Adiós a David Delfín, crónica de una muerte anunciada

El título de la página de hoy no es mío, como todo el mundo sabe, es de Gabriel García Márquez, pero la verdad es que responde a un hecho cierto. Podríamos escribir hoy que es un título que a todos nos corresponde, porque la vida es, lo que que un día me dijo un fosor de Guadix, de los que enterraban a los muertos, “la verdad si bien lo mira usted es que no somos más que eso, muertos, de permiso”.

Pero en el caso de hoy, el que tristemente nos ocupa, era aún mucho más cierto. Desde enero del año pasado ya llevaba la firma en la frente. Se sabía. El “sastrecillo valiente” como se le ha llamado sobre todo estos días, estaba señalado con urgencia. Tenía cáncer y, sobre todo, un cáncer de los que no se curan. Un tumor extraño que le hacía a veces tener que llevar la desnuda cabeza, llena de espadrapos. Doloroso, cerebral, imposible de curar, por lo que se decía.

Ahora puedo contarlo. Le conocí donde últimamente conozco a mucha gente. No me muevo de casa, por prescripción médica como saben, porque ya se lo he contado muchas veces , y solo lo hago una vez por semana de Madrid, a Sevilla en el AVE, el mismo día, ida y vuelta, para hacer mi colaboración en el programa de Juan y Medio, Aquí y ahora, en el que con Carmen Pardo, mi querida compañera, cuento -o contamos los dos- de la Familia Real. Va bien la cosa, porque ya llevamos más de seis años y subiendo la audiencia. Casi un milagro.

Pues en uno de esos desplazamientos, al sur, que es mi raíz y debe ser mi final, Bimba me presentó al misterioso y sonriente, casi muchacho, que le acompañaba. Era flaco, muy andaluz, de Ronda, y además, era modista. Y positivo, a pesar de que ya estaba habitado por lo implacable. Me gustó conocerlo, su punto negro en la oreja, un zarcillo, y ademas aquel gran tatuaje, rosa, en un brazo. Me tuve que presentar a Bimba, y Bimba me presentó a su vez, a Delfín, su mejor amigo, me dijo. Venían de Sotogrande, donde compartían un espacio juntos y los dos estaban señalados por el dedo de lo inapelable. Sé que le dije.

– David, ya sabes que Ronda imprime carácter. Es de lo mejor de Andalucía. Y encima te llamas Delfín, que ya sabes que los delfines van siempre delante de los barcos saltando, entreteniendo a los pasajeros de los cruceros. Detrás van los tiburones que son los que se alimentan de los despojos.
Nos dimos un fuerte apretón de manos. A Bimba un beso de ida. Y de venida también, porque ya ella misma lo contaba, lo descubría.

Ahora se nos fue el sábado, en Madrid, David Delfín, del que se han dicho tantas cosas. Y tan hermosas también. Transgresor, otra “D”, de diferente, de luchador, de brillante, de genial, para resumirlo todo. Pablo Sáez, que ha sido su pareja mucho tiempo, le ha llamado colibrí, con acento en la segunda “I” y, además, lo más hermoso, “capricho andaluz”.

Eso es lo que era, lo que es, lo que va a seguir siendo. Mi hijo Ignacio, que tanto sabe de las cosas de la tele, le llamo un día hace poco, me lo cuenta hoy mismo volviendo de Cardiff, porque quería hacerle un documental reportaje de su vida. Y él le respondió al otro lado del teléfono.

– Estoy viviendo un gran momento creador, una explosión auténtica, inmediatamente que mejore de lo mío, te llamo, y gracias por la llamada.

Pero no ha podido hacerlo, siempre estaba creando, inventando, era una especie de Pablo Picasso del diseño. ¡Aquella creación suya, siempre rompedora, siempre la cruz de la moneda, de las mujeres vestidas con un burka, el rostro tapado, la belleza interior de la libertad!

Le gustaba hacer cine, era como hermano de Alaska y Vaquerizo, su flequillo, su triste sonrisa, última, a brazo partido con la quimio, con la radio, los hombres que le amaron, su actitud ante la vida que le regaló tan poco y le había exigido tanto. Se ganó a pulso, el premio al Mejor Diseñador, le gustaban el blanco, el negro, el azul, los colores españoles, por cierto, tenía otra “D”, se llamaba también Diego.

Distinto, “DDDD”, cuatro “des”, peleando en la metástasis hasta el final, ya ceniza en Marbella donde le van a tener, después de su paso por el Museo del Traje, donde había tanta obra suya. Era sobre todo bondad, dicen los que le conocieron de cerca, desde dentro. Buena gente, tenía resplandor, escondía incluso en lo que mostraba en sus modelos. Era profundamente español hasta conseguir, eso que se llama “un andaluz universal”. Era un perdedor vestido de ganador. Un raro brillo. La moda española hoy tiene ojeras. Se nos ha muerto un irrepetible, imposible ser como es.

Se nos fue Bimba y, poco después, el que fue -hombro con hombro- su compañero en el dolor, que es una forma de amor, indudable. ¡Qué lástima no haber podido usar aquel día, aquella tarde de vuelta, la máquina de fotos que nunca uso y que viaja conmigo en el telefonillo de compañía!

Adiós, joven maestro de acento andaluz, rondeño formidable. Ahora mismo, hasta ahora, no han dicho donde irán a parar tus cenizas, cuarenta y seis años, tan joven, en plena creación, maestro.

David siempre en la lucha contra Goliat, españolísimo, vanguardista, siempre mas allá que los demás, me faltaba una “D”, en las cuatro “des” de tu tatuaje vital.

Diego David Delfín.

Muchacho rebelde, tan humano, tan divino.

  • 10 junio 2017
    Querido maestro, viejo amigo y compañero, lector asiduo tuyo de estos blogs en hola, mi mas sincera felicitación por este merecidísimo premio de la Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo.
    Un fuerte abrazo de paco bartolomé

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