El Juli, el traje de luces que más brilló en la Feria de Sevilla

De hecho, y también por derecho, el traje de luces de El Juli ha sido el que más brilló en la Feria de Abril de Sevilla y en las tardes de la Maestranza. Teniendo en cuenta que al menos por ahora, si no hubiera tardes de toros y toreros, en Sevilla la Feria sería otra cosa, pues lucirían menos las más de veinticinco mil bombillas que se han encendido este año, sobre la llamada calle del Infierno, que más que así debía llamarse la calle de la Gloria, porque se goza más que sufre.

Aunque no te gusten los toros en la plaza, lo cierto es que El Juli ha sido el triunfador por encima de cualquier otra manifestación de la alegría de la capital de Andalucía en sus días más grandes. Días de resurrección después de los otros de la Semana Santa, de la que también nos dimos cuenta. Y a lo que voy, que se me va el santo al cielo, como dice el refrán popular, dado que soy compadre de dos toreros, Curro Romero y de Manuel Benitez, ‘El Cordobés’,  dos leyendas sin duda, en este planeta de la llamada fiesta nacional, me alegra tanto dar esta noticia de El Juli hoy.

Julian López Escobar, nacido en Madrid para más señas, está en todas las enciclopedias y yo lo vengo siguiendo desde aquel día en que los periódico titularon, incluso los no taurinos: Torea por primera vez, un niño de ocho años el mismo día que hace la primera comunión. Sí señor, lo dicho, ya entonces aquel pequeño sonriente, guapo, bonito, de mediana estatura que le hace por lo tanto mucho más grande, frente al toro. Hijo de un hombre que quiso ser torero y de una guapa mujer, que también pertenecía de alguna forma al mundo de lo taurino, fue noticia. Y cuando le preguntaron lo que deseaba ser cuando fuera mayor respondió decidido, resuelto, valiente como siempre fue, que él solo quería ser torero.

Y lo ha sido y vaya si lo ha sido, incluso a veces con eso que se llama peligro de vida, a parte de aquella otra cornada del toro de la carretera que recibió cuando iba a la próxima tarde de toros. Grande El Juli, y no solo en la plaza, sino en la calle. A punto estuvo de perderlo todo en aquella tarde trágica en la que incluso llegó a decir mirando a cámara, que estuvo a punto de irse y vio la muerte cera.

Y por si fuera poco, tiene el aviso en el rostro, porque hay una cornada muy mala para los toreros, la del espejo, que por pequeña que sea, ha retirado a muchos valientes. Él la tiene junto al labio, a parte de otras muchas cicatrices repartidas por el cuerpo, porque se arrima mucho en la plaza y porque es valiente con el toro y en la calle, siempre pidiendo su sitio, campeón contra la injusticia. Yo quiero contar aquí que El Juli se hizo una fotografía para ¡HOLA! en su primera finca cerca de Madrid, con varias sillas de las clásicas, cada una con una chaquetilla de torero.

Lo cierto es que es además de un buen torero en la plaza, como decía Federico en aquel poema querido al amigo que se fue, qué gran torero en la plaza qué gran señor en la sierra.

Casado con Rosario Domecq, bellísima criatura, es ya padre de tres hijos, dos de ellos mellizos. Ejemplar padre de familia, a caballo, al atardecer y con su  propia ganadería. Garboso, serio, callado y torero hasta vestido de paisano, se siente más orgulloso que nunca de su toro, y es natural, porque le perdonó la vida en Sevilla. Ese toro enamorado de la gloria ya disfruta, de nuevo, por el campo de su ganadería, como semental, vieja y hermosa costumbre que a veces acaece.

Más les digo, no es la primera vez que El Juli lo hace pues, ya ha triunfado muchas veces. Es católico, apostólico y un padre ejemplar que hace con Rosario una hermosa pareja que muchas veces ha aparecido y habrá de aparecer en nuestras paginas. Yo le habré entrevistado para los medios no sé cuántas veces y si Dios quiere, que querrá, las que me quedan.

Tiene merecidamente la medalla de Bellas Artes, porque es arte lo que hace y le convierte en el más valiente del mundo porque además se juega la vida. Tiene treinta y tantos años y está en el mejor momento de su carrera. Le gusta el campo y le cueste lo que le cueste, ha sido, sin duda, insisto, el triunfador de la Feria de Sevilla. Hasta su finca en Olivenza, en la linde con Portugal, donde esta su casa de campo, el cortijo y el hierro que tanto soñó y que no heredo de nadie, este abrazo fuerte de un viejo aficionado como soy, que ya no va a la plaza de toros desde hace mucho tiempo, pero sí recojo su eco.

Por eso hoy aquí retrato, cuando mayo llama a la puerta, en esta hermosa primavera de un torero, valiente, y español.

Suerte, maestro.

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