Inés Sastre, con ese lunar que tienes ahí…

Es una vieja copla, Inés Sastre, a la que admiro tanto pero conozco personalmente, una desgracia, tan poco.

Ya sabes que la canción sigue, “con ese lunar que tienes ahí, cielito lindo, junto a la boca….”. Creo que es copla de mariachi, creo. Lo que sí sé es que sigue, “no se lo des a nadie, cielito lindo, que a mí me toca…”

O sea, un sueño. Porque se trata de un lunar único en un lugar único. No hay más que acercarse a ella, a una modesta distancia, y ver qué la copla le pertenece. Pero es que Inés Sastre, que hay quien dice que es un verdadero y bello desastre, es dama distante, quizá porque es distinta y permitan que juegue a las palabras, que tanto me gusta.

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Estos días Inés, juro por mi escaso honor que precisamente servidor iba a escribir de ella, había sido noticia porque, además de no retratarse con su último amor, por ahora, ya que es una muy buena coleccionista de corazones, de pronto se viene a publicar que en su día estuvo muy cerca del entonces príncipe don Felipe, hoy rey de las Españas. Tanto es así, que se cuenta que quizá, además de “buen rollo” existió un romance que se inició en la Costa Brava, en el curso de una película. Más aún, se dan nombres y apellidos, y además quién lo desvela no es ni más ni menos que una excepcional periodista, Pilar Eyre, que de esto y de casi todo sabe mucho. Y además es periodista de fiar. Debo contar inmediatamente que su padre que fue un gran  pintor, hizo un retrato a mi esposa extraordinario, que conservamos en un lugar de honor en mi casa, que es la suya.

Punto y aparte.

Inés es, como saben de Valladolid, y es por lo tanto una dama de la Castilla la Vieja, donde las mujeres tienen fama de ser, además de bellas, valientes y cultas. Que es su caso, porque Inés, cuya madre se llama Candela, como su hermana, es además conocedora de los secretos del arte, ha estudiado en la Sorbona, y más aún, la carrera de filología, creo que francesa. Habla tres, cuatro idiomas, y por teléfono, cuyo número tienen muy pocas personas, incluso a un servidor de ustedes le hubiera gustado que se lo hubieran puesto en los zapatos sus majestades. La primera vez, quizá la única, que estuve cerca de ella bien que la recuerdo. Fue en Costa Rica, bajo la lluvia, cuando rodaba con Carlos Saura aquella película grandiosa, El Dorado, en la que hacía de damita, hija de aquel personaje increíble que se llamó Lope de Aguirre, y del que se hizo otra película titulada La Cólera de Dios.

Estaba aquella niña, bellísima, y ya tenía maneras de muy buena actriz, disciplinada e inteligente. Otro día, Alan García también me contó de ella como compañera de trabajo. O sea, actriz de cine sí, pero que asegura “que puede vivir la vida que quiere gracias, sin embargo, a lo que es, una bella modelo”. En la pasarela y frente al espejo, representando a grandes firmas de la belleza del mundo entero como por ejemplo Lancôme. Por dar una marca tan solo.

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Su corazón se mantiene, por lo que ella misma dice, vivo, en soledad, permitida, quizá deseada. En la esplendorosa edad de los cuarenta y cinco años más o menos.

Inés lleva ya en su vida, a la que se sigue mucho, siempre frecuentando lugares formidables, no sé cuántos amores más o menos conocidos, y a veces incluso reconocidos. Muchas veces le han dicho “te amo”, bien es verdad, pero ella ha dicho muy pocas “te quiero”, que es mucho más honda y mejor. Es fuerte, como mujer que pertenece a una geografía especial, leo de una madre, que, por ejemplo, escribió en su día un libro sobre el Museo del Prado, que no es fácil de encontrar. Todo en ella se conjuga y se reúne, y la hace además morena de la copla. Valiente y casi inexpugnable. A veces ¡HOLA! la entrevista en profundidad, es una pena que no me haya dado a mí esa oportunidad, aunque en esto soy un becario, siempre esperando a pesar de mi edad insostenible. Fuma, con la elegancia y el misterio de una espía de película de James Bond, y que el entonces príncipe estuviera cerca de su corazón, la hace más grande sin género de dudas.

Aguanta un bikini, un pataky y un primer plano, con naturalidad, incluso saliendo del agua de la mar, que es ciertamente un largo momento peligroso. Pero también es, por su buen corazón y su actitud solidaria hacia los niños de todo el mundo, embajadora oficial de la UNICEF en todo el planeta. No me importaría poder comprobar, solo, eso sí, en la cercanía de una conversación, la indudable belleza de ese punto azul sobre sus labios, sobre todo teniendo en cuenta que soy un coleccionista de lunares, por ejemplo, los tengo como el de Estrellita Castro, que era semifalso, no así su caracolillo sobre la frente que era auténtico, o el lunar oculto, aquel que ocultaba el cáncer de Lola Flores, o…

En fin… los sueños de una noche de verano, de un náufrago como yo, en esta isla sola de mi memoria.

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