Marta Sánchez, más allá de la letra de un himno

En la historia del martes, hoy, de las ‘Martas’, por jugar a las palabras, aparte de las políticas, la que más historia reúne es la Marta madrileña,  la que hasta hace muy poco, cuando vivía cerca de ¡HOLA!. Es Marta Sánchez de la que tantas veces nos hemos preocupado, aparte de mi nieta Marta Medina que es una buena economista, y que a lo largo de su tiempo, seguro estoy de que va a ser noticia, y a la que además agradezco que sea una de las pocas que me leen. Que dios te lo pague niña. Que el abuelo, te está bien agradecido.

Dicho lo cual, Marta Sánchez, es ya un nombre viral porque desde hace unos días todo el mundo, o casi todo el mundo, habla de ella; la critican, la ponderan, la comentan y está en todos sitios.

Me alegro tanto por esta nena rubia, nena todavía a pesar de que ha cumplido hace poco cincuenta años, causa la sensación por donde pase; ya sea en un escenario, en Sudamérica o en el norte de Europa, donde Marta ya fue tratada como reina del pop en su tiempo. Moderna, valiente, guapa, con un cuerpo de esos que se llaman de “escándalo”, Marta, que es madrileña y además ejerce de ello, durante un tiempo paseaba por mi geografía del brazo de alguno de sus maridos, que creo han sido dos, por ahora, y con los que no ha tenido las cosa, demasiada suerte. Me aclaro, no va a tener también la felicidad del amor, entre otras razones por que esta criatura cuando no quiere no quiere y aguanta hasta donde hay que aguantar. Ni un segundo más, me dicen los que la conocen, y así consta en su biógrafa. En mayo cumplirá los hermosos cincuenta y dos, últimamente vive en Miami, aunque mantiene casa en Madrid, que para eso es donde ha venido al mundo y si algo es con fuerza es española y madrileña y, además hija del arte, que su padre fue un  buen cantante. Marta fue noticia triste,hace ya algunos años porque su hermana, también Paz como su madre murió de esa enfermedad implacable que no perdona y que me niego a escribir su nombre, que hasta su apellido me asusta, de tan cerca como lo tengo.

Dicho lo cual, Marta que ha seguido creciendo en todos los aspectos con sus sonrisas y sus lagrimas, frente a las cámaras de televisión, es una auténtica triunfadora en el mundo de la música. Tiene todos los títulos, no sé cuántos discos y algunos de ellos han llegado casi al millón en ventas en el escenario. Es nuestra Marilyn y casi como si fuera nuestra Beyonce, ya sea de rubia o morena, y que se corone del color rosa, que ahora tanto se lleva, aunque no lo recomiendo. También está de moda el pelo azul, pero eso ya es patrimonio de Doña Lucía Bose, de la que me acuerdo tanto, y con la que en su día, hice una cerámica en casa del escultor que en paz descansa, Otero Besteiro, en la que también cooperó Natalia Figueroa, la esposa de Raphael. Fui yo quien dio la noticia de que iban a casarse después de, hace ya muchos años, aquel viaje bellísimo a Venecia, que se dio en huecograbado en las páginas de ABC cuando yo era jefe de reporteros del diario español.

Recuerdos, memorias, punto de melancolía, pero es el caso que este retrato de dama de hoy, en nuestro blog, se debe a que de pronto, Marta Sánchez, va y se sube al escenario del Teatro de la Zarzuela de Madrid, lo llena hasta la bandera, nunca mejo dicho lo de la bandera, para celebrar sus treinta años de escena con éxito y, al final de su actuación, como siempre son sus cosas, bien vestida, va y canta el himno de España, sí, el himno nuestro, que últimamente no cantamos con su letra, aunque la tiene desde hace tiempo. Chincda chinda ta chinda chinda chinda chinda chinda chin…..

O sea, como ha dicho hoy mismo una política española, “el nuestro es un himno sin letra” y punto, cosa que no es cierta del todo, porque lo tiene, aunque no lo usemos. La música del himno de España, a la que ha puesto letra Marta Sánchez, viene de muy lejos, dicen que tiene compases de una de las cantigas de Rey Alfonso X el sabio, y más cerca todavía, de aquel día en que los reyes católicos recibieron las llaves de Granada, de las manos de Boabdil, el rey nazarí, y más cerca todavía, música del Himno de los ganaderos reales de España….

Pero Marta, le ha puesto una letra, ha dicho a una música que es suya, como  de cualquier español, producto de su propia melancolía por España, que por culpa de su oficio, tiene que vivir mucho tiempo fuera del lugar donde vino al mundo, que si os asomáis al mapa, cosa que hay que hacer de vez en cuando podréis observar, y perdonad que os tutee, que Madrid está en el mismísimo corazón de este país. Es una balada, si señor y además, por si fuera poco, estaba cantada desde la más íntima fibra del corazón de una dama, en la mejor edad para entender y para sentir lo que para ella significa el lugar de su nacimiento.

El himno, materia sensible, ha sido muy discutido y lo que unos le gusta y a otros menos, Marta con todos los premios  a su haber merece ahora aún más, el premio de esta España nuestra, que diría en su tiempo cantando aquella Cecilia inolvidable y única.

En fin, que Marta es tan valiente haciendo lo que ha hecho, posiblemente sin imaginar las consecuencias de su gesta. Sería un momento, para que se le conceda por lo menos el Gramy de nuestro blog de hoy, que se lee, creo, en medio mundo. Porque además, aquí entre nosotros, les aseguro, que solo por su inmenso rasgo de valor y de amor al mismo tiempo, su canción, su copla sobre España merece en principio, nuestro aplauso y nuestro agradecimiento.

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