Tiempo de rebajas

Como todos los años en estas fechas, incluso más, no está la cosa para nada. O para casi nada. Por eso, toda la gente tiene tiempo y ganas todavía de soñar. Porque, como en la película inolvidable, soñar no cuesta nada. Y es verdad eso a lo que se refiere el refrán de “soñar con los ojos abiertos”, que es distinto de soñar con los ojos cerrados, pues en muchas ocasiones desemboca en pesadillas.

Pero, en fin… como siempre digo, que aquí me tienen. Quizás por el titular, que actualiza tantas cosas. He encontrado personal que me recuerda, que me han preguntado, que me han dicho… si es verdad lo que decía en el último del año pasado ya, si es verdad que me iba a tomar un año sabático – en mi caso concreto, y jugando con las palabras, “Sabático Medina” –, pero no puedo permitirlo, porque si dejo de escribir, la palmo. Que ya lo decía Pérez Reverte cuando un día dijo “Tico Medina sigue en esto, porque sabe que si para, palma”.

perez-reverte

Verdad como una catedral de grande. Por ejemplo, la catedral de Granada, que es la mía. Pero es lo que yo digo. Escribir es el boca a boca de mi existencia, así que aquí me tienen de nuevo para decirles algunas cosas, aunque con las prisas ya estén fuera del tiempo.

Este año, diecisiete, afirman algunos viejos papeles, puede ser el año del fin del mundo. Por lo visto, además de Nostradamus, que se pasó media vida haciendo predicciones (y claro, tantas hizo, que al final acertó algunas), por lo visto dijo que se acerca a una velocidad feroz un planeta imparable que nos puede dejar en los huesos. Eso sí, tenemos para intentar arreglarlo. Por lo menos avisar con telescopios gigantes, y en unos meses, a saber, la mala nueva sería en el diecisiete – que es en el que estamos – y además, aviso para como mucho después del verano, con lo cual menos mal que nos deja tiempo para pasar las vacaciones.

En fin, eso es lo malo, que en lo diario va a seguir el año de los sabores. Esto de la cocina en todos los medios… aunque lo que yo siento es que ¡nada como un huevo frito! Y en la cocina de la abuela, que es lo mejor, los sabores no olvidados. Lo que firma es la memoria.

Pero además, la Pedroche, que es uno de mis iconos, estrena programa. Suerte, bella.

cpedroche-programa

Y desde aquí, aprovecho para decirle a Terelu Campos, con la que tanto tiempo trabajé en la tele de Madrid, que por favor, se cuide, que la encuentro a veces como sin brújula. Y no porque vaya en su casa de la tele a un programa – Gran Hermano, creo – como cocinera, sino porque ella tiene personalidad suficiente y fuerza para ser como es, eso que se llama un icono nacional. Creo que vale más de lo que aparenta, aunque sea este el papel añadido que le exige la actualidad, la audiencia… ese monstruo al que todos nos debemos, y unos más que otros.

Servidor sacó – en la última audiencia del miércoles pasado en Canal Sur Radio, en el Aquí y ahora diario de Juan y Medio, que está mejor que nunca, y con la Carmen Pardo cerca, que es mi joven maestra – ni más ni menos que 18. Y lo digo con orgullo, mis leales, que sigo teniendo mi público – del que presumo -, como lo tengo aquí en este blog de inyección diaria y en vena a mi vida ya maltrecha… Este año haré los ochenta y tres, que ya es una edad, pero que continúa por la vida que me dan ustedes, mis blogueros. Dios les bendiga.

Luego pues ya han visto las cosas que pasan, que no son pocas. Que el frío nos hiela, a mí sobre todo. Que ya saben que el mundo se divide en dos mitades: los que sudan y los que tosen. Yo soy de los primeros. Recordando aquel día, en el que el Rey emérito – entonces el de verdad – y la Reina Sofía, que cada día me gusta más, me dijo en Paraguay: “Esto es lo que nos gusta, Tico Medina, esto. El calor, que es lo bueno. El frío para los que lo quieran”.

El Rey iba en camisa, hay foto. Y la reina siempre tan cercana, aunque a veces parezca distante, añadió divertida: “¡Pero si es que nunca se quita el chaleco!”

El chaleco, que es mi prenda de combate. He tenido no sé cuántos, incluso un día vi en la calle a un vagabundo vestido de vagabundo, en la Castellana, que llevaba un chaleco mío puesto, de los de cremalleras. Lo reconocí en seguida. Me había acompañado en guerras, bodas, catástrofes por todo el mundo. Mi esposa lo había regalado a la parroquia del barrio, porque hasta las cremalleras parecían cicatrices. Estaba roto, pero tenía su historia. El hombre de la barba, que lo llevaba, se paró en seco y me dijo: “Le advierto que desde que lo tengo, que me lo dieron no sé dónde, me siento con más ganas de caminar. Si quiere se lo vendo, bien barato”. No quise, me dio pena. Es más, le di creo que cien pesetas de las de entonces, porque fue antes de lo de Europa.

En fin… ¡tanto que contar! Así que, a ver cuánto aguanto. Ya han visto que ha vuelto el La la la aquel de la Eurovisión de hace tantos años a los Globos de Oro – a todo pasto para los que han hecho la nueva versión – aunque debo aclarar con urgencia que se trata de La la land, que es distinto. Una sola palabra para traerme a la memoria aquella noche en la que fuimos tan grandes con la música.

lalaland-gg

Eran otros tiempos. Aunque ahora con la música seguimos siendo también más grandes. Por ejemplo, este año se va a recordar mucho a Antonio González, el hijo de Lola y Antonio, ¿recuerdan? Le conocí y mucho, personalmente, pero esa es otra historia. Una historia rota, pero hermosa, sin duda. Como tantas otras que a nuestro alrededor ocurren, y que, de seguir así, les seguiré contando, porque si no lo cuento me lo llevo puesto. El cuento, digo.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer