María José Rienda, la señora de los anillos

O sea, es lo que yo digo siempre jugando a las palabras, que es mi único tesoro. A ver si no. Si hay una serie famosa, que se llama El Señor de los Anillos, claramente nuestra protagonista de esta semana de puro verano ya es ni más ni menos que María José Rienda, la señora de los anillos, de los anillos olímpicos me refiero. Y es que aparte de las deportistas buenas, de verdad de la buena, resulta que además de Dama de la Nieve como ya ha sido llamada en más ocasiones, acaban de elegirla y ya ha jurado su cargo  como presidenta del deporte español, o sea, la encargada, la que manda en ese mundo fabuloso -y en toda España por cierto-.

Ha sido por merecimiento así que me da mucha alegría, que me consta que se lee en todo el mundo, dar buenas noticias de las mujeres de mi tiempo, en este caso aún más, porque el deporte en nuestro pueblo tiene mucha fuerza, muchísima, y para mandar en él, así como se escribe, ha sido nombrada por lo pronto, una mujer que se lo merece. María José Rienda Contreras, nacida en Granada hace precisamente estos días cuarenta y tres años -una de las edades más hermosas de la mujer, como muchas veces digo-.

Porque desde niña ya amó al deporte por encima de todas las cosas. Quería subir hasta arriba de esa sierra blanca casi todo el año que ella veía desde las ventanas de su casa, de su barrio granadino. Y es por eso que el destino hizo que hasta allí subiera, y con solo ocho primaveras. Porque a sus padres les enviaron a trabajar allí, a la alta sierra granadina, con nieve durante casi todo el año al menos el cucurucho del Mulhacén y el Veleta. Sus padres se encargarían de ser los porteros de un hotel de la nieve legendario. El Kilimanjaro, de las nieves perpetuas, que yo casi alcancé un día en mis lejanos años africanos de reportero.

Es por eso que ella en cuanto llegó hasta arriba, allí donde se pueden alcanzar con  la mano las estrellas, María José empezó a sentir que crecía como una flor de edelweiss en el frio de los luceros, permítanme esta metáfora. Y ahí aprendió a ser lo que llegó a ser la primera, con el esquí, la mejor de todas, el ejemplo a seguir, de alumna del frío a profesora. A la mejor de las mejores. Y consiguió representar a España en lo más difícil del esquí alpino. Y lo hizo con humildad y eficacia, con sencillez y pasión poniendo su arte y su ciencia porque de las dos cosas se necesita, y subiendo escalas. Siempre. Sin cesar en su emoción. Invicta. María José, creciéndose en las pistas, casada con Ángel Izquierdo, creciendo  en su deseo incontenible, cien por cien, la primera. Incluso en una competición por el mundo estuvo a punto de perderlo todo, que quebró los huesos. Pero siguió a pie de obra, ocultando sus hermosos ojos tras las gafas grandes de la ventisca. Tan cerca del sol y del peligro. Llegó a tener no sé cuántos premios deportivos, mundiales, sobre el tacón de aguja de sus esquíes. Fue abanderada en unos Juegos Olímpicos de la España de su tiempo. Llegó a encargarse de los deportes, creo, de la Junta de Andalucía. No quiso marcharse fuera, aunque tenía las llamadas de la sirena de los altos montes del mundo. Se quedó a vivir para siempre entre nosotros, aguantó y enseñó. Hay una forma, una manera de hacer lo que ella sola consigue, aunque tiene muchos alumnos cerca. Ser la mejor en lo más alto, trabajando, luchando, estando ahí, arriesgando, que a veces la nieve incluso mata.

La Rienda ha sido elegida dos veces o tres, que ya acertó el nuevo Ministro de Deportes que por ser es de las tierras de Almería. La Rienda ya aceptó su cargo vestida con su camisa de flores sin mangas, sonriendo, más femenina imposible con su mano fuerte sobre el libro sagrado. El Ministro había dicho.

“Me siento orgulloso de haberla elegido porque en ella se reconocen los méritos del deportista de élite, su condición de mujer y su capacidad de gestión. Cinco  Juegos Olímpicos y seis victorias en pruebas de la copa del mundo en lo suyo”.

La melena suelta, al pie de un tapiz de España, la Rienda, que por cierto estaba preciosa, que lo cortés no quita lo galante, aseguró María José, aquella niña de la nieve, la confianza en ella depositada, y que estaba allí, para lo que había sido elegida y en lo que trabajaría hasta el final. Mucho le queda por hacer a la Rienda, muchísimo, que el deporte es una cosa grande y en el que además hay nombres resplandecientes: Nadal, Alonso, Javier… la lista sería interminable. Igual se va estos días a Rusia, es lo suyo, que está en pie el campeonato mundial del balón y hoy es el planeta es más redondo que nunca.  María José sabe muy bien que en este monte al que llega hay  un terreno difícil en el que no es complicado partirse la crisma. Los aludes, políticos, el paisaje abrupto, hay que tener buenos esquíes, la prudencia,  sin perder la elegancia, el miedo sin que se note, la cintura y sobre todo la alegría de triunfar exponiendo en un momento difícil como el que vivimos.

Y además, ya les digo de nuevo, es paisana mía: es de Granada y yo soy, por nombramiento, el cronista oficial de esa ciudad y de sus pueblos. O sea de la Alhambra, sí, pero también de ese paisaje fascinante de la eterna nieve de nuestra tierra y de sus pueblos. Suerte, campeona.

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