José Manuel Soto, juego de tronío

Con acento en la i, sin duda. Porque José Manuel Soto Alarcón, sevillano de cincuenta y seis años (que no pasan los años por él) de verdad que lo del tronío, con acento en la i, lo tiene. El tronío en el lenguaje del sur, al que cada día soy mas adicto, es aquello que se tiene, porque con él se nace, y encima se hace cada día más grande. No se hereda, se viene contigo en la masa de la sangre aunque a veces se comparte.

Este es sin duda el caso de este Soto. Cantante, ¡y bueno! porque tiene de entrada la raíz del cantaor (que son dos ”suertes” distintas) del que hoy escribo en este blog en un momento en el que demuestra claramente, dos cosas.

Una: que se lo merece. Otra: que es valiente.

Y que igual que rompe el silencio de las listas de oro cuando canta, levanta la voz en Twitter cuando quiere defender, casi heroicamente, lo que cree,  lo que siente,  lo que le pide su corazón de grande. Vamos a ver, este Soto al que además no tengo mucho gusto de tratar, aunque le conozco, le escucho y lo comparto, con los mios y con los tuyos, este Soto, que se llama Alarcón, aunque no tiene par, de segundo apellido, es uno de los nueve hermanos, de una familia sevillana, trabajadora y buena gente. Lo digo por que lo sé. La última vez que estuvimos juntos, me parece que fue aquel día en Puertollano donde se le daba un homenaje, merecido siempre, a don Manuel Escobar. Yo estaba allí de aplaudidor y lo pasé bien, y con la carne de gallina, cuando cantó ese Por ella, que es un himno al amor y a la memoria, una de las canciones mas vendidas de los últimos cincuenta años de la historia de la canción popular de España.

Soto parece, él mismo lo reconoce públicamente y lo afirma, un señorito quizá con sombrero plano o con el sombrero de paja que ahora se lleva tanto en el sur, pero que hay que saber llevarlo, pero aquí os escribo y lo firmo, que se trata de un señor. Tiene gusto, arte, elegancia, clase y además un valor torero que le acerca a la sangre de los Rivera, de los que está tan cerca. Familiarmente y amistosamente.

Soto empezó cantando de niño chico en los rocieros, a caballo y a pie, (que a caballo es también un caballero, porque forma parte de su ciencia y de su arte). Andaluz total, el más sureño del sur o uno de los mas sureños, casado con Pilar Parejo, que le ha dado tres hijos. Uno de ellos cerca del corazón, o por lo menos lo estaba, de esa hija tan linda de Carlos Herrera, mi maestro, mi jefe y además mi amigo y compañero, que me deja cerrar los programas de la radio de toda la semana los viernes a las una menos cuarto de la tarde, donde tienen ustedes su casa. Digo yo que además la actualidad de Soto se agiganta estos días porque ha escrito -para que no se lo lleve el viento en eso que se llaman las redes sociales, que a veces se convierten en redes ”suciales”. y no es por jugar a las palabras-, y ha dicho valerosamente, guerrero también en la verdad de su verdad, que es la verdad, lo que siente de este difícil momento político que esta viviendo nuestro país, digámoslo con todas sus letras, la gran palabra… España.

Vale. Ha editado más de cincuenta discos, como poco, y muchas de sus canciones, muchísimas, casi todas, no da puntada sin hilo. Se venden como el pan caliente y a todos los niveles. Se prodiga poco pero tampoco lo necesita porque su talento, y ahora además su talante, están en todos sitios, incluida la gran América que habla ya de quinientas millones de almas.

Vive en Sevilla, claro, lo que indica su genio. En el campo tiene, o tenía, una finca de esas que a mi me gustan, con albero, con un patio con fuente, gloria bendita. Cuando quiero acercarme más al sur, aunque estoy dentro y cada día más, me gusta recordar con escalofrío aquella misa rociera suya de gratísima memoria, decepción y sentimiento. He dicho más arriba que su segundo apellido es Alarcón y que ya tiene libro, premio, éxito y popularidad. Es un buen empresario y adora la fiesta nacional. De haber sido torero habría estado en la cumbre de los valientes y es poeta secreto, en sus ratos libres. No hay más que escuchar lo que dice cuando canta. No es solo un son, es también un poema. Estoy deseando que llegue el día en que, como ha prometido alguna vez, cante lo de toda la vida, lo suyo de siempre, de ayer, de hoy y de mañana ni más ni menos que en el Teatro Real. Ahí también esté lo de juego de tronío, que le sobra.

De nada maestro José Soto, de estatura media, pero de genio… gigante.

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