La valiente Valentina

Por lo  pronto, es bien bonita. Linda, para  estar en lo cierto. Y además, es inteligente, más que lista, atractiva, sonriente, elegante y positiva. Luchadora, combativa, y con el título de la halterofilia, más exigente  por lo pronto, de España, desde luego de Europa y si me aprietan del mundo . Es bien curioso que después de lo de Bucarest, que consiguió el podio por levantar mas peso que nadie del planeta, se la vea más tierna, más cercana  todavía e incluso más frágil- es un decir- y sobre todo más independiente, más suya. Comparte su éxito, con todas las compañeras de su gran equipo, españolísmo a tope que por decir, dice cuando se lo preguntan:

–        Soy de León, Ponferradina y sobre todo, por encima de las medallas, los títulos, lo conseguido, lo que soy es española y llevo a mi país con todo el orgullo del mundo.

Lydia Valentín, de segundo Pérez, es interesante que aunque sea su apellido Valentín, no tenga amor, que se sepa. Perdonen por el juego de palabras. La vi el otro día en El Hormiguero y me quedé prendado, a pesar de mis ochenta y cuatro años de vida. Y además, nació un 10 de febrero, que es el día de Santa Escolastica, mi onomástica.  Así que le tengo ley y admiración. Es fuerte y, a la par, sentimental, decidida, segura de sí misma, y femenina a tope, que hasta para salir a sudar se maquilla. Como les digo, es rubia, y no de botella, sino suya, muy suya. No tiene novio como dice la copla, ni falta que le hace. Va a su aire y tiene su meta: ser la mejor en lo suyo, cosa que ya de por si lo es. Oros, platas, bronces, y lo que le echen levantando pesas, tanto en la arrancada-al inicio del esfuerzo- como en la elevada. A ver qué tiempo la mantiene como si nada, como si fuera de aire, globos de acero, hierro puro que pesa tanto. Tiene una columna vertebral formidable, todo producto  de su constancia, de su esfuerzo, de su vocación, “de su trabajo”.

Entrena tres horas por la mañana cada día y tres horas por la tarde, seis días de los siete que tiene la semana y se cuida muchísimo. “Siempre tengo hambre, claro, pero lo ideal en este es comer poco varias veces”, y lo que se echa al divino cuerpo, digo yo que será sano. Le está prohibida la depresión, aunque a veces la  visita, y le gusta ver la tele, no fuma , camina, como si nada y está sana como una manzana. Nació en 1985, tiene treinta y tres años, una edad formidable no solo para levantar peso, sino para enamorarse, si se lo propusiera. Pero está en lo suyo, y aunque no deja de hacerse selfies de esos que ahora se llevan tanto, lo cierto es que no sabemos si su corazón tiene dueño.

-No tengo, ni quiero tener amor por  ahora. Estoy en lo mío y dentro de poco, vienen las Olimpiadas de Japón en las que quiero ser la primera”

Duerme como un  niño de los que duerme, que los hay que no duermen nada. Las horas necesarias, y su símbolo, quien lo diría, es un corazón, de color rosa. También en esto rompe todos los esquemas; ama la música, le gusta leer, y desde luego soñar, aunque su sueño es ahora alcanzar los cinco aros de oro de Tokio, cuando llegue el día. Tiene un mirar bonito y es muy buena hija. Ha despertado la pasión por ese deporte que tiene nombre de enfermedad, halterofilia.

-No se trata de la fuerza, porque lo que manda en esto es, sobre todo, el cerebro.

Es una gran definición, sobre todo porque yo insisto mucho, como experto en el dolor que soy, en que todo está ahí, en la cabeza, de modo que por ejemplo, cuando escribo, no me duele, o si me duele no me acuerdo que me duele porque tengo el pensamiento en otra cosa. Lleva además de su camiseta española, los colores, el escudo, una cinta en el pelo, cuando se exhibe, para que no se olvide, nunca, insiste, en su procedencia. Pesa, creo, setenta y cinco kilos y ya hay una marca de ropa, que lleva su nombre. Ya no le queda sitio en sus vitrinas, para almacenar tantos trofeos y cuando le hablan del dopaje, que ha dejado a tantos campeones, y  campeonas, en la cuneta, Lydia afirma:

–        Esto hay que hacerlo limpiamente, con ayudas exteriores, no. Yo no soy solo una mujer forzuda, que no lo soy, sino alguien que sabe administrar como debe, y sin ayuda, su fuerza, que no es lo mismo.

No hace otro deporte que este que practica, y que cada dia, impecable, implacable, se machaca, y se sacrifica. Sabe lo que quiere. Lo demás sobra para ella; le gusta la moda, y alguna que otra vez, creo, se ha subido encima de unos tacones de aguja. Tiene hasta su propio psicólogo, desde hace veinte años, y cuando llegue el tiempo de la flor de loto, tendrá treinta y cinco años. Una edad formidable, le pronostico, lo mejor. Es un ejemplo, sabe que está creando escuela. Y termino, llegara un día en que el peso más leve, más dulce y más deseado del mundo sea el del fruto del amor. Entonces también será una gran esposa, y  una magnifica madre. Y si no, al tiempo. Suerte, niña.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer