El ratón Mickey Mouse cumple 90 años

Había tal día como hoy muchas cosas que contar, muchos retratos con su nombre y su apellidos, pero de pronto descubro -hasta en los confidenciales más exigentes- que hay un personaje importante y trascendente, porque no solo causo sensación y alivió a los viejos como yo, sino que todavía sigue entreteniendo a los de nuestra generación y más aún -quien lo diría-, a nuestros nietos.

Por lo mucho que en mi longeva vida ya represento  y por lo mucho que aún hoy significa, aquí está hoy este blog del servidor de ustedes, quisiera dar las gracias.

Por todo.

Y les contaré por qué.  Hay una calle en Mojácar (Almería) uno de los pueblos blancos más hermosos no solo de España, sino de Europa y del mundo entero, que se llama tomen nota, Tico Medina. No es la primera, y perdonen la inmodestia , pero les contare por qué.

Durante mucho tiempo y aún lo hago con gusto, defendí la idea en todos los medios, incluso hasta en los círculos científicos, de que el padre del ratón más famoso del mundo, Walt Disney, nació de padres mojaqueros, en los Estados Unidos. No hay criatura viva más popular en todos los sentidos que este sabio y genio a la voz, que fue el padre no solo del ratón del que hoy celebramos su cumpleaños,  sino de esa enorme familia fabulosa que nació de su pluma de dibujante y de su talante y su talento, del que aún hoy disfrutamos a través de su factoría, que ha hecho posible un ejército de la alegría, la imaginación y hasta del dinero mismo, convirtiéndola en un mundo de fantasía, de ilusión y de perfección a lo largo de casi un siglo de historia.

He querido demostrar, y lo he hecho, sabiendo lo que me digo, que los padres del genio emigraron a los Estados Unidos, aunque nacieron en Mojácar. Era un matrimonio de trabajadores totales que escaparon a  Norteamérica buscando pan que llevarse a la boca. El padre se llamaba José y estaba enfermo de silicosis, que era entonces el “mal de la mina”, que atacaba a los huesos. Su esposa, también almeriense, disfrutaba, es un decir, de una salud de hierro. Los recogió como overos agrícolas una familia de americana que los puso a trabajar a sueldo en su granja, en tierras de maíz, donde pronto nació aquel chico al que pusieron de nombre Walt y de apellido Disney, que era el de la familia que los contrató en su campo y les dio techo, suelo y cielo, como dice la historia.

Un viejo médico de Mojácar con el que yo hablé hace cincuenta años como poco, que estaba encargado del estudio de la leyenda, me dio por primera vez en su casa llena de flores y con al mar al fondo, los primeros datos. Aunque sea ponerme medallas les contaré que en la radio -en la tele, entonces no había blogs como hoy, como este que me cuentan que se lee en todo el mundo, sobre todo por el resplandor de ¡HOLA!, siempre generosa conmigo y sobre todo en los periódicos, en  conferencias, etc.-, hice mía la historia fascinante, que por ejemplo encontraría en una afirmación e su niñez, aquel dibujante, que había merecido hoy el premio Nobel, de la Paz, sin duda, escribiera. De su propio puño y letra.

-“Los ratones tenían mucha importancia para mí porque forman parte de mi niñez, no solo en la granja sino por parte de mis padres, que me contaban de los que formaban parte de la escolta habitual en sus tiempos lejanos, y tenían que defenderse de ellos para compartir, el queso de cabra de sus años más difíciles…”

Como todos los animales, pequeños y grandes, que forman parte de su testamento, sin duda. Uno de los más ricos, divertidos, filosóficos y trascendentales de la historia de la humanidad, que si ahora acaba de aparecer el que posiblemente sea el dibujo más antiguo del mundo, en Sudáfrica creo, con una edad aproximada de quince mil años. No es esa mi edad, claro que no, pero sí, el decir, que cuando Disney empieza a publicar su genio, servidor aún no había nacido, si bien lo hice seis años más tarde, en el treinta y cuatro, así que ajusten cuenta.

Por si fuera poco, reivindico, la presencia del ratón en la humanidad, aunque no me guste verlo, las cosas como son, correteando por la casa, en la de mi abuela en mi pueblo había no saben cuántos, pero lo que sí puedo y quiero decir hoy es que miles de ratones mueren cada día a manos de los seres humanos, en los miles de laboratorios que por el mundo son. Por lo visto, por lo leído, por lo sabido, se parecen algo a nosotros por dentro, y gracias a eso en ello se prueban en silencio medicinas livianas y feroces, para que el ser humano, a veces no tan humanos, puedan seguir viviendo. Algún día habrá de escribirse la historia verdadera de estos animales, “malditos roedores”, que mueren sin que nadie les dedique ni una sola línea  y gracias a los cuales los humanos podemos ir por la vida más saludables, pero no por eso más generosos.

Cobayas, desconocidos que agonizan en los laboratorios, ratones sin  nombre sometidos a la angustia, enfermos por nosotros mismos, que quizá algún día escapen. Ratones, caballos, perros, etc. Para contarnos su verdadera historia, héroes ínfimos en un tiempo de gigantes.

En fin, que Mickey Mouse ha cumplido dos orejas negras, un pantalón rojo, rabo largo, ojillos brillantes, una edad considerable, pero que aún así está más vivo que nunca. Es capaz de vivir aventuras sin fin en contra de los gatos, los perros, saliendo, escapando de su agujero, siempre, lleno de aventuras sin fin, para que el que hoy además, pido el premio Nobel de la solidaridad, que sin duda lo merece más que muchos de los que de eso presumen. A él, y a toda su familia, que hicieron posible soñar con los ojos abiertos en el cine, en los cuadernos de niños, en la tele, en las ciudades mágicas creadas por la imaginación de un ser humano que mereció el título de divino. Así que felicidades, querido ratón enamorado, travieso, aventurero, eterno héroe de nuestra niñez, y también de la de nuestros nietos. Gracias por todo, en él alumbra y resplandece el carácter de la leyenda, de los mejores españoles de su tiempo y del sobre todo, el mío. Qué pena, qué difícilmente no esté yo aquí para celebrar su centenario, que ya tendría noventa y cuatro años. Pero por si no, aquí está mi agradecimiento y el de tantos de ustedes como siquiera por una sola vez, están de acuerdo conmigo.

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