Doctor Barnard, asuntos del corazón

Y del corazón con mayúscula. A ver si no. Como todos los santos, tienen octava y siguen teniendo su propio resplandor hasta siete días como poco. Después igual le ocurre a las noticias: no envejecen del todo, como esta. Por lo pronto, y para empezar, perdonen si no estuve con ustedes la semana pasada. Tampoco pasó nada. La prueba es que la tormenta esta llamada Ana pudo conmigo, pero no del todo. Soy un viejo árbol que aún resiste las ciclogénesis -y perdonen por la palabra, en este caso el palabro-.

Lo  cierto es que la semana pasada hizo cuarenta años del primer trasplante de corazón habido en la historia de la humanidad, de un cuerpo humano a otro. El hecho, sin duda más que revolucionario y hasta entonces único, ocurrió en Sudáfrica, en concreto al final del continente, y fue posible gracias a que se consiguió trasplantar el corazón de una joven africana,  – el tres de septiembre del sesenta y siete-, que había muerto en un atropello junto a su madre, con 26 años de edad. Su corazón se trasplantó al cuerpo de un hombre que sufría una enfermedad insoportable. Ella se llamaba Denisse, y él Luis. La operación había sido realizada por el doctor Christian Barnad, muy joven aún, pero que ya disfrutaba de una brillante biografía profesional. Su quirófano dio la vuelta al mundo porque la operación fue un éxito, aunque el receptor muriera solo dieciocho días después. La noticia, en sí prodigiosa, no  solo dio la vuelta al mundo entero, sino que convirtió al cirujano de Sudáfrica en una leyenda a escala planetaria. Por si fuera poco, era un sabio con un rostro cinematográfico, en la línea digamos de James Stewart.

Barnard murió en Chipre. Películas, reportajes, conferencias y por supuesto hasta la posibilidad de recibir el premio Nobel. Sin  duda lo merecía. Pero tal vez, en el mundo de la ciencia, digo yo, su insultante juventud, su aire hacia fuera, su palabra brillante y una cierta frivolidad,  su sonrisa impactante, no hicieron posible el milagro merecido.

Cuando vino a España, servidor le conoció. Entonces, -¡he sido tantas cosas en este oficio – era enviado especial del diario Pueblo. No tuve entonces que viajar fuera para encontrar la historia. El protagonista aureolado de su propia conquista vino a España. Si bien vino acompañado aquella primera vez de su jovencísima y bellísima nueva esposa, Barbara Zoellner, hija del rey del acero, separado ya de su anterior mujer con la que había compartido los primeros años de combate científico.

Cuando vine a España, le atendí en profundidad. Le hice más de una entrevista, casi para escribir un libro. Viajamos por España y le acompañé (aunque no sabía, ni sé una patata de inglés. He sido siempre un melón en lo que se refiere a los idiomas). Pero hicimos buenas migas, hubo feeling, como se dice habitualmente y hasta llegamos a cenar, por dar solo una cita, en el reservado del Mesín de Cándido en Segovia, con la gran ceremonia del gran maestre de cómo partir con un plato el cochinillo asado, que él hacía como nadie y que ahora sigue haciendo su  hijo. Con él precisamente tuve el gusto de recibir hace unos días en el palacio de la Moncloa, de manos del presidente Rajoy, la medalla de oro del trabajo -y también su nieto-. Una ceremonia de presentación, aquella del manjar, que hoy se continua celebrando en uno de los rincones mas hermosos de España donde yo llevé a mucha gente del éxito, como por ejemplo Orson Welles, Ava Gardner, o Anthony Quinn, que a poco se queda después de aquello a vivir allí para siempre.

Vale. Tengo los documentos gráficos que atestiguan lo que les cuento. Pero debo encontrarlos antes de irme al otro barrio. Mientras tanto, quiero contarles y con esto cierro la historia, algo de aquella noche final en la que cenábamos el famoso y riquísimo cochinillo asado, en soledad los tres. Barbara, impresionante; Christian, feliz a tope– el vino era de ribera del Duero, de la cuesta de las liebres- y servidor qué quieren que les diga.

-Doctor…

-No me llames  doctor, llámame Christian…

-El cochinillo, ¿es realmente bueno, para el corazón?

-Lo mejor del mundo, amigo. No olvides que su carne es la que más se parece a la del ser humano y que ya se están usando sus venas para ayudar a las personas que tienen enfermedades cardíacas. Cierto- yo tengo un imperdible, lo tengo todo– que siendo de vena de cerdo me ayuda a que mi viejo corazón  siga caminando. No obstante, debo confesar que me gusta mucho el jamón  serrano, será quizá por agradecimiento.

Eso sí, aquella noche inolvidable, en un momento brindando, él mirando a los ojos d Barbara y yo mirando al vació, a la hora de chocar los cristales él abrió su corazón y me hizo saber, sabiendo ademas que lo publicaría en el periódico y a seis columnas:

-¿Cómo crees que iban a darme el premio Nobel si mi mejor trasplante de corazón se llama Barbara y ha sido doble, con una mujer tan hermosa como esta? Porque yo le he dado mi corazón.

Y ella, apretándole la mano milagrosa, terminó la frase.

-Tú me has dado el tuyo y yo te he dado el mio. No lo olvides, Christian.

Se nos ha muerto el legendario caballero. No sabemos qué ha sido de Barbara, pero sí sé que le dio hijos, serenidad y una vida generosa y tal vez feliz. Pero lo que sí quiero que sepan ustedes, mis lectoras y lectores, como se dice ahora, es que una promesa entre los dos no llegó a consumarse, y sobre todo hasta hoy cuando se han hecho con éxito, y muchos en España, más de quinientos trasplantes de corazón.

-Ya sabe, doctor…

-Te pedí que me llamaras Christian…

-Bueno, pues ya sabes que si me tengo que cambiar de corazón te buscaré donde estés para que seas tú quien me lo hagas.

-Estaré esperando tu llamada. Búscame, que me encontrarás.

Él se ha ido antes. No sé si ya será ceniza, pero el recuerdo sobre todo de aquella mujer, Barbara, su esposa en el corazón de Castilla,hace tantos años, hace sonar más fuerte este viejo corazón mío, irremediablemente cansado, más bien harto, herido y a la deriva. Menos mal que en Hola.com y con asuntos precisamente de eso, del corazón, y se lo digo con el corazón en la mano, ha hecho posible que el viejo druida se mantenga vivo y vociferante.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer