Querido burro

Aquí entre nosotros, la verdad es que somos muchos repartidos por el mundo entero, entre otros, mi nieta Lola Medina, que está en Texas por un año y que escribe, que ya verán ustedes, gloria bendita. Lo de “querido burro” de hoy podría referirse, sin duda, a alguno de los que habitan nuestro famoso poeta humano de la efímera gloria, y espero que no se enfaden los burros de cuatro patas, pero lo cierto es que hoy, puesto que estamos en el tiempo que estamos y yo juego claramente al belén -al portal, quiero decir- deseo escribir unas líneas de ese personaje impar que florece en nuestra tradición navideña y que es el burro, el asno. Creo que también se puede decir el pollino, pero a mí me gusta lo de burro, entre otras razones porque soy de pueblo, como he dicho tantas veces, y las que me quedan.

Amo, sí, sí, amo, o mejor, más en mi idioma diario, habitual, quiero al burro, casi casi como un hermanito distinto. Para empezar forma parte de lo que es mi paisaje inicial, mis raíces. En un burro me monté por primera vez, en un cuadrúpedo, hace digamos que casi setenta y cinco años. Me lanzó por las orejas, era un burro de los últimos que quedaban en la llamada cuadra de mi abuela Concha, aquella mujer única que murió con los ojos secos, de tanto llorar, a los noventa años. Teníamos pocos caballos, quizá una yegua, aquella colicorta de la casa que montaba mi tío Manuel, y que entraba con él en la taberna, eso sí, detrás y desmontado. El borrico de casa, sin nombre, moriría Dios sabe cómo, Dios sabe cuándo. Pero se nos fue. Ya estarán sus nietos, todavía en liza. Porque es un animal necesario, rumiante, que aunque calle parece que habla, como decía aquel gitano a la hora de vender a su compañero, “lo quiero como un hijo y además, no protesta nunca” decía. O mejor dicho, protestaba pero a su manera.

reina-burro

Todos los años, todos, y casi todos los meses del año, Pascual Rovira, de Rute, personaje universal sin duda, presidente de la fundación del Asno, que tiene gran proyección en el mundo entero, se encarga de avisarme de que aquel burrito, que un día apadrine, con un chorrito de aguardiente de rute,  ha tenido tal o cual ceremonia, a su manera, con alguna otra criatura hembra de su especie y condición. Y así, se por ejemplo que mi burrito, que me parece que le pusimos de nombre Arriero, contrajo nupcias con una borriquita, que a su vez era hija de aquella que un día amadrinó la Infanta doña Sofía de Borbón. Debo decir, con urgencia, que continuó casi devotamente, fielmente, el árbol genealógico de esta familia simpática, que debe ser un olivo, porque ningún árbol pega mejor y más, y que además debía ser el nuestro en las navidades, porque no hay más que leer los libros sagrados para saber que es el mejor en todos los aspectos. Diría yo, que más nuestro.

Es por esa razón, mis leales y devotos blogueros, que debo un interés a la especie, aparte de que es de lo primero en colocar en nuestro portal que todos los años ponemos, ya lo hemos hecho este, aquel bellísimo portal que nos regaló en su día, Bibi Samaranch, la esposa del que fue jefe del deporte mundial durante tantos años.

Aparte de la importancia del burrito que junto al buey, en lo animal, más ilumina la cuadra donde la familia de María y José, llegaron un día de nieve, etc, etc…

Les debo decir que es Pascual Rovira, el cordobés universal, el que más se ocupa y se preocupa del mundo del borrico, yo le llamo entre nosotros ‘el señor de los asnillos‘, jugando a las palabras como siempre, porque es el que más sabe y ama el tema del que tratamos. Ese animal sencillo, humilde. Incluso se dice en los libros sagrados que Caín acabó con su hermano Abel, con una quijada de asno, o sea, que ya estaba en pie en el tiempo del primer jardín del edén, del que se tiene noticia, aun con la manzana envenenada en juego.

A la Reina doña Sofía, me niego a llamarla emérita, porque sigue siendo mi reina, además de doña Letizia, claro, a la que conozco menos pero que sé que nos lee de vez en cuando, le gustan mucho, sobre todos los animales, que adora el reino animal, el asno, y creo que hasta en su día acudió con un helicóptero a este lugar hermoso, bellísimo, todos los días visitado donde está la Fundación de mi amigo Pascual Rovira, el que quiero tanto y él lo sabe y que todos los años, todos, al menos hasta ahora, me envía una caja de dulces de su tierra por la Navidad, cosa que yo  disfrutaba ya en casa de mis padres, hace tanto tiempo, tanto, que cuando llegaban los polvorones, por ejemplo, de Rute y los mazapanes, el sabor, que es una forma del amor como siempre digo, había llegado a casa, quizá antes de las figuras del belén, que habíamos adquirido, en la Plaza de Bibrambla de Granada, donde también se compraban los pavos, si es que había dinero en la hucha, que luego había que llevar a mano por media Granada con una caña de dirección hasta casa, Moral de la Magdalena doce, segundo, donde uno ya escribía versos desde aquel primer diente de leche. Palabra.

reina-burro-2

En fin, que a la Reina doña Sofía, madre y abuela, le encantaban los borricos, tanto es así que alguna vez se le ha retratado encima de uno de ellos, no sé en qué lugar de Grecia, donde forman parte del paisaje, incluso como vehículos necesarios para trepar hasta las cúpulas azules, por ejemplo de Mikonos, donde por cierto, aún vive aquel viejo pelícano, súper famosísimo, que solo se dejabaretratar con los turistas de paso, si es que le daban en mano, en pico, un pescado a ser posible fresco.

Está también, como no, la historia literaria del burrito Platero, aquel que creó, o no, recreó mejor dicho, con acento en la o, el premio Nobel Juan Ramón Jiménez, al que yo vi decir adiós en aquella sala del hospital de Río Piedras, de Puerto Rico, donde agonizaba, cosa que he contado ya tantas veces.

Es como lo de la figura del don Quijote y Sancho que hay en la plaza mayor del hermoso pueblo, ciudad más bien dicho, de Alcázar de san Juan, corazón de la mancha, que no hay más que mirar al mapa, figura del escultor Marino Amaya, en la que yo posé, no para el burro de Sancho , quién pudiera, sino para Sancho Panza, personaje tan importante sin el que no habría sido posible la figura gigantesca de don Alonso Quijano, el Quijote, que es sin duda el más universal de las leyendas vivas de España y de lo español.

Bueno, pues Sancho soy yo en lo físico en esa figura tantas veces retratada en ese lugar inolvidable donde yo tuve hasta un molino que se llamó así, rucio creo, y el borrico, pues Dios sabe que habrá sido de él, el pobre. Lo que si les puedo advertir es que hoy más le parezco, solo en lo físico claro, al flaco viejo, desgreñado, medio loco don Quijote, dada la mi provecta edad y mi conocimiento.

Por si fuera poco, podría contarles en tal día como hoy,de este blog, que hoy mismo he podido comprobar la vivencia constante, eterna, del borrico, como ese que lleva lo último que queda de una casa en ruinas en Alepo, ciudad a la que recuerdo tanto. Un niño va subido en él llevando un reloj grande entre las manos, y entre los también supervivientes, su padre, su madre, los sirios, asustados y llorosos. Otra estampa de los refugiados de hoy, como fueron en su día de ayer, hace dos mil años más o menos, aquel matrimonio que con la madre preñada del hijo de Dios, escapaban de  la espada de la guerra que destruía pueblos, familias, vidas, buscando un sitio donde guarecerse.

burro

La historia se repite y el burrito aparece, y acaban de llegar los humildes pero ricos presentes del señor de los burros, Pascual, que además se llama así, Pascual, como la Pascua. Me cuenta que ayer estuvieron los japoneses para hacerle un reportaje para la televisión en color, y que hace unos días estuvo, creo que ha sido, Antonio Banderas para saber de la fundación, que más que humana es casi divina. A ver si les puedo dar noticia, de cómo  le va a mi borrico, que envejece al mismo tiempo que yo, quizá menos, y que me gustaría tanto intentarlo, en su día, antes de llegar yo, no se él, a los noventa. Porque es lo que decía mi buen amigo de entonces, el pintor sueco Aroldo, que siempre iba por los caminos de la mancha, vivía en la cuesta del Potro en Toledo, encima de un burro, con un caballete para pintar y una buena bota de vino manchego de la Solana.

-¿Y por qué en burro, maestro Aroldo?

Y me respondió.

-Porque el burro va siempre despacio, y da tiempo de ver el paisaje que pinto, ya que el  asno es todo ventanilla.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer