Ochenta velas, sí, pero velas de barco para el rey Juan Carlos

Hoy es viernes día cinco, la fecha de la cabalgata de Reyes, aunque es mañana el día de los Reyes Magos. Después de unos días de gripe maldita, que en los viejos hace más mella y daño, hoy reaparezco como un camellero más aunque he tenido la inmensa suerte y la responsabilidad de ser en Granada, mi ciudad de origen y hace ya algunos años, el rey Baltasar. En carroza, en una noche inolvidable de la que tengo un inmenso y constante recuerdo. ¡Los ojos llenos de luz de los niños viéndote pasar como si hubieras caído del cielo! Forma parte de las historias fabulosas que siempre cuento, que para eso he vivido. Lo cierto es que como esa noche de Reyes de hace tantos años, no ha habido ninguna… y miren que hay noches en mi vida. Lo he contado cien veces -qué digo cien veces, mil- durante todos estos años de recuerdos y memorias.

A lo que voy: que hoy, además de todo y de tanto, es el día en que toda España celebra, sí, celebra, que es el verbo exacto, los ochenta años de vida de aquel que fue nuestro rey en los más duros años de la España contemporánea. Y  lo hizo bien, muy bien, no hay más que repasarlo. Y sí, alguna vez se equivocó, pero un rey es humano y como él mismo me dijo un día, y así lo publiqué en su momento, y precisamente en ¡HOLA!:

”-Tico, si alguna vez te dicen que la sangre real es azul, no te lo creas ni un momento, porque es roja, igual que la de todo el mundo”.

Y así lo publique mis leales blogueros. ¡Cuántas veces en nuestra casa escribí su nombre! Le tengo ley, afecto, lealtad, cercanía… Siempre fue para mi inmediato. Los Borbones, generalmente, hablan de ti a todo el mundo, pero debo decir que yo lo sentí particularmente. He viajado mucho con él: como enviado especial, por América, por el mundo… A su vera y en la distancia justa. Podría escribir, creo, un libro de él, sobre él, con él y desde él mismo, incluso. Le he guardado siempre la fidelidad del que camina junto a su historia, queriéndolo, entendiéndolo (sobre todo eso), en lo divino pero también en lo humano. Fui cercano a su padre, a su madre, a don  Juan, conde de Barcelona. Cuando aquel día me mostró los tatuajes de sus brazos de pirata, o aquel día en Fátima, o en su casa de Estoril, en villa Giralda, dónde tenía un catalejo de mar mirando hacia el océano.

”- ¿Y eso, señor?

– Es para ver más cerca a España.”

Y sin embargo, estaba al revés, miraba al Atlántico. Don Juan y doña María, por contarles algo, estando un día en el cine Amaya y siendo empujada su silla de ruedas por un oficial de la Casa Real, de pronto se detuvo. Yo estaba el último junto al pasillo y la escuché decir de perfil como una moneda antigua.

”- Tico, hijo, que sepas que te veo en la tele siempre que sales y si no puedo verte, mando que te graben.”

Y tantas y tantas cosas de la casa… La primera entrevista, a los seis años de edad, con el príncipe don Felipe, hoy rey de España. O el día que conté en Telemadrid que su hijo, el heredero, tenía novia y estaba en la tele española. Pero no quiero vivir de la memoria, aunque sea lo único que me queda. Eso sí, decirle que hice la primera entrevista a doña Elena cuando me descubrió.

”- No me digas profesora, llámame maestra, que es mucho más hermoso.”

Fue portada de ABC el día que acompañe a Cristina en su viaje por América cuando la nombré Princesa del Amazonas o tantas veces con la reina Doña Sofía, de la que tengo una carta personal escrita a mano por ella misma.

Señor, que lo pase hoy tan bien como quiera y merece en la Zarzuela. Eso que se llama un almuerzo familiar, que mañana empezará el año de verdad. Pascua militar, donde se abrirá la ventana de la luz después de su largo silencio. Patrón, que es como le dicen en casa y los leales que le cuidan en Galicia, donde acaba de decir lo que más arriba escribo. La mar, que es su vida después de tanto navegar por tantos mares del mundo, siempre con España, para España, desde España. ¡Aquel día que me tiró de las orejas al cumplir yo cuarenta años, en la embajada de Guatemala! 

Su foto dedicada está conmigo y no la cambio por otra. Está usted con la reina doña Sofía, que ella sabe que la quiero mucho y  la he acompañado también en muchos viajes por el mundo. Y le he puesto el único marco de plata de verdad que hay en esta casa con tanta memoria dentro y tantos documentos gráficos. Eso sí, decirle también que a cada cual lo suyo, que doña Sofía le ha ayudado mucho en todos los aspectos y eso también hay que reseñarlo.

Señor, mi rey. Aquí dejo estas líneas de lealtad y de felicitación por su cumpleaños. Tiene un sitio en la historia y se lo merece, pero quiero que sepa que cuando todo el mundo tiene tanta capacidad para el olvido, yo le expreso mi lealtad y mi cariño. Y es por eso que, como siempre, le saludo a lo militar y recuerdo el último día que nos vimos en persona. Con mi director inolvidable, Eduardo Sánchez Junco, al que quería tanto. Y quiero decirle también que el otro día le recordamos en la casa de doña Mercedes, la presidenta, cuando tuve la emoción de acariciar ese perro grande que usted le regalo un día y que es la sombra fiel y leal de un presente entrañable.

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