Ana Carrasco, la guerrera rosa campeona del mundo de motos

No tengo el gusto de conocerla todavía, las cosas como son- digo personalmente- aunque la vengo siguiendo por eso que se llama la “vieja intuición”, y no pierdo la ilusión por poder darle algún día los dos besos de mi admiración y mi respeto. Porque lo merece sin duda. Fíjense, que acaba de írse para siempre, ese enorme cantante que fue-y que seguirá siendo porque forma parte ya de la historia- el pequeño gran Charles Aznavur voz de platino, cabello de plata, historia de oro, y sin embargo hoy me atrevo a reemplazarlo, es un decir, con la imagen y la historia de esta chica murciana, de 21 años nada. Acaba de conseguir, no sin un  gran esfuerzo por su parte, un campeonato mundial de moto. En su Kawasaki se ha alzado con el título mundial en una competición feroz, en la que participan incluso caballeros del motor en un oficio en el que tenemos los mejores del mundo, hasta ahora.

Y sin embargo ella ganó después de la larga porfía de muchos años, porque su padre- propietario de un taller de arreglo de motos en  Cehegin- le puso  el corazón la marca de la casa, el caballo de acero.

Y hasta hoy después de haberse roto la clavícula, luego de jugarse la vida, siempre, en lo que era la ilusión más grande de su vida: “Llegar a lo más alto, ser la primera”. Y lo ha conseguido, en Francia. Siempre sonríe cuando responde a las preguntas de los periodistas de todo el mundo que la traen frita después de su éxito. Único el triunfo, no se olviden, y sobre todo, para España, en el mejor momento deportivo de su corta vida. Le gusta lo que hace, entrena todos los días, maneja las maquinas de su tiempo, todas, y vale lo que pesa que es muy poco, tanto es así que  para competir tuvieron que ponerle en la moto un peso de catorce kilos porque no daba, es flaca y musculosa, el peso necesario. Es una campeona en un mundo de campeones, y tiene para estar ahí arriba, de la moto y del podio, que no comer chocolate que le encanta y los helados de lo que sea, que en su tierra hace mucho calor cuando lo hace. Tiene un secreto, siempre se pone primero el guante derecho, pisa con el pie derecho el  acelerador, para empezar y adelante; a por el premio.

Hubo un tiempo en que la llamaban “Lady gas-gas” actualmente, estudia la carrera de derecho y tiene dos hermanos. Continua viviendo en la casa de sus padres. No tiene novio, añado yo por mi cuenta porque no figura en su retrato íntimo, eso sí, se la conoce por la guerrera rosa, por que se sigue creyendo que ese color es el más débil, el de la mujer, cosa que cada día como ella misma demuestra, se va quedando antiguo. A veces levanta el dedo como diciendo “soy la que soy”, sobre todo cuando la han coronado de besos y de aplausos, pero es sencilla y trabajadora. Todo lo ha dedicado al que fue su héroe, aquel Luis Salom inolvidable. Fue la primera mujer que, a los dieciséis años de vida, casi con calcetines, subió a una moto de competición, ganándolo naturalmente. Ha dicho en alta voz a los que han querido escucharlo:

-En la moto no hay machismo, aunque lo que si hay es la desconfianza, hacia lo que pueda ocurrir en la lucha.

En la lucha de las motos. También ha confesado, siempre con la sonrisa en el rostro.

-Ahora que ya soy más o menos famosa, seré más reconocida en mi trabajo, pero no me importa eso, me hace crecerme en lo mío, el saber que aquello que ni pude soñar en mi vida lo he conseguido. Ahora es todo más difícil, pero siempre, merecerá la pena hacerlo. Y a entrenar todo el día, a veces un libro de derecho.

-Pero y siempre hablo en plural, por que no es solo mi trabajo, sino la confianza en los míos, en la casa y en el equipo. Ellos se merecen, todo mi esfuerzo.

Su segundo apellido es Gabarron y se ha escrito ya en todos los idiomas, que es sin género de dudas, “una luchadora incansable”. No la dejan respirar estos días, todo el día entrevistas, opiniones, estudios de televisión. Pero es el gran momento de Murcia, a la que yo por otro lado quiero tanto. Ella también lo dice, humilde, insisto, con su camiseta, y triunfadora.

También es el año de Alejandro Valverde, toda la vida encima de su bicicleta, que este año ha conseguido hace poco, llegar a ser como yo, campeón del mundo en lo suyo. Eso me hace mas feliz todavía.

La canción ya lo dice Murcia que hermosa, pero ahora, sin duda, más que nunca.

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