largo prologo de explicación necesaria. Yo había conocido casi de recién nacido a Miguel Bosé en su casa de las afueras de Madrid, en aquella casa de campo de tanta personalidad, donde además, siendo bebé, dormía en aquella cuna antigua, preciosa, y su madre Lucía, le tapaba para defenderle de lo velazqueño, entre las encinas y los olivos con un capote de paseo, de su padre, iluminado por la mano genial de su excepcional amigo de la casa. Ni más ni menos que por Pablo Picasso.

La verdad es que desde entonces  había hablado mucho con aquel chico de tanta clase, de tanto estilo, del que un día me dijo su padre, torero extraordinario que enamoró entre otras, por ejemplo, y es un hecho ya mil veces contado, a Ava Gardner, sin duda una de las damas mas hermosas que uno ha conocido  lo largo de su historia profesional.

Un día  Luis Miguel Dominguin me  descubrió, cuando el aún toreaba. Hacíamos un programa de televisión (que me río yo de los que hacen ahora), que se llamaba JUICIO SUMARISIMO en el que acusábamos a todo el mundo de la actualidad en aquel estudio especie de garaje de la Avenida de la Habana en Madrid. Insisto mi compadre Yale, Felipe Navarro, Cordobés, enorme reportero, que era el padre de JULIA NAVARRO, la extraordinaria novelista que acaba de sacar su ultimo libro de casi mil paginas, titulado TU NO MATARÁS que ya está siendo un ‘best sellers’, como todos los suyos.

-“Le acusamos a usted de ser el culpable de la muerte del torero Manolete”.

Por que decían que la  fascinante rivalidad que existía entre  los dos en el ruedo y en la calle, había sido la causa de que aquella tarde de agosto del cuarenta y siete. El valor de los dos se había puesto a prueba una vez más y el torero Cordobés había sido el perdedor, ya que el toro de Miura le dio aquella inmensa cornada en la plaza de Linares, “cuando mas brillaba el sol”.

Luis Miguel, se apretó el nudo de la corbata, y respondió, que parece que os estoy viendo.

-“Están ustedes muy equivocados, yo no me llamo Islero, como aquel toro del que hablan, sino que me llamo Luis Miguel Gonzalez Lucas, para servirles”.

Digo esto, cuento esto, porque no me gusta hablar de oídas. He vivido mucho, y siempre ha sido para contarlo,  así que puedo decir y digo, que otro  día en una cervecería muy buena de Madrid de la calle Fuencarral, Luis Miguel me descubrió.

-“Quiero que sepas, que mi hijo Miguel, ahora resulta que se me ha hecho cantante. Y a mi no me hubiera importado que hubiera sido torero, aunque no llegara nunca a la categoría de su padre”

Orgullosamente rompedor,  Luis Miguel Dominguín, hace tantos años. Le respondí.

-“Será muy bueno también, maestro. No te olvides que es hijo de dos leyendas, tu y Lucía.

Cierto. De las dos estrellas rutilantes, Miguel Bosé reunió en su propia sangre la enorme personalidad que le ha hecho ser también primero en lo suyo, en su forma de cantar, de vestir y de vivir incluso. Le seguí de cerca muchas veces y muchas fueron sin duda para Hola, nuestra casa. También le entrevisté para televisión en la casa de su hermana  en el campo entre piedras de Extremadura o cuando estaba en la aventura empresarial. Siempre ha tenido una clase especial para comprar y vender, y estaba dispuesto a vender el mejor jamón de la historia. Si que sé, que su padre un día me descubrió en su finca, la Virgen, desde la que se veía la ermita de la Virgen de la Cabeza, que yo pregoné en su día y a la que asistieron como siempre, cerca de un millón de personas. Una de las “peregrinaciones de la fe” con el Rocío, mas impresionantes de las romerías del sur de España.

-“Algunas veces  Miguel,  viene por aquí, aunque no creas que le gusta mucho cazar como a mi. Vive en una de las cabañas africanas de la  finca….y me gusta mucho hablar con él, es muy inteligente y además un  artista completo, que cautiva a todo el mundo”

Tanto le quería su padre que creo que en su testamento le dejó no se cuantas hectáreas de la Virgen, que según la voz popular, tenía o tiene todavía, aunque ya no es de la familia, mas de diez mil hectáreas. Si que les puedo asegurar, que he estado en ese lugar único, un buen pedazo de esa particular geografía, montaraz, y he escuchado en la noche la berrea de los ciervos, y el berrear de los mas grandes jabalíes que he  visto en mi vida. Lugar de los últimos linces también y donde además, LUIS MIGUEL DOMINGUÍN, aprendió a rezar en la compañía de la que fue su última compañera, aquel ROSARIO inolvidable, que lo enterró al final en su casa cerca del mar, en Sotogrande, lugar hoy de la “gente de oro” de Europa.

Bueno, pues que en Milán, estuvimos hablando varios  días, hicimos fotos por toda la ciudad, acudimos a más de alguna tratoria de buena pasta, que conocía muy bien Miguel, y que al final, hicimos un buen reportaje, pre-inicio de unas memorias que nunca terminamos del todo, en aquella casa palacio de aquel experto en  artículos de piel; en el mismo pueblo en el que había nacido el papa Juan Veintitrés. Un  Mgiuel Bosé con un auténtico aire de modelo, bello y sonriente, de blanco todo aquel tiempo, del que solo  deseo ofrecer un buen titular que ahora tiene una enorme actualidad, milagro de mi hemeroteca, que es la de Hola.“Milagro en Millán” era el titular de la pieza.

-“Quiero tener un hijo y disfrutarlo pronto, cuanto ante; antes de tres o cuatro años como mucho. Deseo encontrar una mujer, con la que convivir y con la que pueda seguir trabajando”.

Le desee lo mejor.  La vida no siempre da todo, ni siquiera a sus jóvenes dioses. Pero sí que ha podido reunir cuatro hijos adoptados, con los que ha vivido en silencio, discretamente por medio mundo. No hay una sola foto que no sea robada, de este fruto de largos años de espera. Ahora todo son rumores. Cábalas. Secretos a voces, pero yo quiero recordar en esta páginas de mis memorias aún no del todo escritas, aquel arcángel de seda blanca que tenía un brillo especial en los ojos. Un resplandor distinto,  la suma de dos fulgores. Me gustaría volver a verlo, y que nos encontraramos a tomar una pizza, fuera de lo profesional. En secreto. Discretamente, joven maestro. Cincuenta años de vida , sonrisas y lágrimas, claro, pero la misma misteriosa magia. Brindaríamos con  aquel chianti, nada despreciable, aunque no me deja el médico. Pero sería un buen momento para poder comprobar como de dos mitos, puede, que no es fácil, nacer otro mas fuerte, poderoso, distinto, aunque a veces sea también, papito, tan distante….

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