El marqués de Griñón, dos veces grande

Me explico. Le tengo ley a Carlos Falcó, con aceto en la o, y ademas de segundo apellido se llama Fernández de Córdoba, ya que es heredero -en línea directa a través de los siglos- del Gran Capitán, que estuvo a punto en su tiempo de ser Rey de España.

Yo, debo decirlo, con urgencia le tengo ley, o sea, forma parte de las personas a las que quiero, respeto y admiro y además, inmediatamente les explicare el porqué. Tantas veces como llame a Carlos Falcó, con acento en la o, para cualquier cosa, siempre, desde el punto de vista informativo, la prensa, la radio , la televisión… estuvo para mí sin importarle, me consta, a quién representaba o a qué medio pertenecía. Así que de entrada le tengo lealtad y agradecimiento. Sobre todo porque fue por el mundo entero hablando del vino, del aceite o de lo que le diera la gana, pero siempre, siempre fue la primera “marca España“. Nos representó siempre con dignidad, con personalidad y con fuerza.

Y es que además, ahora que se nos ha casado por tercera vez, días atrás ha vuelto a ser noticia, a parte de sus espléndidos ochenta años, que los muestra con alegría, optimismo y buena forma. Gracias, por la parte que nos toca. Yo le conozco desde cuando se nos casó con Isabel Preysler, aunque yo entonces, no quise “traicionar “ (es un decir) a mi buen amigo, al menos entonces sí que lo era, Julio Iglesias. Pero estuve siempre al lado de Carlos para contar con sus empresas, que siempre fueron un buen resplandor para España. Aunque a veces, porque le gusta mucho arriesgar. Nos representó con dignidad sin menoscabar su orgullo de ser español, cosa que me consta de cuando yo viajaba por el mundo buscando historias que contar.

A lo que voy: cuando hace unos años (creo que aun estaba casado con Fátima) me invitó a ir a vendimiar con él en sus viñas de los campos toledanos, fui y lo conté mas o menos por estas fechas del otoño, y bien que recuerdo qué me dijo:

-Vente, te quedas todo el día por aquí, comemos juntos y por la noche vienes conmigo a vendimiar, que este año tenemos buena cosecha.

-¿De noche, Carlos?

-De noche, que es cuando es mejor la vendimia, por que la uva esta mas serena. Descansa y no tiene encima el rigor del sol de todo el día…. Así lo hacen los franceses que tanto saben de vino.

Y fui y viví con él la hermosa aventura de cortar el racimo bajo la luz de la luna. El silencio era de plata, total, que lo conté para ¡HOLA! y en su hemeroteca hermosa estará sin duda.

Gran tipo este, el marqués de Griñón, al que he entrevistado y con el que he hablado en aviones, en América mas de una vez, en Nueva York, desde luego en su finca del Safari o en su casona grande de Malpica, esa casa elegante, sencilla, dentro de la clase de su estirpe con la chimenea a veces encendida con viejos troncos de olivo de su tierra, o sentados junto a la puerta mientras cerca cantaban las perdices de la primavera. Ahora, el marqués se nos ha casado de nuevo hace unos días y la fiesta se ha celebrado en su finca. En su escudo hay desde un ave María, que viene de no se cuantos años, hasta cuartos, colores y una corona hermosa de Grande de España, privilegio Real que no todo el mundo tiene. Si bien sé yo cómo es su carácter democrático, incluso cuando era consejero y no por título, sino por su verdadera amistad con el emérito rey de España don Juan Carlos.

Es también marqués de otro titulo, que ahora no recuerdo,  y sobre todo es capaz de hacer un aceite en sus almazaras auténticamente espectacular, así como un vino que lleva el nombre de sus Pagos, que es como se llaman a las fanegas de tierra que él tiene por que le vienen de años, muchos años, de su familia. Una vez,que hablamos porque coincidimos en Málaga que le gusta tanto, me di cuenta, en la serenidad de la noche de luna Mediterránea, de su enorme personalidad, ¡que un embajador de España en el mundo que es aunque no tenga título diplomático!

Habla varios idiomas y el de la gente. Le gusta mas que ningún otro el color campesino en la piel, el sol del barranco, más que el de los yates incluso. Hay un dato que lo pregona, aunque que no sé si lo habrá cambiado, en su casa del campo donde vive, la piscina esta pintada de amarillo y no de azul piscino. Como se dice ahora, color dorado que se asemeja a los campos de espiga y chicharra en el que tanto le gusta moverse. Monta a caballo muy bien y también recuerdo haber hablado con él cuando tenía aquella casa tipo chalet frente a la embajada de Francia, en Madrid, que era una especie de consulado del buen gusto, del estilo personal de España en el mundo entero.

Como todo lo relativo a su boda de hace unos días ya lo tienen ustedes gracias a ¡HOLA!, lo único que quiero es enviarle este retrato suyo hecho desde el fondo de mi viejo corazón, como un regalo tardío, trabajado con el viejo corazón campesino que manda en mí desde que vine al mundo en mi pueblo de Piñar, para él y para su joven esposa, que le ha traído a su vida de aventurero de  España un resplandor nuevo, una formidable vitalidad que me gusta… no sabe cuánto. Porque cuanto más joven este Griñón, don Carlos, con la ayuda de sus hijos, de los suyos, y de todos, más joven será esta vieja y necesitada España.

He dicho.

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