CLAUDIA CARDINALE, LA LEYENDA CUMPLE 80 AÑOS

Acaba de cumplirlos, hace un par de días tan solo. Y lo ha celebrado en Nápoles, Sicilia, aunque ella no es de ahí, pero si sus padres. Servidor de ustedes la conoció  hace mucho tiempo, quizá más o menos medio siglo, en carne y hueso -mucho más hueso que carne, hermoso por cierto, bella carne, que no había más que verla. Fue en Almería, donde rodaba una película cuando Almería era Hollywood. La veo ahora mismo, corriendo dentro de su traje deportivo, las piernas bellas al aire, por la puerta Purchena abajo, linda siempre recordada por mi mientras la seguía, a corta distancia, un coche Rolls Royce blanco, antiguo, eso sí, con un chofer estupendo, negro, brillante, a quien volvería a ver muchos años atrás cuando escribí en Paris las memorias de aquella mujer impresionante, que se llama Maria Feliz, de la que ya les hablo tiempo atrás.

Claudia Cardinale es de Túnez, un país que siempre recuerdo. Nacida en su capital con casas blancas de puertas celestes, ha luchado mucho, hasta llegar a soplar las velas de su tarta de los ochenta. También la vi después, cuando interpretó la que yo creo que es su gran película, ya que hizo más de ciento cincuenta, y que fue “La chica de la maleta”. Aunque muchos creían que era la tercera “gran italiana”, o sea, la que iba después de Sofia Loren y Gina Lollobrigida -a las dos también tuve en su momento la pequeña gloria de entrevistarlas. Lo cierto es que Claudia Cardinale llego a alcanzarlas inmediatamente- cuando yo hable con ella, creo que fue para ¡HOLA!, alcanzando no solo las dos C de sus iniciales sino más “ces”, que son estas:

Cuerpo, cara, corazón y cerebro.

 

Era bellísima, y lo sigue siendo. Y aunque dice que no cree en la cirugía estética y que por eso no ha tenido que acudir a ella,  lo cierto es que por lo menos aún mantiene aquellas estrellas que yo descubrí en el cielo oscuro de sus ojos cuando la entreviste en Roma. Todavía estaba al lado de Franco Cristaldi, o él al lado de ella, y presumía de su hermano pequeño, que ahora ha confesado dramáticamente que es su hijo. Claudia hizo en España aquello de las tres pistoleras, con Briggitte Bardot, si mal no recuerdo aparte de con Penélope. Es culta de esa cultura que no se aprende y que es la de la sangre, y ha tenido la suerte de que la besara en una película en los labios, ni más ni menos que Jhon Wayne, y Roch Duson. Hay un actor conocido, muy bueno, que dijo de ella que era el mejor invento de Italia, inmediatamente después de los espaguetis. Es valiente en sus declaraciones, elegante, fuera de la pasarela, y ha hecho series de televisión. Ha estado casada, dos veces, una con Cristaldai, y otra con un director de cine, que aunque importante, se convirtió, de la noche a la mañana, solo en el marido de la Doble C, como se la conocía en familia. No quiso quedarse en Hollywood, porque dijo que se encontraba lejos de casa, y presumió de tunecina, aunque la creían italiana, napolitana. Es buena madre, buena abuela y ahora que se han escrito y publicado sus memorias, con motivo de sus años, lo cierto es que las ha afrontado valientemente, aunque ha dicho cosas muy fuertes, que no se han sabido hasta ahora. En fin, que no podíamos olvidarla en este cumpleaños, en el que se muestra segura y como siempre, fiera, como una pantera, sobre la roca de su propia vida.

-He nacido en la Goleta de Túnez, cuando era francesa, pero me siento italiana, mas aun napolitana.

No le asusta el paso del tiempo, hizo el “gatopardo” y recuerdo que tenía una voz quebrada, severa, casi como de hombre, muy parecida a la de María Félix a la que, insisto se le parecía en muchas cosas. Tampoco es adicta a la nostalgia, es alegre y mimosa, y cuando hizo en España alguna película, que las hizo, tampoco para el Óscar las cosas como son, lo cierto es que no tuvo que fingir mucho para sentirse española, gitana del sur, incluso. Es de la geografía de la palmera, esbelta, elegante, que además, con los años, da los mejores dátiles del mundo. Su filosofía, su palabra, incluso su memoria, que la abre como un abanico ante aquel que le pregunta. No sé si decir, y no es un piropo, que me gusta ahora a los ochenta, que se han publicado las fotos, incluso más que antes. La madurez de los dátiles de su cuerpo de palmera, de nada Claudia josefina Rosa, tu admirador de ayer, de hoy y de mañana, que besa su mano en este blog de ¡HOLA!, que igual lee medio mundo.

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