Gabriela de Saboya, la princesa italiana que pudo ser Reina de España

El título es largo, lo sé, siempre me gustaron las llamadas cortas, sin embargo la historia lo merece. Así que la verdad es que hoy iba a escribir de otra dama, también importante, incluso italiana  como la de hoy, pero al final la actualidad puede conmigo porque es mi fiel amante y mi capitana.

Así que después de leer la entrevista que se le ha hecho a la princesa, siempre princesa porque es hija del último rey italiano, Humberto de Saboya, y de una princesa belga, aquí me tienen, he cambiado el tercio. A la princesa Maria Gabriela de Saboya -su nombre completo Adalberta Felicita Genera– la entreviste personalmente, hay foto lo que pasa es que como siempre no encuentro nada de lo que busco- hace como poco casi cincuenta años. Aquella entrevista se publicó en la revista Careta, de la que era director mi maestro Lucio del Alamo Urrutia, del que tanto aprendí hace medio siglo. Mi vida, que como he dicho tantas veces está en las hemerotecas, lo demuestra. No hay más que ir al archivo de periódicos, y tantear en las fechas. Ahí está aquella joven princesa rubia, alta, tan alta que para que el rey Juan Carlos estuviera a su altura física, ella debía llevar zapato plano. Mucha clase, hija además de un rey, más bien de corta estatura y que me recibió en un viaje a Madrid que hizo en el Instituto Italiano, que estaba cerca de la Castellana. Pedí permiso, me lo permitieron, y parece que la estoy viendo, sentada, en aquel diván, casi imperial hablando en un castellano discutible ya que ella era de Nápoles, y servidor, del sur de España, y que acababa de llegar como quien dice con el pelo de la dehesa. Tanto es así que el propio Matias Prats, padre, me recomendó al llegar a la tele española:

-Por favor habla disimulando todo lo que puedas tu acento, que aquí en Madrid no solo hay andaluces y a ti se te nota mucho.

Cierto. Bueno, pues que hable largo rato con ella, era distinguida, elegante, culta, eso sí respetando una pregunta sobre todas, que entonces había censura, que ya se ha contado muchas veces.

Todo menos preguntarle si era cierto que era novia del príncipe don Juan Carlos. Que iba a ser, aunque nadie lo sabía bien del todo, Rey de España, con el tiempo y por muchos años.

Así que dando rodeos, en todo, llegamos a saber, servidor de ustedes y mi fotógrafo Guillen, que si no eran “novietes”, por lo menos se pretendían, y se trataba de una pareja joven, que salían juntos, que se divertían a su manera, y que quizá, quien sabe, con el tiempo….

Ayer mismo, me preguntaron en mi programa sobre la Casa Real, en general, y la crónica social, en Sevilla, en Canal Sur,  con Juan y Medio y Eva, si yo, que había entrevistado a la princesa Gabriela de  Saboya, cuando era la primera novia, que se sabia, del príncipe de España don Juan Carlos, si había sabido algo sobre el tema del que volvía a comentarse aunque nadie sabe  por qué.

Respondí como hoy aquí lo escribo, que las palabras se las lleva el viento, que “se decía, pero sotovoce, a escondidas y sin levantar mucho la voz, cosa que ahora se actualiza, sobre todo a la hora de hacer cuenta de los llamados amores del Rey emérito y figurando en ellos, como primera novia casi oficial. Esta doña Gabriela, de la que hoy hablamos y que yo recuerdo como si de ayer se tratara, de forma entrañable y directa.

Ella misma en una muy reciente entrevista ha dicho en Italia: “Eramos como si fuéramos novios, estábamos en la misma edad, y además, salíamos mucho juntos”.

Ya se habían visto y paseado, cuando ambas familias, la Borbón y la Saboya, vivían en Estoril  en el exilio portugués, donde yo tantas veces acudí, a bajar al cabeza, de corazón, ante aquel español enorme que fue don Juan y que por tener tenía en su  villa Giralda, un telescopio mirando al océano.

-¿Y eso señor? Le pregunte un día.

-Para ver desde aquí España-

No le respondí como debía por respeto y por cariño también. El telescopio miraba hacia el Atlántico y España estaba al otro lado, tendría que dar su lente la vuelta al mundo para ver algo del país, en el que debía haber sido rey. Pero en fin, la historia tuvo la última palabra…

Si debo decir, que doña Maria Gabierla- nacida el 24 de febrero de 1940 en Nápoles, ajusten ustedes cuentas, era una dama de gran elegancia y clase formidable, que tiempo después, estuvo a punto de ser emperatriz de Persia, ya que el propio Sha, le “tiro los tejos” usando el idioma de la calle madrileña puesto que ayer fue el día de la capitalidad, el 2 de mayo por más señas.

Pero tampoco pudo ser, así que doña Maria Gabriela, en sus últimas declaraciones ha confesado textualmente: “Eramos como dos jóvenes noviecitos”.

O sea, que incluso ni llegaron a ser novios siquiera, si bien estuvieron cerca. No quiero recoger nada, ni una palabra de las declaraciones de la princesa que, además, tiene la misión de la casa Saboya, de ocuparse no solo de su historia sino de la guarda especial de las Joyas de la Corona italiana, que aún quedan en los cofres blindados de los bancos que las guardan.

La princesa, se caso dos veces, escribió también un par de libros y se mantiene, con ese raro resplandor dorado, porque además es muy rubia, de las princesas herederas. Vestida con un serio, traje diplomático, de rayas, de pantalón, entre libros y cuadros, la princesa, a los setenta y ocho, se ha decidido a contar algunas cosas. Parece ser que vive en Ginebra, o tiene una de sus casas en la capital suiza, frente a un lago, y habla varias lenguas entre ellas, la española, que aprendió precisamente en el Liceo italiano donde yo la entreviste en su día para la revista Careta, muy popular en su tiempo, hace medio siglo. Si que con alegría y  nostalgia, beso su mano Alteza.

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