Carta a la ‘Praderita’, la flor de la canela

Es amargo el sabor de la flor de la canela, niña Praderita, que te escuché tantas veces. De pronto, en la madrugada, donde te sentía tantas noches, va y suena tu nombre, y con él tus años, que no hacían falta, y tu copla. Casi siempre la misma, aunque tenías tantas, tantísimas, María Dolores Pradera, que sabes que te llamaba como muy pocos, la Praderita, de tantas veces como te entrevisté, como hablamos juntos, cuerpo a cuerpo, boca a boca. Niña Lola, madrileña pero americana del alma, voz de limón y menta. ¿Recuerdas, María Dolores, aquella noche después del terremoto en el bario rosa de México? Fuimos a ver si en su habitación de tan cerca, en aquel hotel de color malva, había sobrevivido el gigante de la voz cantada, el gran poeta, José Alfredo Jiménez. Resulta que te conocí y te hablé.

A veces íbamos por la cintura, a mí que tan poco me gustaba la noche, por las calles de América, como aquel día en Lima, cuando cantabas Desde el puente a la alameda. Lo que son las cosas… eras hija de asturianos, el Fernández primero, el Pradera después.

Hoy mismo los periódicos no saben cómo decirte que fuiste una gran cantante, que lo fuiste y más que grande, distinta porque nadie cantó como tú. Iba a escribir mi blog, que hoy es tuyo, sobre el bolero porque acaba de llegar el pequeño peruano de ”esta noche vi llover” -que también lo cantaste, bajo el paraguas de la lluvia de la nostalgia, que es la que más moja del mundo-, pero de pronto te vas, como cantaban sus mariachis en México, en el teatro aquel donde una noche fui a verte con Félix  y acabamos en el Parador bebiendo (bueno, bebiendo es un decir… tomando) mejor en el idioma azteca.

Fallece María Dolores Pradera

¡Cuantos recuerdos Praderita! Recuerdo cuando fuimos aquel día, nadie podrá contar cosa igual, a la Casa Blanca. Acabábamos de abrir el diario ABC de las Américas en Nueva York y nos dejaron entrar. Nos reunimos cuatro o cinco, pero a ver si recuerdo a todos. Sé que estaba Cafrune, el cantante argentino que murió asesinado con su caballo en una carretera argentina, iba siempre vestido de gaucho y cantaba lindo, siendo tan grande con su barbaza y su mate. Nixon nos permitió entrar personalmente con Torcuato Luca de Tena, el primer director de aquel periódico, y con Mingote. Y tú y aquel novio tuyo que tenía una manada de cerdos. Y tú me dijiste al oído que si alguien habría cantado Toda una vida allí, sobre esa alfombra, y entonces me lo cantaste a mí.

¡Cuántas cosas hasta ahora me he callado! Siempre que te llamaba, donde estuvieras, estabas. Eramos compis. Habíamos escrito juntos, los dos, la historia de América. Eras una asturamericana de las de verdad, tenias lo ojos de las que viven en los altos lagos de Covadonga y aquel poncho que nadie movía como tú, que no es fácil hacerlo, sobre todo su no eres de la tierra.

Fallece María Dolores Pradera

Adiós Praderita, que un día fui a verte en tu casa en la plaza del Carmen solo para poder escribir bajo el título. En la casa de la pradera, que era entonces la serie de la televisión que triunfaba en España. Paseamos Buenos Aires, te escuché en el Colón y en media América, donde te decían La Señora. Sentida, feroz a veces, feraz siempre de vuelta, tantos años esposa de Fernan Gómez. Querida Pradera solo te llevo diez años, toda una vida maestra. Hoy todos hablan y escriben de ti, parece que en este instante te veo tomando unas botanitas en Acapulco como aquel día, o mejor aquella noche, que tú ibas a cantar en la gran fiesta del cine.

Adiós Praderita, nadie cantará como tú y estos días vamos a volver a comprobarlo. Recuerdo aquella noche que en Tegucigalpa cuando volvíamos de comer huevos de tortuga de la casa del capitán con el parche en el ojo y caímos en el tequila, en el guarapo y en todos los venenos posibles. Incluso tragamos el gusano criminal, cuando me dijiste mientras amanecía, que llevábamos toda la vida, todas las noches tratando de ahogar las penas, sin llegar a entender nunca, que las penas saben nadar.

Sabes que te seguiré queriendo, María Dolores Pradera, mi para siempre, flor de la canela.

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