El ‘La, la, la’ de Massiel

Ahora que tanto se habla, se escribe, de comenta, del La La Land, que en unos días -pocos- será noticia con la entrega de los Oscar, que por lo visto son ya cantados, me viene a la memoria, que es lo poco que me queda de aquellos tiempos, aquel otro La, La, La, que cantó Massiel, sí, nuestra Massiel, hace ya tantos años, que a pesar de tantos bien que recuerdo. Porque aquella noche España fue noticia, y buena noticia, que buena falta -por cierto- que nos hacía.

Fue aquella una noche grande, muy grande, que hizo que por lo menos pudiéramos sacar pecho, todos, pecho de lobo, en aquellos tiempos lejanos, en los que por otro lado ya estábamos empezando a conseguirlo.

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Yo la conocí cuando hacía la última página, diaria, en el periódico Pueblo, diario de la tarde, a nivel nacional. Ahí servidor iba sacando a la realidad, a veces descubriendo gente nueva, que llevaba en la frente la marca del éxito. Emilio González Loygorri,  que se dedicaba en el periódico -de enorme popularidad entonces- a llevar la página de espectáculos, la noche, donde siempre había mucho que contar, me dijo un día, sabiendo que yo trasnochaba lo menos posible:

– Quiero decirte que debes conocer a una chica de raíz asturiana, que canta que se rompe.

– ¿Flamenca? ¿Cupletista?

– No, moderna y rompedora, eso sí, con letras escritas por los mejores, que dicen cosas. Te va a interesar.

– Pero ya sabes, querido, que yo por la noche duermo.

– Te la presentaré de día.

Y así fue. Aquella criatura, ya con el puñal entre los dientes, en efecto venía mandando. Se le notaba en la mirada fiera, en la actitud, en la necesidad de combate. Era guapa, de la guapeza de entonces. Su padre era un hombre que conoció el mundo del espectáculo como representante de artistas, creo. Sí, era representante de estrellas. Un astrónomo, un astrólogo. Y se dio cuenta, supo pronto, más que nadie, porque la estrella la tenía en casa, que aquella niña a la que llamaban Massiel, prometía.

Y no se equivocó. Massiel cantó el La, La La, ¿recuerdan? Sobre todo los de mi quinta, en una noche memorable, acompañada por un trío formidable también, que hacía de coro y compás con brillantez y eficacia. Eran profesionales de las buenas.

España ganó en aquel festival, con aquella letra, que sin decir mucho lo que hacía valer era el estribillo.

“La la la laaaaaa”

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Se rompieron las premisas todas. Aquella morena, española, brillante, llenando el escenario, se alzó con la victoria. España vivió una noche inolvidable. Yo la recuerdo, sin necesidad de acudir a las fechas en las que soy un pregonado fracaso, como si la estuviera viviendo, en la tele, todavía en blanco y negro, en la que por otro lado servidor ya estaba trabajando.

Total, éxito a tope y merecido. España cantó el La, La, La hasta en la ducha, y desde luego en las listas de éxitos, al menos de Europa, fue la primera durante mucho tiempo.

La niña Massiel mantuvo en pie su actitud siempre desafiante, a la altura de su talento y también de su afición. Fue la más popular de su tiempo, recuerdo bien el día que mereció y recibió en el diario Pueblo el título de la popularidad, con todos los honores. Luego, su vida dio luces y sombras, en su amor, en la que a veces tenía suerte y a veces no, y sobre todo, en lo que era el arte que la llenaba y que ella repartía por donde fuera, no solo desde sus discos duros de entonces, yo tengo alguno firmado por ella, sino actuando en escenarios. Hizo incluso alguna película, porque además tenía una personalidad muy a la Magnani. Y se nos casó, y… Etc, etc.

Fue por entonces, si mal no recuerdo, cuando entrevistamos a un chaval que empezaba que se llamó Bruno Lomas, el leopardo de Valencia, con una voz moderna y arrebatadora, que sin embargo, no pudo cuajar, porque tuvo la mala suerte de “cuando los dioses mueren jóvenes” y como James Dean, perdió su vida en la carretera. Era además, un fenómeno en la moto. También conseguimos aquella entrevista, para mí extraordinaria, con aquel muchacho que vivía en Rosales, hijo de una madre bellísima, filipina, a la que yo admiré mucho, que se llamaba Luis Eduardo Aute, que por cierto mejora después del último susto a su corazón, que le obligó a viajar, y a regresar a la Habana, tratando de recuperar la gana de vivir perdida, que el corazón manda mucho sobre todo, cuando se escribe, se canta, se siente a todo corazón. Le quiero mucho y tengo de su perfil de pintor, por ejemplo, un hombre con sirena en la arena de la playa, o esa BB -Brigitte Bardot- con una rosa derecha en la mejilla, que además de impactante tiene mucho que decir. La francesa era entonces la estrella inabordable y él la pudo interpretar de forma magistral y profunda.

Eran los tiempos de la Massiel, que nunca supe del todo si había que escribirla con una o con dos eses. Pero lo que sí les puedo decir, que la he seguido, con su voz profunda, sabia de la fama como pocas, ahora que de cuando en cuando la veo en la tele, sobre todo para protestar de algo que no aguanta decir, que no está de acuerdo.

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Me gustaría mucho saber de ella porque ahora que se comenta del La La Land, que se nos viene encima de alguna manera y aprovechando la música de las palabras, se ha vuelto a recordar aquel estribillo, que al ser parte de un poema de Diland, colocó a España, al menos aquella noche, en el mapa de la noticia. Los datos, los números, las fechas, están al alcance de cualquiera con solo asomarse al internet ese.

Hoy solo escribo de la fuerza insoportable de los recuerdos. Y de paso, así a ver si sé lo que es de quella niña de entonces, que puso a este viejo país en el mapa, en el mapa de la buena noticia, por lo menos.

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