El Rey cumple medio siglo en el ‘Pabellón del Príncipe’

Habrá que cambiar el nombre, digo yo, y tendremos que llamar a la casa de la Familia Real de España el Pabellón del Rey. Pero este no es el tema de blog de hoy, ni mucho menos, como ustedes imaginarán. Se trata de eso que todo el mundo sabe y que se refiere, antes que todo, incluso antes que nada ni nadie, a que Su Majestad el Rey de España don Felipe VI cumple hoy martes sus primeros cincuenta años. Toda España lo celebra y me atrevo a recomendarles que busquen -si es que ya no se ha agotado, que puede-, el especial de los cincuenta años de don Felipe que hace unos días ha puesto en circulación en todo el mundo la revista ¡HOLA!, desde la que les escribo, dado que llevo en ella más de cincuenta años, desde que vine al mundo de la noticia.

Bien, a parte del último número de ¡HOLA!, el de esta semana trae dentro muchísimo de lo que hoy escribimos.

Como casi todo se ha dicho y se está diciendo estos días en relación con esta buena noticia, servidor de ustedes que solo tiene para contar lo que ya ha vivido -que no me atrevo casi nunca, por si me equivoco a leer lo que dice la bola de cristal-, aquí me tienen. Que lo que yo quiero recordar para hoy martes 30 de enero de 2018 es solo, nada más y nada menos, que lo que me ha tocado vivir con don Felipe desde casi el día que vino al mundo. Que por cierto, yo no estaba allí, las cosas como son, a pie de clínica. Si bien debo decirles que ahí han nacido tres de mis cuatro hijos, y no lo digo por presumir (que podría), si no por que así lo ha mandado el reloj de la vida de los míos, que en mucho ya son incluso suyos, no crean.

Primero. Como he contado muchas veces, porque forma parte de los grandes momentos de mi vida como contador de historias.

El día aquel que siendo un niño en el colegio de Rosales, donde tantas veces acudí, el entonces solo príncipe empezaba a estudiar y aprovecho para decirles lo que estaba estudiando ”precisamente en aquel preciso momento”: Baladilla de los tres ríos, del poeta García Lorca. Incluso hay un documento gráfico único. Servidor de pie, con su abrigo porque hacia frió y el príncipe heredero rubio mirándome de abajo a arriba. Casi siempre después he tenido que hacerlo de abajo a arriba dado que es el ”rey más alto del mundo”, con su uno noventa y seis de altura. Como se ha sabido estos días de él, como casi todo lo que a él atañe dado su cumpleaños, como que calza de zapato un cuarenta y cinco y que le gustan mucho los de hebilla.

Bien. Pues aquel día, aquella foto, insisto que única, dio casi la vuelta al mundo. Era en sí la primera entrevista. La conservo como oro en paño fino y espero que mis hijos sepan darle la importancia que merece.

Dos. La primera vez que se le hizo otra, después del primer encuentro (en la que se llegó a ofrecer la primera de ABC, que era donde servidor era jefe de reporteros -¡como pasa el tiempo!), el joven príncipe, ya de pantalón largo, estaba delante de la ermita de la Zarzuela, alrededor del día de su primera comunión. Los dos acariciamos uno de los perros grandes de con Felipe, entonces su Alteza Real. En el campo velazqueño donde esta el Palacio Real hay un breve cementerio donde, a la sombra de las grandes encinas milenarias, hay un sitio para que reposen los perros, muchos de la Casa.

La tercera vez -que servidor fue el primero, y no es por presumir, sino porque así ha sido legalmente-, es cuando llevamos, mientras acompañaba a la Reina en un discretísimo tercer plano, al futuro Rey para que estudiara en Canadá. Lo recuerdo bien y lo conté ya para ¡HOLA!, como Dios y el tiempo mandan. Se comentó mucho aquello, como que fue lo primero que echó en su equipaje privado. Su ayudante (perdón, el entonces teniente coronel Alsina de los Guardiamarinas) igual que en el suyo puso una guitarra, pero para su uso personal. Mientras, el príncipe se llevaba un telescopio para mirar las estrellas del cielo, que las del cine ya las estaba viendo también. Y no es un chiste. Me dicen que esta afición, la astronomía, la ha heredado alguna de sus preciosas hijas.

Tambien lo conté, que para eso había viajado con la reina Sofía.

Yo estaba allí, en el salón azul del teatro Campoamor, donde pronunció su primer discurso. Además de eso, yo iba siempre a esa fiesta brillantísima de la entrega de los premios en Oviedo pero para una misión importante. A parte, a mí me tocó retransmitirlo en directo, el primer discurso del príncipe heredero. Parece que lo estoy viendo ahora mismo, ni más ni menos que a toda la América de nuestro idioma, incluido Estados Unidos, ya que era redactor jefe de aquel programa inolvidable, 300 Millones (que ahora se llamaría 500 Millones) y además era corresponsal de la Corona en México, el primero después de la restauración de las relaciones entre los dos países hermanos.

Recuerdos, memoria, aunque a veces las fechas se me olviden, que nunca fui bueno para ello. La primera vez también que el príncipe, entonces don Felipe, representó oficialmente a su padre, el rey Juan Carlos, visitaba Hispanoamérica. Fue a Panamá, y bien que recuerdo en aquel bello país, aquel día caluroso, febril, cuando al paso del príncipe más alto que todos, con su camiseta almidonada, suelta, merecía la admiración de todos, sonriendo y saludando mientras decían a su paso, y así lo conté en su día.

-¡Qué guapo es! Y ademas, ni suda siquiera.

-Por algo es hijo del Rey.

Y otros.

-¡Por eso hay que decirle Alteza, es el mas alto de todos!

Palabra. Después le acompañé en un viaje a México, donde subimos a las pirámides del sol y de la luna. Luego las subí mas veces, pero también más despacio.

También bajé con él hasta el sur de América en otro viaje oficial. También a una gira por los países del golfo donde subí a un helicóptero que él mismo pilotaba… donde me regalaron aquel reloj azul, con la media luna y los sables entrecruzados y las dos palmeras.

Todo el mundo lo sabe ya: aquel día que por fin se supo que el príncipe tenía novia, en el programa de Terelu Campos en Telemadrid diario, por la tarde, donde con ella estábamos aquel día Rosa Villacastín por ejemplo y yo conté.

-Don Felipe tiene novia y es una locutora de televisión española, es una chica rubia muy bonita.

-Puede ser la Igartiburu… ¿no?

-Pues esa precisamente no…

Aquella misma tarde recibí una llamada desde Oviedo. Era Graciano Garci, espléndido periodista, director entonces de la Fundación que llevaba el nombre del príncipe y que hoy en su casa sobre el cantábrico escribe hermosos versos, que por cierto aún no he recibido. Una de las personas que más han hecho por el príncipe, con el príncipe, desde el príncipe, del príncipe y no solo por el sino por la Corona española.

-¿Cómo has sabido lo del zagal?

El zagal, en el mundo de los pastores, es el mayor de la casa.

Y así no sé cuántas cosas más. Pero ya no tengo tiempo. Yo también podría haber escrito un libro sobre el hijo del ”patrón”… como él llama a su padre, el rey emérito.

Estos días han salido dos, quizá tres libros. Y los que están por salir. Yo también podría haberlo hecho, incluso me lo pidieron. No. Eso sí, a ver si me decido a escribir mis memorias o lo que sea. Ya veremos. Por lo pronto hoy, en su cincuenta cumpleaños soplo las cincuenta veces que hemos estado sino juntos, cerca. Muy cerca, a veces incluso dentro. Por eso me siento orgulloso de lo que he contado y también de lo que no he contado. Los gritos y los silencios, de este joven Rey de cincuenta años que hoy los está haciendo y que tanto, tanto, está haciendo por este pueblo nuestro, todavía llamado España.

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