Robert Redfor, el hombre que susurra a la leyenda

Él hizo en su día- ya recuerdan- aquella película inolvidable, El hombre que susurraba a los caballos, y de ahí lo de nuestro titulo de hoy. No es la primera vez que escribimos su nombre en nuestra ya larga galería, inagotable de personajes. Ahora quizá con más razones que nunca. Acaba de anunciar al mundo entero, que dada su edad, va a dejar de hacer cine. Eso sí, como actor, pero que continuara cuándo quiera y cuándo pueda, dirigiendo. Menos mal, que nos había dado un susto. Desde hace mucho tiempo, aunque no he tenido la posibilidad de entrevistarle personalmente, si bien lo he tenido muy cerca. Hay una especie de leyenda urbana sobre él – con visos de total realidad- en la que se cuenta como hace ya muchos años, un hombre rubio con su pelo entonces, con aire de hippie, visitó  el sur de España, macuto al hombro, cuando aún no era tiempo de mochilas como hoy que las encuentra uno en todo el mundo. Vale, iba acompañado de una bella mujer, que además atendía por Lola.

En Córdoba me lo han contado muchas veces, en el restaurante el Churrasco donde comió salmorejo que no tenía la fuerza vitamina y refrescante que tiene hoy por todo el mundo. Bueno, pues es verdad, él mismo lo ha confesado ahora cerca de su cumpleaños (82) desde su rancho inmenso de Utah, donde se dedica a tres cosas:

1.  Estar atento a sus cinco nietos, que por cierto me gana por uno, que yo tengo ya tengo otro en camino. Pero hay más, aparte de los nietos.

2.  Se dedica a leer guiones, de los que les mandan todos los días, a ver si se decide por uno, aunque sea el último para actuar o para dirigir lo que a él le dé la gana.

3.   Esto es importante que lo sepan, quiere que siga adelante su fundación, que está muy cerca de los asuntos del corazón, concretamente de los trasplantes.  Porque se le murió un niño, nada mas venir al mundo por culpa de eso, de algo que aún no se ha podido dilucidar del todo, y que además, tiene que ver con la urgencia y la necesidad de poder colocar bien, en el cuerpo de un niño sobre todo que lo necesite, un corazón de otro.

Tal vez digo yo, que por eso quiera Redford, que también se llama Charles, buscar casa en España que me confirman es cierto y que ya hay gente interesada en ello. Una buena noticia. España es campeona en el mundo en el tema de los trasplantes. Yo mismo tengo un precioso pergamino, sobre el tema, porque yo he ofrecido mi corazón, hace ya muchos años y porque ahora me temo que no sirve ya para nadie, ni incluso casi para mí. Quiero que sepan que tengo una pinza de no sé qué, que une dos partes muy trabajadas, tal vez porque durante muchos años trabajé para ¡HOLA!, la reina del corazón sin duda.

Dicho lo cual, quiero decirles, que desea venirse a España a vivir, para escribir lo que ha vivido. Y también, porque aquí además de caballos, de lo que él es un experto sentimental, hay arroz y paella, según sus propias palabras. Además, vivió en Sierra Morena, en una casa en la que no había ni luz ni agua corriente, que es cuando se inició en la pintura en la que por lo que dicen es un maestro. También se sabe, que escuchó flamenco en Mijas, que tocó la guitarra en Sevilla y que en Córdoba conoció la alegría de sus noches maravillosas. Insiste en que es el momento de venirse, a grandes temporadas al sur de España, aunque tampoco hay que olvidarse él mismo lo ha dicho, de Mallorca. La dama que le acompañaba entonces, cuando anduvo por estas tierras en plan bohemio, atendía por Lola, y era una belleza, que es cierto, que no hay más que asomarse a las fotos antiguas. Aprendió algo el castellano, y le gusta, quién lo iba a decir, la copla.

Tiene un Oscar, si bien no ha sido por su actuación, aunque hizo aquella película siempre inolvidable de Memorias de África, que de venirse a España, aunque sea a veranear, cuando haga frío en su rancho de miles de hectáreas, todo lo que alcanza con la vista es suyo, la tendría muy cerca. Está ahí mismo. Al lado. Les puedo decir también que como ustedes saben y pueden comprobar, aunque el tiempo no pasa en balde, y ya ha de usar peluquines diversos, sigue teniendo, eso sí, los ojos azules de siempre.

Señor Redford, decídase, ya les estamos esperando, perdón, quería decir, que ya le estamos deseando. Esta es su casa, maestro

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