A Julio Iglesias siempre le gustó mucho Panamá…

Panamá con acento en la tercera a, que es una de las pocas palabras que tienen tres letras a dentro del mismo recorrido. Bueno, pues todo parece indicar que Julio Iglesias, el de toda la vida, tan de esta casa y sobre todo para mi, que he escrito su primera biografía, aquella que se llamo ‘Entre el cierlo y el infierno, aunque el insistió en decir: “Que se vea que donde estoy es en el purgatorio y no en el limbo como muchos pueden interpretar por el titulo del libro”.

Y era cierto. Julio jamás, en sus setenta años de vida, que los esta cumpliendo mas o menos ahora, estuvo en el limbo. Siempre con el cuchillo entre los dientes aunque sea el acero de la música, que el conoce como pocos.

Ahora aseguran que Julio, ha dado sus recuerdos, sus memorias a tres escritores americanos, los mejores del mercado, para que en el tiempo que sea, le tengan a punto el segundo- y espero que definitivo- libro de su vida. Con sus luces y sus sombras, si bien se tratara de un tratado de la vida, del amor , del dolor, del sabor, todos los sentidos juntos, en la historia de este gran español, que tantos días de gloria, ha dado a la música y a su pueblo.

Dicho lo cual, paso a decirles que, parece ser,  y de una forma definitiva, que nuestro gran “crooner”, como le llama Alfredo Fraile, el hombre que mas sabe de el,  ha decidido quedarse a vivir en Panamá; lo que demuestra su gusto indiscutible. Por lo que dicen, y confirman ademas las grandes agencias de noticias, el  artista ha encontrado, o le están  buscando ya, un sitio en Panamá. No sé a que lado del canal, desde luego ya os digo,  que será junto al mar, encima del mar. No sé por que me aventuro a pensar quizá que sea en las islas de las perlas, donde aun hay lugares únicos en el mundo. Le gustaban también mucho, muchísimo, las islas. Trescientas dicen que son, donde viven los indios, que  fabrican las molas, pequeños, pero fuertes, inteligentes, trabajadores, tanto que hasta tienen sus propias leyes. Son los cunas, con los que hemos estado Julio y yo tantas veces y en tantas ocasiones, por que yo he conocido Panamá, en la paz y en la guerra, con alegría y con miedo, ombligo del mundo como no hay mas que mirar al mapa para poder comprobarlo.

Hemos vivido más que visitado, en muchas ocasiones. Hasta puedo contarles que fuimos recibidos en el Palacio de las Garzas por el presidente entonces de Panamá, como hay fotos juntos que lo atestiguan. Con él he comprado algunas de las estampas bordadas a mano por los indios de la mirada ardiente y el anillo de oro puro en la nariz; gente formidable, lista, que da color a ese país, en medio de dos océanos, donde hemos viajado desde Colón, hasta la ciudad capital o, lo mas importante, hemos sentido el ritmo del corazón de un lugar donde, como en tantos lugares de América, el sol es constante menos cuando llueve que lo hace a su manera, en cualquiera de sus ciudades y playas, las de la arena blanca más rica del mundo. Hemos pescado, bueno el y yo por lo menos de videntes, y hemos asistido a la ceremonia del vudú en el lado negro de su geografía, o cruzado el canal en su barco blanco mientras sonaban las sirenas de todos los barcos que esperaban en su honor. También reunimos recuerdos en aquel hotel, alto, afilado, que tenía un casino abajo- que no visitábamos ninguno, todo hay que decirlo.

Dicen que ha puesto en venta su hermosísima casa de Santo Domingo que yo he compartido con el algún día durmiendo en la misma cabaña donde lo hizo el matrimonio Clinton, ex presidentes de América, invitados por él personalmente. No fue solo una vez cuando sobrevolamos el mar de las ballenas y las tortugas buscando ese “sitio que nunca se encuentra del todo”, donde la garantía del sol y de la paz, es bastante y suficiente. Pero República Dominicana, también llamada la Isla Española desde Colon, no ha sido definitiva para el, como lo fue en su día Miami, en Indian Creek, donde yo escribí su primer libro  a saltos cerca de la piscina, en una de las noches mas hermosas del mundo, antes de que se apagara la luz de la luna, que ademas es una verdad como una  catedral.

Panamá, es un lugar para quedarse, y quien sabe si es verdad. Está vendiendo sus hectáreas de Miami, y acabo de enterarme de que se ha terminado de hacer, una nueva casa en Punta del Este, lo que indica su talento y su talante. Visité con el, aquella mansión o hacienda, que  le gustaba en la Pampa Argentina y puedo decirles, que estuvo a punto de quedarse con aquella casa rosa de Cartagena de Indias, que fue de Gabriel García Marquez, en un lugar privilegiado, único, pero con la que no se quedo por que “tenia muchas escaleras”. Espero que no se le vaya de la cabeza, la bellísima casa de Ojen, y digo Ojen, porque el prefiere que se diga Ojen a Marbella, en un  lugar privilegiado, en un sitio único, que le compro a mi compadre Curro Romero hace ya muchos años y que el ha mejorado y ampliado, sobre todo ha embellecido por la presencia constante de Miranda, uno de los mejore logros en la vida de Julio, como siempre digo. Una dama además de bella, inteligentísima, por la que yo- y ella lo sabe,-tengo una especial predilección. Sin ella Julio no habría llegado a ser ni la mitad de lo que ha llegado a ser; un  genio, un ser humano único, un naufrago siempre, un vagabundo de las islas, que se ha convertido no solo en uno de los artistas mas ricos del mundo, sino en una de sus más fabulosas leyendas. Este Robinson Crusoe, con el que España no se ha comportado del todo, como el merecía. Aunque él conoce mejor que nadie el país de donde viene. Yo, que es difícil que vuelva a verlo de nuevo, en persona y que le he hecho más de cincuenta mil entrevistas, que he conocido de cerca a casi todos los grandes personajes de mi tiempo, les aseguro, que como él, este donde este, casi ninguno de los que han hecho mas importante, mas bella, mas interesante, mi vieja vida de contador de historias.

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