Emma Suárez, dos veces más Goya

Y además, ya tenía otro. Todos se los merece, esta niña, la dama del silencio, tan prudente tan prudente, silenciosa, misteriosa incluso a veces, de la que lo que sabemos, que no es mucho, es porque ella quiere que eso se sepa.

Tres eses juntas, como habrán comprobado. Incluso de nuevo, la actualidad manda en mí, este viejo reportero que es lo único que sigo siendo. Por eso, de nuevo en este blog que ya forma parte de mi vida, vuelvo a colgar el retrato de la pasada noche del sábado, de Emma Suárez, con sus dos Goyas, en la que es sin duda, aunque a muchos le pese, que ya saben cómo somos, la gran noche del cine español.

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Porque lo es. A mí me gustó, y no me duelen prendas el afirmarlo. Dani estuvo bien que no es fácil, porque es brillante, y actual, y porque nos hace reír, que buena falta que nos hace, no sólo por su talante sino por su talento, que no es lo mismo. Todo lo demás, sin querer empatar a los Oscar, que no es posible hacerlo, es imposible, pero fue una noche buena, después de la Nochevieja. Hubo gracia, y aunque a veces se derrama alguna lagrima política, pues vale, incluso aunque es lo que menos me gusto de Belén, que no tenía que hacer de Marianita Pineda, aparte de que estaba tan elegante con su inmensa rosa de seda al pecho. Elegancia, discrepancia, tolerancia y mucho tacón de aguja. Vale, pero a lo que voy, la Suárez, la mejor, sencilla y sin más abalorios, que la joya de su sonrisa, entre maternal y agradecida.

Emma es una criatura adorable. He contado más de una vez que antes la teníamos por mi barrio, que es el suyo, de Chamberí, y la veíamos a veces ir a la compra al súper, o a la panadería. A veces sola, a ratos con sus hijos o con alguno de sus dos maridos, y siempre nos gustaba mucho verla, porque siempre quería pasar desapercibida, como inadvertida con su cabello rubio, como descuidado, a veces bajo esa gorra grande que a mí tanto me gusta. Aire, de niña, de muchacha intelectual que tiene sin embargo que cumplir con sus deberes domésticos. Es madrileña, como saben. Y ya está en la hermosa edad para la mujer hermosa, de los cincuenta. El primer Goya que se llevó, merecido, fue hace años, tal vez mucho, cuando hizo el Perro del Hortelano, dirigida por la Miró, doña Pilar, a la que siempre quise mucho, ella lo sabía, y a la que llevé a la televisión española con una tarjeta de recomendación. Alguna vez lo recordábamos juntos. Ya entonces deslumbró, en su sencillez primero, y en su actitud después, porque hay que ser estrella en el trabajo y en la calle, cuando se apagan las luces en el plató, con acento en la o. Luego la vi en Vacas, de Medem, que en realidad fue su descubridor, y de ello se habla mucho estos días. Querida Emma, preciosa y precisa al mismo tiempo. ¿He dicho que era, que es madrileña?, yo pienso que eso es una noticia también, ya que a veces ocurre que han nacido entre los vecinos de la capitalidad, por que en general casi todos los descubrimientos han nacido lejos. Madrid es eso también, es acogedor y generoso. El padre de Emma, al que yo conocí, era y fue un hombre de cine, de escena, que enseñó queriendo y sin querer, muchísimo a su hija, que de segundo apellido se llama Boletis.

Estos días la llaman “la nueva chica Almodóvar”, y bueno, vale, lo que demuestra del olfato formidable del manchego universal. Yo he visto Julieta, aquí en casa que es la suya, ya saben, aunque las películas de cine hay que verlas en el cine, que tiene un aroma especial que el estudio de una casa por grande que sea la pantalla del internet. La otra noche, Emma, la del Goya digo, ella tuvo que salir dos veces, para el Goya de Almodóvar, que ha estado a punto de llamarla al Oscar, porque está fe-no-me-nal, y la otra de reparto, que se llevó ampliamente. Yo tenía preparado el título de esta crónica, de hoy, que podía ser ‘la tarde de la ira’, o ‘en la noche de la gloria’. Pero no.

También estuvo arriba el genio indiscutible del “Monstruo“, que demostró además que su director es el que más llora en escena. Lo que también demuestra un corazón agradecido. Veo que Emma, leo, mejor dicho, que la Suárez va a cumplir cincuenta y tres, insisto, y además, es madre de dos hijos, Ada y Juan. Es sencilla, aprende oyendo, leyendo, y esa noche dijo poco, pero bastante, suficiente, lo justo. “Hay que hacer cine”

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Y lo dedicó a sus hijos. Por cierto, que ha contado que no tiene televisión en casa aunque sí en la habitación de sus hijos. Lee mucho, le gusta la chimenea encendida y sobre todo, sobre todo, lo tiene bien claro. Hacerlo, y hacerlo bien, lo mejor posible, y sin exageraciones. Cuando se subió por primera vez a un teatro, recibió la lanzada de la verdadera vocación, el contacto directo con el público, la vocación de la escena, ‘cuando se escucha la respiración de quien está cerca’. Creo, me han dicho, que escribe muy bien, y cuando hace su papel en la serie de televisión, por difícil que sea, lo hace con la perfección de que ya tiene tres Oscar, perdón, tres  cabezones, sin que se le hayan subido a la cabeza, cosa que le ocurre al más pintado de su oficio. Yo ahora mismo, a voz pronto, sin papeles que consultar, que es lo que más me gusta en el mundo, aunque a veces me equivoco, la recuerdo en aquel papel inolvidable en la serie sobre la reina emérita doña Sofía, de Reina Federica, a la que también tuve el honor de conocer personalmente, cuando se escribieron sus memorias. Un papel difícil el de Emma, que hizo como todo lo que hace, en la eficacia y el rigor. Más de una vez ha contado que su héroe ha sido para ella su padre, que le enseñó, y por otro lado lo que ella ya traía en la masa de la sangre. Alguna vez, ha abierto el cofre cerrado de su pasado para insinuar. “Hubo un tiempo que viví en la oscuridad…”

Por eso ahora es un relámpago en la sombra. Te felicito niña Emma, en el abrazo, con que te recibió el genio Pedro, se vio bien claro que ya mismo, si es que ya no la tienes, y que no seas eso que se llama ya la leyenda urbana de “las chicas Almodóvar”, vas a ser lo que quieras. Pobre niña mía, te espera un tiempo de decir no, claro que sí, pero los tiempos de tormenta traen después el sol de la realidad, de tu futuro. Fuiste, al menos para este viejo druida, del que en su día fuiste, la fugitiva siempre vecina de su barrio madrileñísimo, lo mejor de esa noche, a inolvidable.almodovar-suarez1a-a

No vas a tener sitio en tu casa, sea donde sea, y con quién la compartas, para poner tantos premios. Aunque te contaré aquí entre nosotros, que un día me enviaron a París a entrevistar al Premio Nobel Miguel Ángel Asturias, tan guatemalteco y tan libre siempre como un quetzal, que es un ave que no puede vivir en la esclavitud, y cuando quise hacerle una foto junto al Sena, con su Premio Nobel en la mano, lo encontramos, que no sabía dónde lo tenía, en el cuarto de baño de su casa junto al inodoro. Lo que explica claramente que los premios que fueran le importaban más bien poco, aunque agradecía el que se los concedieran, “lo único que me importa es mi trabajo”. Como te pasa a ti, que lo que quieres es que nadie sepa nada de ti,  aunque a veces no haya más remedio, sólo que lo que tengas que hacer, cine, teatro, televisión, lo haces desde la profesionalidad y el compromiso.

He dicho. ¡Mira que si el año que viene, te vuelven a dar otro Goya, con lo que pesa en todos los sentidos!

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