20 años ya sin Diana

La recuerdo con un golpe de tristeza aquel día que bajando las escaleras – en España – estaba espléndida, dorada, sonriente, con aquella sonrisa suya única y elegante, algo tímida, como Cenicienta aún con los dos zapatos puestos, que cuenta el cuento… y ya casi en el ultimo escalón antes de llegar al hall, con aquella turba de fotógrafos, cámaras, contadores de historias – servidor entre ellos – y con aquella voz suya, de niña sorprendida, preguntó en inglés, ‘¿ha venido HOLA?’

diana2

Que nadie me lo cuente porque yo estaba allí, por HOLA precisamente. Parecía frágil, pero era fuerte. Tenía un punto de ojera, no me atrevería yo a decir, de ‘mal amada’; pero sí guardaba bajo su aspecto de princesa de cuento – que es lo que era – un silencio, un secreto, tenía el misterio de su propia vida dentro.

Otro día, tiempo de después, acudimos a Londres los de la casa HOLA, para estar con los Príncipes de Gales. Hay fotos de aquel día, inolvidable, bajo la carpa que multiplicaba el escaso sol de la campiña. Hablamos, y en un momento, don Eduardo padre, entonces el capitán del barco, nos la presentó. Guardo el documento gráfico como si fuera una foto de familia. Ella, resplandece entre todos los demás, como un lirio (perdón en la cursilería) en un bosque de ornitorrincos. De nuevo me volvió a dar la misma impresión. Luego, volví a tenerla, no tan cerca, en muchas otras ocasiones, en las ruedas de prensa – aquellas en la lejanía del sur, cuando aquel balcón de la Costa del Sol dio tanto que hablar -, e incluso en algún otro atardecer en Mallorca, cuando vino de invitada por los Reyes de España a pasar unos días de mar y de sol. Siempre, siempre, me dio la sensación de que quizá parecía por fuera una figura de Lladró, de porcelana, fácil de romper, pero que guardaba dentro un corazón de acero.

Siempre me gustó, aunque, perdón Princesa, no era mi tipo. La vi bailar, aquel día del ballet, amargo, cuando hizo de cisne con valor, y al mismo tiempo, como si rompiera un cinturón, que la escondía. Demostró su alma inconforme, de artista. Siempre me gustó, más que por lo que hacía, a veces por valiente, por lo que ocultaba, lo que callaba, lo que escondía…

Desde luego era una niña única. No era feliz, una princesa desgraciada. Tanto es así, que en alguna ocasión escribí sobre ella, (incluso creo que en algún post anterior) y creo que la llamé la Princesa de Males, jugando con las palabras, como siempre, que es a lo único que puedo jugar a estas alturas de mi vida.

Así que aunque no hubiera ocurrido lo de aquella noche tremenda, que detuvo por unos instantes el corazón del planeta – en aquel túnel, por el que cuando voy a París no me gusta pasar porque me da un vuelco el viejo corazón -, la princesa (que no pudo ser reina, pienso siempre), hoy, veinte años después, seguiría esperando a que la quisieran. Y me siento un poco más triste, porque Diana llegó a ser reina, en todo el mundo, coronada por la sangre del recuerdo. Y siempre ha sido así, hasta ahora, hasta hoy mismo, que la volvemos a poner en pie. Incluso se ha vuelto a decir, y se ha escrito mucho de ello, que no murió aquella noche, ni mucho menos, y no sólo en la melancolía; sino porque escapó de esa forma de lo que era su verdadero martirio, el no poder vivir su vida de una vez y para siempre, quizá en la lejanísima Nueva Zelanda, que se ha convertido en el lugar deseado donde los fugitivos de sí mismos, se encuentran en la distancia.

guillermo-diana

El príncipe Carlos de Inglaterra, heredero de la corona, ha mantenido como siempre una actitud elegante, equilibrada… y aunque jamás derramó una lágrima, al menos de cara a la calle, que lo observa y lo vigila con el microscopio de la última verdad. Pero uno de los hijos de Diana, que habrá de ser sin duda el Rey de su pueblo, ha querido que la fecha fuera más que un puñado de editoriales, de historias otra vez, de flores de papel… y han deseado que el recuerdo de su madre fuera intenso, cercano y verdadero. Y de esta manera han creado, no sólo una fecha concreta, sino todo un año de celebración y de recuerdo en homenaje a su madre, y a su presencia.

diana

Hay una foto inolvidable que guardo en la que aquella Diana, única, atravesaba con un detector de bombas, en la mano, valiente, con su chaleco de protección, el corazón al aire, un campo de minas, peligroso, a vida o a muerte en la que tantos niños del exótico lugar jugaban bajo el sol ardiente, entre campos de arroz. Por eso hoy aquí, esta página recuerda y hace homenaje a la que todos amamos un día, y que muchas de las veces que huía se refugiaba en España.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer