LA ESTEFAN, GLORIA BENDITA

Y es que se lo merece de verdad. España le acaba de conceder, y además con ella la ha condecorado, la estupenda Medalla de Oro de las Bellas artes. Un galardón merecido y que la acreditan más de cien millones de discos vendidos a lo largo de toda una vida dedicada por entero al mundo de la música. Y de la música nuestra, que al menos a mí a lo largo de tanto tiempo en las Américas, de nuestra lengua más de quinientos millones de personas, me ha servido de tanto, tantísimo. Y ella, era el vínculo, el golpe de sangre que con su acento único de canela y mango, me traía a España, allí donde la entonara, cantando en el disco último en aquel lugar de Puerto Rico, o más al fondo en Costa Rica, en Cartagena de Indias, en todos los lugares desde Miami hasta el cabo de Hornos, cantándome a mí. Siempre parece que te canta a ti solo, aunque haya cien mil personas llenando el estadio, aquel Tierra que me hacía llorar por dentro y por fuera. Esta cubanísima nacida en la isla del verde lagarto verde, nieta de asturianos a los que ella siempre ha hecho esta declaración de fe: ‘Soy lo primero cubana, de raíz asturiana, y también norteamericana, hispana de los pies a la cabeza, desde el mismo día que vine al mundo en la Habana  hace algo más de cincuenta años’.

Verdad grande, porque Carlota María de los Milagros Fajardo nació en el cincuenta y siete, así que ustedes ajusten cuentas. Ahora que está más joven que nunca ha tenido que volver a España para recibir esa hermosa medalla por haber sido siempre un puente de cultura por allí por donde puso su voz en pie, una columna que ataba los lazos de sangre de nuestros pueblos. El ministro de Cultura español la ha condecorado en el Teatro Real, con el Palacio de Oriente al fondo. Junto a ella, su marido, el hombre que la acompañó siempre cantando y a veces incluso sufriendo, que no hay que olvidar los largos meses de sufrimiento con la espalda rota en tres pedazos después de aquel  accidente de carretera tras una tormenta de nieve, en la que estuvo a punto de quedarse sentada en una silla de ruedas de por vida. Gloria es además sonriente y positiva y hasta ha escrito unos libros de mucho éxito para niños. Por tener, tiene en su casa de Miami, en las vitrinas hasta siete Grammis y ha cantado con los mejores del mundo a lo largo de varias décadas. Mantiene su voz de fruta, mezcla de vaqueira y conga y ha sido condecorada otra vez como la más brillante del pop latino, trono que nadie, nadie, fue capaz de destronarla.

A veces a lo largo de tantas veces como la entreviste que son muchas y en todos los medios, por supuesto también en ¡HOLA!, ella hizo alusión a su abuelo asturiano, que siempre ya en América la llevaba a ver las películas de Joselito. Lo cuenta ella, siempre con memoria y agradecimiento. Tiene, creo, dos hijos y es psicóloga de estudios, aunque yo diría, al igual que ella, que no  ejerce, pero que lo hace mejor que nadie, boca a boca, cantando, diciendo, trayendo alegría al corazón de las gentes, animándoles a vivir, sencillamente siendo. Servidor, que es medalla de Asturias, eso sí, inmerecidamente, le hace sonar el himno tan hermoso con la gaita de vaqueiro que un día me hizo de honor en los montes siempre deseados de Aristebano. No me importaría, no, decir adiós en Asturias, aunque sea echando mis cenizas en Cudillero donde tuve casa un tiempo. Así que niña, como a veces digo, Gloria, gracias por traernos siempre tu hermosa voz brillante y solidaria, en compañía de tu esposo, Emilio Estefan, tan importante en tu  vida como madre y como artista. Vuelve pronto y gracias por haber hecho el otro día en la ceremonia de las Bellas Artes acreditación de tu sentimiento de española. Voy a buscarte ahora mismo en la alacena de la memoria y te escuchare como siempre, un día paseando por la calle de las huellas de la gloria, en Los Ángeles, cerca del teatro chino vi que estaba escrito tu nombre como una de las inolvidables. Y te recordé como aquel  día en San Juan cuando cantaste Tierra.

Siempre, ya lo sabes, te estamos esperando. Y permíteme el piropo, de este viejo del sur, jugando como siempre  a las palabras. Niña, más que Gloria, eres gloria bendita.

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