Carta para Tana

Tana. Hasta ayer, niña Tana, pero ya hoy como la  niña de la copla de julio iglesias. De niña a mujer. Ya sabes. Yo que no te conozco, creo,  de besarte en las mejillas, sí que sé bien de la fuerza y de la vida de tu sangre.

Verás Cayetana, que tienen donde elegir para darte un título de los que tiene tu madre, a la que fíjate si sé de ella que por tener una foto en la que la tengo en brazos. Cómo pasa el tiempo. A las puertas del palacio de Liria, el de las  lanzas doradas, y la abuela a la que tu llamabas Guita según cuenta ¡HOLA!, a caballo y vestida de amazona. ¡HOLA!, que con motivo de tus primeros dieciocho acaba de publicar y el número está en la calle. Uno de los mas bellos, apasionantes y completos documentos de tu vida, que te digo que es formidable y hasta necesario. Ten en cuenta que tus años son también años de la historia de España.

Por eso te escribo esta carta hoy, para decirte que un servidor fue el primero que escribió una de las muchas biografías de tu abuela Cayetana a la que quise tanto y de la que tanto aprendí. Dejando el libro a un lado, sé que le gustó mucho a tu abuela, tanto es así que me regaló -además de su amistad- ni mas ni menos que uno de los pocos cuadros que ella de su mano pintara y precisamente un caballo como veneciano, firmado y dedicado, en el que se demuestra que tú también eres una muy buena jinete. A la eficacia y la sabiduría del arte de montar añades la de esa belleza tuya, porque mira, te diré algo: conocí a tu abuela por parte de padre, que fue entre otras cosas una de las mas bellas mujeres que he conocido en mi larga vida, aparte de una de las damas de más fuerte personalidad que haya encontrado en una existencia como la mía, de buscador de tesoros humanos, vidas únicas, para contar a los demás. Así que niña, perdona que te diga niña, aunque ya seas mujer socialmente hablando, y que ya has ido puesta de largo, como ordena la sociedad en la que vivimos, sobrevivimos y aguantamos, aunque a veces no nos guste cómo es y como nos manda ser para los que la contamos.

Te hemos visto crecer a veces, como quien roba tu presencia, niña noticia, desde el mismo día que viniste a mundo e incluso antes, desde que ya tu corazón sonaba con el compás de lo flamenco en el vientre de aquella otra niña, tu madre Duquesa de Montoro, a la que también di noticia de su nacimiento, porque este viejo contador de historias lleva en esto más de sesenta años, en la brecha.

Así que te he visto casi nacer, aquel 16 de octubre de l999 en Sevilla, hija de la hija de la duquesa mas española de España, “aquella que decía Oriana Fallaci, a la que  conocí y entrevisté en su día, formidable periodista a la que tendría que dejar sitio para entrar en un ascensor de encontrarse las dos a la puerta, la propia reina Isabel de la Inglaterra”. Porque tu abuela Cayetana, de la que tienes tantas cosas que asustan, cosas de las que no se tocan con la mano digo, que de las otras tampoco las necesitas, tenía más títulos que la propia soberana que aún vive y que pronto va a cumplir los primeros noventa años.

Niña Tana, que así te llaman, perdona que te diga niña, pero es una costumbre andaluza. Fíjate que hasta tu padre te llama, cariñosamente claro, “Bichito”, según se sabe y se cuenta en ¡HOLA! Y es que niña, en nuestro viejo idioma andaluz lo dicen las madres a sus hijas, aunque sus hijas hayan cumplido cincuenta años.

Eres bonita, niña Tana, pero además eres linda, y perdona por el piropo que te van a dedicar muchos, pero es que además te veo a veces en el admirable reportaje de ¡HOLA! a lo largo de tu vida, en tus fotos de primera comunión, en la playa, a a caballo o caminando hacia la escuela… que son siempre fotos robadas, pero con una sonrisa fascinante que yo había visto ya también en tu madre, Eugenia, nombre de emperatriz, que yo soy de Granada y he jugado mucho en el barrio de la Magdalena donde vivió en su tiempo Eugenia de Montijo Guzmán y Portocarrero, que llegó a ser ni más ni menos que emperatriz, por amor de Francia.

Niña Tana,  sé que lo mas importante es una sencillez tan natural como timidez de paso y ese garbo de tu padre. De una raza de toreros, que si los nobles tienen la sangre casi azul -aunque el rey  don Juan Carlos me descubrió un día que eso no era cierto-, la sangre de los toreros es bien roja, como lo ha demostrado tu padre hace tanto tiempo, incluso hasta tu tío Cayetano hace unos días en las tierras de Zaragoza.

Una casta de la que yo escribí mucho, muchísimo, desde tu abuelo Antonio Ordóñez, que fue mi amigo y del que tanto escribí, hasta mas allá incluso, de Luis Miguel Dominguín, tu tío abuelo con el que  tanto aprendí en su oficio y en su vida misma. Así que por lo menos, que sepas que conozco bien, muy bien, tus raíces y de tu padre Francisco. Te diré que un día tuve la suerte de almorzar en Ronda, de donde le viene el grifo de su historia. De su propia y gran historia. Fíjate, me dijo un día Jesús Quintero, “El Loco de la Colina” y viejo profeta andaluz, aquello de:

-“Tiene tanta raza en la sangre, que a veces hace cosas que no sabe que sabe”.

Eso también, como es lógico, te pasa a ti: montas a caballo bien, te gusta el flamenco bien (y el de verdad) e incluso, aunque eso no es un conocimiento sino un sentimiento, sé que escribes a escondidas, aunque no se sepa del todo, hablas varios idiomas, además de por teléfono, (que no lo dejas de la mano) y te he visto en las fotos de ¡HOLA! en la playa  y en la calle con una flor en el pelo, que no es fácil ponerse, colocarse, mejor dicho, y hasta vestida de goyesca, que no es fácil, por que entre lo sublime y lo ridículo hay un paso, y esa foto con tu padre sobre la arena de la plaza de Ronda y de la mano, que dio la vuelta al mundo, niña.

Me dicen que igual a a tu madre el reportaje de ¡HOLA! no le ha gustado mucho. Pero eso tampoco es verdad del todo. ¡HOLA! que tiene la mejor fototeca y hemeroteca incluso, aunque yo forme parte de ella, ha elegido lo mejor de toda una vida. Toda. Como es la de tus espléndidos dieciocho años que ¡HOLA! recoge, elige y comenta y veo en todos los kioskos de España, de América y del mundo. Del que ya, sin querer, yo sé que es así, aunque queriendo en el fondo, porque es una vida en imágenes, rigurosamente seleccionada desde que viniste al mundo, princesa. “Las imágenes mas esperadas de la hija de Francisco Rivera y Eugenia Martinez de Irujo”.

Sin embargo yo sé, mira por donde, más por viejo que por sabio, que no te va a gustar mucho, o al menos eso creo, salir en las fotografías o que sepan de ti más de lo que hay que saber, pero siempre te servirá este documento como un álbum de familia que has querido compartir con España. De hecho ya lo habías hecho. Por eso hoy, esta carta de un viejo escribidor de cartas para ti, sé que no será la primera ni la ultima. Dios te bendiga, duquesa, y siento en mi hombro derecho la mano transparente de tu abuela Cayetana, Duquesa de alba, y en el otro la mano fuerte de tu abuela Carmen, a la que no quiero ni puedo olvidar en un día como hoy en el que empieza a llover fuera en la calle, y también ¡son tantos los recuerdos en las cuatro esquinas de mi alma!

Te besa en la frente. Tico medina

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