Las chicas de oro del baloncesto femenino

Bueno, la verdad es que son más que de oro, porque además lo son fuera de la cancha. Incluso estos días se las ha llegado a llamar, “la gran familia” del deporte español. Por lo pronto, a mí, que como ustedes ya saben y soportan, tanto me gusta un titular que llame la atención, lo cierto es que este se me queda corto. Y es natural que así sea, porque se lo merecen.

España es un país que generalmente, y desde siempre, da muy buenos deportistas, de oro siempre, pero es que en este caso, en el del baloncesto, lo que ofrece siempre, siempre, son buenas figuras, individualidades, amén de la gloria reconocida de deportistas del fútbol, de la natación, por no decir, también del tenis, que ya está todo dicho. Los mejores de los mejores son españoles, sin género de dudas, no hay más que repasar la lista de los podios. Damos muy buenos campeones. Pero es que en el caso de nuestras campeonas de Europa, subcampeonas del mundo, en el básket femenino hasta ahora no ha habido, y no lo habíamos visto, su espectacular “subidón”. Y lo han estado peleando desde hace mucho tiempo. “Con humilidad y con trabajo”, como ha dicho su ya famosísimo y aplaudido, el catalán Mondelo, que como es natural se ha mostrado no contento sino mucho más, y es lógico, porque entre otras cosas ha dicho que después de la Copa de Plata, debía ser de oro de la gran batalla.

España era la que llevaba la iniciativa y el juego, y Francia tiraba de virtuosismo y algo de acrobacia (Getty Images).

Habrá que crear una palabra nueva para definir la enorme realidad de este equipo femenino nuestro de baloncesto. La de leyenda ya se nos queda corta, porque lo que han hecho, lo que han conseguido, merece más que el mayor elogio, sobre todo el que España sepan lo que han hecho sus guerreras del baloncesto.

Y es verdad, de pronto, en el tiempo de los ídolos individuales, de los astros que resplandecen, este grupo de mujeres españolas, han conseguido lo que no todos esperaban, y sabían que podía ocurrir, el milagro de ser, y por tres veces ya, campeonas de Europa, de un juego cada día más popular, más seguido por millones de personas en todo el mundo. España ya de por sí es un referente claro en este deporte, y más con las españolas, que ya están en el ranking mundial, las segundas de todo el mundo. Porque lo son así.

Subcampeonas del planeta, solo un puesto detrás de los Estados Unidos, que son, de siempre, los reyes del mambo, como se dice ahora. Pero además, subcampeonas olímpicas.

Y lo que les queda. Son formidables desde el íntimo secreto del vestuario, que es fundamental, la amistad, casi la fraternidad de lo que se cuece fuera de la cancha hasta la realidad total del vestuario. Daba alegría y una cierta tristeza el otro día, viéndolas regresar, de uniforme rojo y con cinta amarilla, esperadas por un grupo no demasiado numeroso de fieles, frente a la alegría universal del regreso de otras familias deportivas con menos merecimiento.

No señalo ni mucho menos, simplemente constato.

El talante y el talento han conseguido juntos este milagro. Este torneo se juega desde el treinta y seis, según consulto, y siempre estuvimos a buen nivel, pero lo de ahora rebasa todos los sueños. Me emocionó verlas levantar la copa aquel día del triunfo, bajo una lluvia de pétalos, que aunque fueran de papeles de colores, merecían ser de las mejores flores del mundo. Gritaban como chiquillas que acababan de recibir la llegada de los Reyes Magos, cargados con la ilusión que esperaba, y por la que llevaban luchando no sé cuánto tiempo. Toda una vida. Insiste mucho su entrenador, en “la humildad” con que han seguido su éxito.

Laia, Alba, Marta, María…

Por dar solo unos nombres, elegancia y combate, “todas ganan y todas sumamos”. Incluso Alba Torrens, la mejor entre las mejores incluso, la mejor de Europa sin duda. La forma y el fondo, tantas historias como mujeres en la cancha. La eficacia del enceste, la lucha, el espectáculo incluido.

Cuando le llevaron al presidente del Gobierno, Rajoy, a la Moncloa, la copa de plata, según manda el protocolo, y también el corazón, que todo a veces camina junto, el presidente, contento, feliz, siempre es buena una buena noticia como esta y más si de Europa viene, les dijo. Sonriente, emocionado.

– El año que viene se celebra en España el campeonato mundial de baloncesto femenino. Espero, y deseo, y estoy seguro, que el año que viene, volveréis a traerme, la copa del mundo. Porque no sois las segundas, no, sois las primeras y lo estáis demostrando.

Pues a esperarlo y por lo pronto, sería muy bueno que supiéramos de verdad lo que tenemos. Y encontrar la manera, urgente, de demostrarlo.

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