Adiós Bimba, adiós

En Julio escribimos de ella desde esta misma página nuestra, cuando Bimba rompió a decir en alta voz, valiente y sin cerrar su sonrisa, lo del cáncer que la habitaba. Ya entonces incluso fue más allá y pronunció esa palabra terrible, ese sello implacable: ‘tengo metástasis’.

Sí, así lo dijo Bimba, de la que hoy no tengo más remedio que escribir. Porque ya todo el mundo lo sabía, menos ella, que sabiéndolo, aseguró que estaba en la lista negra de los que se van para no volver.

Bimba Bosé, nuestra BB, se nos ha ido del todo, pero mirando a la vida sin dejar de sonreír. Igual ya a estas horas – después del Ramón y Cajal y del tanatorio, donde tantos fueron a estar cerca, más allá de los que han llenado el mundo informático – cuando se ha dicho su verdadero nombre, Eleanora; su apellido de casada, Postigo… Sus dos hijas, la mayor con una carta estremecedora, en la que ha dicho: ‘No lloréis a mi madre. Ella no os lo agradecería. A mi madre lo que le gustaba era la sonrisa. Estaba llena de alegría que siempre quiso compartir con los demás.’

A veces la veía en el AVE. Los dos veníamos del sur. Yo de Sevilla, quizás de córdoba, o desde luego de Granada. Y ella, siempre siempre, venía del aire de Cádiz. De Sotogrande, donde a veces envuelta en esa especie elegante de pareo túnica india, se encontraba con otro genio sentenciado de por vida, David Delfín, su compañero, a veces el hombro de hombre quebrado, sobre el que se apoyaba de vuelta de la playa, siempre con esa palidez de porcelana, sobre la que quizás había derramado el sol su admiración.

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Porque Bimba sabía hacerlo bien todo en su arte. Modelo en pasarela, cantante… Cuando cantaba, tan alta, compartiendo galería, aplauso, gloria – efímera, pero gloria – o cuando subió al escenario para cantar con su tío Miguel Bosé, el Papito, que también ha tenido un telegrama inolvidable: ‘Guíame’.

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Al final de su vida, uno setenta y cuatro de estatura, tan parecida a su tío abuelo Luis Miguel – del que estuve tan cerca tantas veces, y que al final aprendió a rezar el rosario en la Finca de la Virgen de la Sierra – porque a veces se me parecía Bimba Bosé al heredero de dos castas de toreros, cuando para cubrir el sueño de alguno de sus hijos, lo hacía con un capote de luces que le había regalado con su firma, el propio don Pablo Picasso. ¡Cuánta raza reunida en esta criatura que se nos ha ido a los 41 años! Cuánta sangre dentro de tantas leyendas, y sobre todo, cómo coinciden los que la conocieron… Tan distinta, aunque quizás a ratos pareciera distante, era tan valerosa, tan optimista, positiva tota, sembrando gracia por donde pasaba…

Con casi medio cuerpo tatuado: espalda, brazos, alguna carta marcada, llena de símbolos. Bailarina, bailaora, cantaora, lilas de papel escritas… Le mando de mi parte y de la suya, mis lectoras de todo el mundo, que la conocieron, primero la admiraron y después la deben llorar aunque sea con las lágrimas amargas de la pena. Va a quedar Bimba Bosé como un ejemplo a seguir, y no sólo por la fuerza de su propia vida, sino por el ejemplo de su joven muerte.  No volveré a encontrarme con ella yendo o viniendo del sur, que le gustaba tanto.

Rossy de Palma, esa bellísima niña fea a la que tanto admiro – que fue su compañera de cuarto durante mucho tiempo, compartiendo noche y día – en la breve nota que ha mandado al aire de nuestros medios, la recuerda, la llora y le da las gracias, porque siempre dio optimismo, vida, esperanza y solidaridad.

Me faltan las palabras, no quiero contar de su niñez, de su cultura de la sangre, que existe, que nace con ella, que forma parte de su ADN. Era una guerra de la doble pelea de su existencia. Vivir y sobrevivir al mismo tiempo. Nos iremos enterando de más cosas secretas, de aquella que ya es memoria. Buscaremos discos en los que cantó, sola y acompañada. Veremos ahora durante unos días sus retratos de familia, sus primeros pasos por el mundo de la farsa, donde ella siempre fue verdadera.

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Adiós Bimba, con el secreto escrito de tu tatuaje en la nuca, tus largas manos de pianista, tu cabeza desnuda, cubierta con el sabor de la pelea que te hacía más bella todavía… Te vamos a echar mucho de menos. Pero todos. Hemos recibido antes de tu naufragio total un mensaje de botella que nos mandaste a lo largo de cuando, de pronto un día, los supimos todos. Nos va a servir de mucho, no solo a los que sufren tu mal, sino a los que dormimos al otro lado de la almohada de los que lo tienen todavía. Te queremos, Bimba, que por lo visto en italiano quiere decir ‘Bienvenida’.

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